lunes, 28 de septiembre de 2009

En mi desesperación, me encontré gritándole descaradamente a mi Jefe, el Dueño de todas las cosas: “¡Quiero más dinero!”

 

Por Bill Yount

clip_image002“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” (Hebreos 4:16)

La palabra confiadamente en el verso anterior significa: “abiertamente, con franqueza, con brusquedad, hacerlo público”. De hecho, este mensaje puede ser demasiado franco como para imprimirlo.

Desde hace un tiempo, la frustración comenzó a crecer dentro de mí respecto a la necesidad de recibir más finanzas para mi familia y ministerio. Parecía como que era probado mientras una frustración divina sobrecogía mi vida. Oré y le pedí al Señor por finanzas que cubrieran mis necesidades, pero parecía que los Cielos eran de bronce. Busqué dentro de mi corazón aunque esta frustración siguió creciendo dentro de mí. Un pensamiento atravesó mi mente y mi espíritu: “Quiero irme a cualquier lugar donde no haya nadie, como un campo abierto, y mirar al Cielo para gritarle a Dios con desesperación por mis frustraciones financieras”.

Al principio rechacé el pensamiento por creer que era irreverente gritarle así al Señor. Lo desechaba sólo para que volviera una y otra vez. Más tarde me encontraba en un viaje ministerial donde una hermana anciana en el Señor, vino hacia mí para decirme: “Creo que tengo una palabra para usted”. Le dije: “¿Cuál es?”. Me respondió: “¡Santo grito!”. Y ella dijo: “Sé que no tiene sentido”. Le respondí de inmediato: “¡Tiene todo el sentido para mí! Gracias”.

“¡Sea audaz durante todo el camino hacia el Trono de la Gracia!”

Volviendo a casa, seguía excitado al pensar que Dios me permitiría soltar mi frustración con un “¡grito santo!” hacia el Cielo. Pero ahora me daba cuenta que quizá el Espíritu Santo en mí quería liberarme de la frustración, permitiéndole gritar a través de mí y por mí. Comencé a darme cuenta que no le estaba gritando mi frustración a Dios, sino que le estaba gritando a Él.

Primero, para ser libre de la frustración.

Segundo, para permitirle a Dios saber que después de 35 años de servirlo, nunca le pedí un aumento del sueldo…hasta allí.

No porque lo mereciera, pero creo que en Isaías dice “ven, razonemos juntos…”. Eso suena como algo con lo que Dios puede ser razonable.

Como de todos modos Él sabía lo que había en mi corazón, ¿Le importaría si lo colocara en palabras y aún atreverme a gritarlas? ¿Qué podía perder? Por lo menos mi frustración tendría una vía de escape y finalmente podría ser libre de ella. Y como fui ante el trono de la gracia con decisión para recibir misericordia en el tiempo de necesidad, ¿por qué temer? Antes de juzgarme y decir: “Bill, ¿quién te crees que eres para pensar que puedes actuar con tanto atrevimiento?”. Confieso que es muy atrevido y tengo algunas reservas acerca de ello, ¡pero Hebreos nos dice que debemos ser atrevidos para presentarnos ante el Trono de la gracia!

No le estaba gritando a Dios, sino ante Él, mientras el Espíritu Santo clamaba a través de mí, ¡liberándome de mi frustración divina!

Finalmente, una mañana me quebranté delante del Señor, confesando mis pecados y defectos. “Señor, ¡ten misericordia de mí que soy un pecador!”. Aprendí que antes que hubiera una apertura en los Cielos, debe haber un quebrantamiento delante del Señor y un clamor por su misericordia y su gracia en nuestro tiempo de necesidad. Aunque estaba muy quebrantado delante del Señor, esa frustración santa parecía continuar dentro de mí, esperando por su liberación. Esa misma mañana después de llevar a mi hijo a la escuela, estaba oyendo la radio y sonaba una canción con un grito de desesperación ante el Señor. Me recordó Lucas 18, donde al hombre ciego le dijeron que Jesús estaba pasando y clamó ante Él por misericordia.

“Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!” (Lucas 18:39)

Creo que ese grito todavía se oye por todo el mundo en cada nación donde se lee la Biblia.

“Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran…” (Lucas 18:40)

Sentí que ese era mi momento. Continué conduciendo hacia las ferias de nuestra ciudad, donde no había nadie a las 8,30 am. Conduje hacia allí y salí de mi auto. Esperé hasta que algunas personas dejaron el area. Pude ver un par de obreros caminando por el otro lado del terreno y pensé que por la hora vendrían hacia mí cuando me oyeran gritar, podía quedarme en el auto y volver a casa.

Pero salí de mi auto y miré hacia el Cielo para gritar con todas mis fuerzas: “¡Quiero más dinero! ¡Quiero más dinero!”

Primero vino sobre mi vida un gran temor por lo que Dios pudiera hacerme, pero luego sentí una liberación que barría mi alma. Conduje hasta casa. A las 12:00 am, un hermano golpeó a mi puerta y me trajo $23. Dos horas más tarde llegó el cartero. En el buzón de mensajes encontramos cheques por el valor de $1700. ¡La mayor cantidad de dinero que recibimos en un sólo día en nuestros treinta y cinco años de ministerio! Y no había ministrado en ningún sitio ese día… ¡excepto ante el Señor! Obtuve su misericordia y encontré su gracia, ¡Él recibió mi grito desesperado de frustración! Al día siguiente llegaron más de $700 por correo. Y comenzó un avivamiento financiero desde ese día. Con dos gritos, ¡el Cielo se abrió sobre nuestras finanzas y mi frustración desapareció!

El Espíritu Santo nos libera de maneras únicas e inusuales

No pienso comenzar un ministerio que le grite al Cielo. Quizá no vuelva a funcionar sobre mi vida. Quizá tampoco funcione sobre la suya. Pero creo que en esta hora el Espíritu Santo está incubando sobre su Cuerpo para liberarnos de la depresión, la ansiedad y las frustraciones de una manera única e inusual, mientras nos rendimos a su dirección. Escudriñe las Escrituras y vea cuántas veces el pueblo de Dios clamó en voz alta y fueron oídos por su clamor.

Recuerde cuando sus hijos eran pequeños y sólo lloriqueaban un poco, pero comenzaban a gritar porque había algo que los molestaba. ¿Usted corría hacia donde se encontraban para responder a su llamado? Creo que nuestro Padre Celestial actúa de la misma manera. ¡Jesús mismo fue oído debido a su clamor hacia su Padre!

“En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte y fue escuchado por su reverente sumisión” (Hebreos 5:7)

“... ¡Griten con fuerte voz, profundidades de la tierra!...” (Isaías 44:23)

Los Cielos esperan oírlo.

Bill Yount

“Un tiempo Kairos: Atraviésalo con fuerza, tu única limitación es el nivel que deseas cosechar”

Por Chad Taylor

clip_image002¿Qué es un tiempo Kairos?

Kairos es una antigua palabra griega que significa “momento justo u oportuno” o “tiempo de Dios”. Los antiguos griegos tenían dos palabras para definir el tiempo: cronos y kairos. Mientras el cronos se refiere al tiempo cronológico o secuencial, kairos significa “un tiempo intermedio” o un periodo indeterminado de tiempo donde ocurre algo significativo o especial. Una definición explica: “Un tiempo breve cuando aparece una apertura a través de la cual debemos pasar con fuerza si queremos alcanzar el éxito”. Un momento kairos no sólo es un momento soberano más allá de nuestro alcance o control; por el contrario, es un momento en el tiempo y la historia que se debe pesar y aprovechar para tomar acciones inmediatas.

En los tiempos del Antiguo Testamento hubo descendientes de Jacob que epitomizaron esto:

“De Isacar: doscientos jefes y todos sus parientes bajo sus órdenes. Eran hombres expertos en el conocimiento de los tiempos, que sabían lo que Israel tenía que hacer…” (1 Crónicas 12:32)

Jesús identificó un momento kairos cuando oró sobre Jerusalén, porque desafortunadamente habían fallado en ver o discernir su tiempo. “Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo: ¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos… porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte” (Lucas 19:41-44). Fallaron en ver y pesar su momento kairos.

