viernes, 3 de abril de 2026

“¿Quién crees que eres?”

 

Por Bethany Hicks

Identidad profética: Las dos preguntas más importantes en el Reino de Dios

Necesitamos plantearlo bíblicamente, porque es un valor enorme que todos compartimos en “Prophetic Company y Elijah Force”. Amamos a Jesús y a su Palabra. Una de las cosas que enseñamos sobre esto, es que las dos preguntas más importantes del Reino de Dios se encuentran en Mateo 16:15–18.

En este pasaje Jesús camina con sus discípulos y les pregunta: “Oigan, ya saben, otros dicen esto de mí. ¿Quién dicen ustedes que soy?”. La respuesta de Pedro es muy conocida: “Tú eres el Cristo. Eres el Mesías. Eres el Hijo del Dios viviente”. Y Jesús le respondió: “Bendito eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo revelaron carne y sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Entonces Jesús dice: “Y te digo que eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no la vencerán”.

Entonces, las dos preguntas más importantes en el Reino de Dios son:

Uno: ¿quién dices que es Cristo? 

Dos: ¿quién dice Él que eres?

Una vez más, la primera pregunta habla de la identidad de Cristo: “Quién es Él para ti”. La segunda pregunta es: “¿Quién dice Él que soy?”. Nos gusta decirlo así: “La respuesta a la primera pregunta te lleva al Cielo. La respuesta a la segunda pregunta te hace entrar al Cielo”. La segunda pregunta habla de nuestra identidad celestial: “¿Quién dice Él que soy?”.

¿Qué es la identidad celestial?

Entonces, ¿qué es la identidad celestial? Oímos mucho hablar sobre esto y hay muchas palabras de moda sobre la identidad. ¿Qué significa eso? Para nuestro propósito, solo quiero definir la identidad celestial simplemente como “quién dice Dios que somos” (quién dice Jesús que eres). Esa es tu identidad celestial. Ese es tu yo más auténtico. Es lo que quedaría si pudieras eliminar todas las cajas internas, las expectativas de los demás, las opiniones de los hombres y las mentiras en las que creemos. Si pudieras despojarte de todo eso y luego calibrar completamente la verdad, esa sería tu identidad celestial. Y creo que cada uno de nosotros anhela saberlo.

Todo el mundo quiere saber quiénes deben ser, quiénes son y también a qué fueron llamados. Incluso me gusta decir que tu identidad celestial es la persona que siempre fuiste, porque es quien el Señor ya sabe que eres. Y nosotros en la tierra estamos descubriendo, desentrañando y desplegando “lo que el Cielo dice que somos”. Así que, los nombres son una de las formas más destacadas de descubrir quiénes dice el Cielo que somos. Esto es realmente importante, porque creo que la gente a veces puede asumir: “¿Por qué importa esto?”. Pero la verdad es que, si alguien tiene una percepción errónea de su identidad, “afectará a su realidad futura”.

Lo que creas sobre tu identidad, determinará tu realidad futura

Pienso en los israelitas (un gran ejemplo) mientras estaban en el desierto, ¿verdad? Y en realidad fue cuando iban a cruzar originalmente y tomar posesión de la Tierra Prometida. Todos conocemos la historia. La Escritura dice que los doce espías salieron y volvieron. Josué y Caleb dieron un buen informe, pero los diez espías malvados entregaron un informe negativo.

Ahora, me pareció interesante que tanto los dos espías buenos como los diez espías malvados, dijeron haber visto lo mismo: “La tierra fluye de leche y miel. La cosecha es enorme” (ver Números 13:27). Incluso decían que había gigantes en la tierra. Pero Josué y Caleb dijeron: “Hay gigantes, pero nuestro Dios es más grande” (ver Números 13:28–30).

¿Recuerdas qué dijeron los diez espías? Decían: “Sí, hay gigantes, y éramos como saltamontes a nuestros propios ojos” (ver Números 13:33). Esa fue una declaración de identidad. Esa fue una percepción de su identidad. Y sabemos qué ocurrió con esa percepción. Todos los israelitas eligieron creer ese informe negativo y alinearse para estar de acuerdo con esa identidad falsa. Como resultado, toda una generación quedó fuera de la Tierra Prometida. Entonces, “lo que crees sobre tu identidad te promoverá hacia tu destino o te hará renunciar a él”.

Siempre oigo a la gente decir: “Bueno, no importa lo que piense de mi identidad, solo importa lo que Dios dice”. Y esa es una verdad a medias. Sí, importa lo que dice Dios. Pero si no crees en quién dice Dios que eres, esa verdad no encontrará un lugar donde aterrizar...

La mentira de la timidez

Me recuerda cuando mi hija mayor era una niña pequeña. Solía llevarla al supermercado y cosas así. Vivíamos en un pueblo pequeño de montaña y nos encontrábamos con amigos míos. Yo le decía: “Faith, ¿puedes saludar a fulanita?”. Ponía cara de apestosa, gruñía y apartaba la cabeza de una manera bastante grosera. Me di cuenta de que era una niña pequeña en ese momento. No tenía ningún problema con que mis hijos no fueran perfectos, pero sabía que había algo más con ella. Así que, hablaba con ella en privado y le decía: “Hola, Faith, cariño. Cuando mamá te presenta, ¿qué pasa? ¿Por qué pones esa cara?”.

Me dijo: “Bueno, me da vergüenza, mamá. Me da vergüenza”. Ahora creo que ser tímida es una mentira del pozo del infierno. No verás fruto del espíritu de la timidez en las Escrituras. De hecho, conozco y tengo amigos que vivieron bajo la “mentira de la timidez” durante décadas de su vida. En realidad, la timidez tiene sus raíces en el miedo y la intimidación.

Superar la mentira con la verdad

Como madre no podía permitir que mi hija viviera bajo esa identidad falsa. Es como una mentalidad de saltamontes. Es una lente de saltamontes (la mentira de la timidez). No podemos simplemente desplazar la mentira o decirle que desaparezca. En realidad, tenemos que reemplazarla por la verdad. Y entonces le decía: “Cariño, no eres tímida. Tienes al León de la tribu de Judá viviendo dentro de ti y Él ruge a través de ti”. Y seguiría diciendo la verdad acerca de su identidad celestial en lugar de ella. Yo seguiría reforzando eso.

Creo que unos seis meses después, empecé a notar un cambio en ella cuando salíamos y saludaba a la gente. Pero la vi superar esa mentira de la timidez. Tengo que decirte que hoy, de mis tres hijos, ella es muy valiente y osada. Incluso trabaja como gerente en una cafetería, que es un trabajo muy social y fue la primera persona en recibir el premio de empleada del mes. La gente la quiere porque no tiene miedo.

¡Deja que su verdad te impulse hacia tu destino!

Te dije que tengo amigos que literalmente habían quedado paralizados en su propósito y su destino, porque creían que eran tímidos. Les impedía adentrarse en la plenitud de lo que el Cielo realmente decía que eran. Así que, una vez más, lo que creas sobre tu identidad te promoverá hacia tu destino o te hará renunciar a el...

Solo quiero animarte, si estuviste viviendo bajo la mentira de la timidez y no sabías que era una mentira, solo quiero declararte ahora mismo que tienes al León de la tribu de Judá viviendo dentro de ti y Él está rugiendo. Y solo te bendigo para que empieces a declarar la verdad de que el León de Judá vive dentro de ti, que la timidez ya no es tu identidad, porque la timidez no es tu herencia. Hay una diferencia entre ser callado y ser tímido. No pasa nada. No estamos hablando de ser más silenciosos. Estamos hablando de ser tímido, cuya raíz es la intimidación.

Ahora mismo tengo un amigo que sí logró superarla y me encantan algunos de sus testimonios. Pero lo que hace ahora cuando ve a un grupo de personas con las que no se siente calificado para estar y tiene amigos en ese grupo que son líderes, simplemente se pone de pie en ese grupo. La gente dice: “¿Quieres decir algo?”. Él responde: “No, me quedo aquí. Estoy aquí. Aquí es donde se supone que debo estar”. No va a retroceder.

Para algunos de ustedes puede que haya algunos pequeños pasos para avanzar y romper esa mentira de timidez. Pero una vez más... ese miedo e intimidación vienen porque el diablo quiere frenarnos. No teme nada más que a los hijos e hijas de Dios que saben quiénes son realmente en la tierra.

Bethany Hicks

(www.elijahlist.com)

“Pascua: ¡Se quebró la maldición!”

 

Por Candice Smithyman

Semana de la Pasión 2026: Una invitación divina

Esta semana es un momento muy especial y sagrado, porque la “Semana de la Pasión” en el calendario cristiano, coincide con el inicio de la Pascua en el calendario hebreo. No es casualidad, es una invitación divina. Creo sinceramente que el Señor está llamando a su pueblo a desacelerarse, a descansar y a entrar en el “Shabat” con Él.

Esto no solo implica un descanso físico, sino una quietud espiritual en la que dejamos de esforzarnos, para volver a alinearnos con quienes somos en Cristo. Es una semana de consagración antes de cruzar a una nueva estación, porque Dios te está adelantando. Te está posicionando para lo que viene después, pero antes de que puedas entrar en ello, debe haber una preparación. 

En el calendario hebreo, esta vez comenzaba con el 14 de Nisán, conocido como el “Día de la Preparación”, el día cuando Jesús fue crucificado (Marcos 15:42–43). Al atardecer del 1 de abril, entramos en el 15 de Nisán, que es la Pascua o Pesaj, la “Fiesta del pan ácimo”. Se cree ampliamente que la resurrección de Jesús ocurrió el 17 de Nisán, que este año será el sábado 4 de abril. Aunque el calendario cristiano puede celebrar el “Viernes santo” y el “Domingo de resurrección” en días ligeramente diferentes, el significado espiritual sigue siendo el mismo. Todo este periodo es una ventana para la oración, el ayuno, la reflexión y la renovación. Es un momento para permitir que Dios te revele niveles más profundos de tu identidad y tu llamado al entrar en este nuevo año.

El fundamento de la Pascua

Cuando miramos el fundamento de la Pascua en las Escrituras, vemos claramente expuestas las instrucciones de Dios:

Éxodo 12:16–17: “El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua”.

Dios instruyó a los israelitas para que sacrificaran un cordero inmaculado y poner su sangre en los dinteles de sus puertas, para que el ángel de la muerte pasara sobre ellos. Esto no era solo una cuestión de protección, sino de liberación. Marcó el comienzo del éxodo de la esclavitud hacia su libertad. La Pascua judía es una ordenanza duradera que debe practicarse como recordatorio para las generaciones venideras. El propio Jesús practicó la Pascua judía (Lucas 22:8).

Jesús es el cumplimiento

Aquí es donde debemos entender que Jesús es el cumplimiento de esa historia. Él es el Cordero de la Pascua. Su sangre no solo fue derramada por un pueblo, sino por toda la humanidad. Así como la sangre en los marcos de las puertas traía protección, su sangre ahora nos cubre, nos redime y nos libera del pecado, de la muerte y de la tumba. La cruz se convirtió en ese marco de la puerta y a través de ella nos llevamos a la victoria. Las Escrituras confirman que llevó la maldición sobre sí mismo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13).

Pero esto es lo que el Señor realmente estuvo diciendo: “Muchos creyentes siguen viviendo como si estuvieran bajo una maldición que ya fue quebrada”. Cuando Adán y Eva cayeron en el huerto, el pecado, la separación y la maldición entraron en el mundo.

Génesis 3:16–19: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Pero cuando Jesús murió en la cruz, asumió esa maldición sobre sí mismo y quebró su poder. Sin embargo, muchos siguen viviendo con miedo, ansiedad, carencia, vergüenza, esfuerzo y fractura, porque no entraron completamente en la realidad de lo que Él hizo. Esta semana es una oportunidad para cambiar tu perspectiva. Debes empezar a ver tu vida a través de la obra consumada de Cristo y no a través de tus circunstancias. Te redimió de la maldición de la ley y de la maldición de la caída del hombre.

Soportó por el gozo que tenía por delante

Hebreos dice que Jesús soportó la cruz por el gozo de lo que recibiría: “… puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Esto significa que vio algo más grande que el sufrimiento. Mientras el mundo veía vergüenza y derrota, Él veía la restauración. Te vio reunirte con el Padre. Vio tu libertad, tu sanidad y tu redención. La cruz no fue una derrota, fue la victoria. Fue el momento cuando todo cambió, por eso ahora tienes acceso a vivir en libertad.

Por su sacrificio se rasgó el velo y el acceso a Dios fue restaurado: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10:19). Ya no necesitas esforzarte por alcanzar a Dios, puedes entrar con valentía en su presencia purificado y completo. Es la liberación del nuevo orden eterno del Reino en la tierra. Estamos llamados a salir adelante, sin que la maldición nos pueda frenar.

Una temporada de avance espiritual y purificación

Esta también es una temporada de avance espiritual. Dios está entregando nuevos mantos, nuevas asignaciones y una revelación fresca. Muchos de ustedes ya recibieron sueños, visiones, confirmaciones y oportunidades que los están guiando hacia el próximo nivel. Pero no pueden entrar en ese lugar con la misma mentalidad. Tienen que pensar de forma diferente, ver de otra manera y madurar espiritualmente. Están pasando de gloria en gloria, y eso requiere una transformación. Por eso esta semana también se trata de limpieza.

Durante la “Fiesta del pan ácimo”, la levadura representa el pecado, la corrupción y cualquier cosa que contamine. El Señor te llama a quitar la levadura de tu vida. Eso significa dejar atrás la falta de perdón, la amargura, el resentimiento, el miedo y los hábitos destructivos. Significa mirar de verdad lo que hay en tu corazón e incluso en tu hogar, para pedirle al Señor que lo limpie. Algunos tienen que arreglar cosas con la gente. Algunos necesitan perdonar y dejar ir las cosas a las que se aferran. No pueden llevarse a la nueva temporada lo que pertenece al tiempo pasado.

A menudo no es Dios quien te frena, son las cuestiones sin resolver que siguen ligadas a tu vida. Cuando te arrepientes y entregas esas cosas, el enemigo pierde el control y entras en la libertad. El arrepentimiento no es un castigo, es liberación. Es la puerta de entrada hacia tu próximo nivel. Cuando te humillas ante Dios, las cosas empiezan a cambiar rápidamente.

Para quienes aún no hicieron de Jesús el Señor de sus vidas, este es el momento para hacerlo. La salvación es el verdadero cruce. Es salir de la oscuridad para entrar en la luz y salir de la esclavitud para entrar en la promesa. A través de Cristo recibes perdón, sanidad y restauración, y comienzas una vida completamente nueva en Él. Simplemente haz una oración, ¡pídele perdón a Dios y dile que te arrepientes de tus pecados para caminar en una vida nueva!

Romanos 10:9–11: “… que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado”.

Un tiempo de sanidad, restauración y generosidad. Este también es un tiempo donde Dios avanza en la sanidad y la restauración. Creo sinceramente que, a medida que las personas se rindan y vuelvan a alinearse con Él esta semana, ocurrirá la sanidad “física, emocional y en las relaciones”. Se restaurarán las relaciones, se levantarán las enfermedades y se romperán cadenas. Hay una gracia especial en esta temporada para la plenitud. 

La Pascua judía también es un tiempo para dar. Las Escrituras nos enseñan: “Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre. Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado” (Deuteronomio 16:15–17).

Esto no es una obligación, se trata de alineación. En este pasaje Dios habla de su propio deseo de bendecirte y elevarte en todas las obras de tus manos. Ven hacia Él en fe, como un acto de adoración que te prepare para recibir lo que Dios prometió.

Siete bendiciones relacionadas con esta temporada

Hay manifestaciones de la bendición relacionadas con esta estación y con nuestra obediencia que no podemos ignorar. El Señor declara siete manifestaciones de su bendición en Éxodo 23:20–32:

1. Dios le asignará un ángel a su pueblo.

2. Dios será enemigo de los enemigos de su pueblo.

3. Dios le dará prosperidad a su pueblo.

4. Dios quitará la enfermedad de su pueblo.

5. Dios le dará una vida plena a su pueblo.

6. Dios traerá aumento y herencia.

7. Dios nos dará un año especial de bendición.

Estas promesas del pacto son tuyas: “protección divina, provisión, sanidad, vida plena, aumento y victoria sobre la oposición”. Algunos solo necesitan escuchar hoy que vivirán y no morirán, ¡y que Dios tiene bendiciones especiales para ustedes! Este es tu momento para cruzar hacia una nueva temporada. Esta es tu semana para “descansar, limpiar, realinear y recibir”. Fuiste apartado, ungido y nombrado. La maldición ya se quebró. Este es el momento para dar un paso pleno hacia tu siguiente nivel, caminando con libertad, autoridad y propósito a través de la obra consumada de Jesucristo.

Candice Smithyman

(www.elijahlist.com)