¿Cómo podemos ver y pesar nuestro momento Kairos?

¿Cuántas veces hay un momento kairos escondido ante nuestros ojos? La pregunta más importante sería qué cosas ocultan nuestros momentos kairos. Pablo experimentó un momento kairos, aunque había escamas sobre sus ojos mientras Ananías oraba por él. Esto podría ser visto como un tiempo kairos para toda la Iglesia, mientras el Señor convertía a su mayor oponente y lo hacía su mayor exponente. Ananías sabía esto y fue en oración y obediencia.

Los momentos kairos se revelan a través de la oración y en completa obediencia. Una no puede completar el momento kairos sin la otra. A menudo podemos enredarnos en el pensamiento que la oración por sí sola puede llevar un momento kairos hacia su plenitud, o que las acciones o el activismo pueden hacer lo mismo. Vemos estas dos dinámicas en acción en otro momento kairos:

“Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, se dirigió entonces al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y el hombre se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud se llenó de temor y glorificó a Dios por haber dado tal autoridad a los mortales” (Mateo 9:6-8)

La oración y la declaración de fe pusieron de pie al hombre paralítico activando su momento kairos, pero no se completó hasta que “se levantó y se fue a su casa”. Como puede ver, los momentos kairos necesitan oración seguida de acción. En Hechos 1 y 2 todos estaban “de acuerdo y en oración”, pero también “iban por todas partes predicando la palabra” (Hechos 8:4). El actual momento kairos que sostiene a todo el mundo sobre una balanza, tiene por un lado a la oración y en el otro a las acciones personales. Debe avanzar y establecer acciones visibles y viables para su inspiración. El resultado será el mismo que obtuvieron en los tiempos bíblicos.

En la concordancia Strong, kairos también significa “un tiempo establecido o apropiado: una ocasión fijada o especial, oportunidad o temporada debida. Una temporada o espacio de oportunidad individual”.

“Ese día en que el Señor entregó a los amorreos en manos de los israelitas, Josué le dijo al Señor en presencia de todo el pueblo: Sol, detente en Gabaón, luna, párate sobre Ajalón. El sol se detuvo y la luna se paró, hasta que Israel se vengó de sus adversarios. Esto está escrito en el libro de Jaser. Y, en efecto, el sol se detuvo en el cenit y no se movió de allí por casi un día entero” (Josué 10:12-13)

En un momento kairos, el tiempo no afecta los resultados divinos. En esta “temporada o espacio de oportunidad individual” para Josué, todo el universo retuvo la respiración hasta que ganó la batalla. Cuando se para en un momento kairos, todo opera a su favor, limpiando la ruta delante de usted. El problema es que muchos no disciernen su estación u oportunidad y, como Jerusalén, pierden el día de su visitación. Ciudades y regiones enteras se mantienen en un decaimiento espiritual, sin darse cuenta que el tiempo y la estación de su visitación es este mismo. Debemos reforzar notablemente la oración y las acciones personales hasta que se cumpla la voluntad de Dios.

¡Atrape el momento y avance!

Veamos otro momento kairos en Mateo 27. En un momento kairos, el Cielo y la tierra pueden chocar en un cruce donde convergen ambos mundos. Las líneas que dividen lo temporal y lo invisible es borrosa, y diferenciarlas puede ser imposible. Vea en Mateo 27, versos 50-53, para tener una vista panorámica del momento kairos:

“Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu. En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos”.

Recuerde, es un momento o un “instante de apertura pasajero a través del cual debemos avanzar con decisión si queremos alcanzar el éxito”. Cuando el mayor momento kairos de la historia sacudió al mundo como un tren a toda velocidad, el velo se rasgó en dos, la tierra tembló y las tumbas se abrieron para que salieran los muertos resucitados. Mientras nos acercamos a muchos momentos kairos más en nuestra vida personal y como Cuerpo de Cristo, también debemos “atravesarlos con decisión”, en otras palabras, atrapar el momento y avanzar. Cuando Jesús les dijo a sus discípulos, “la cosecha es grande”, les estaba revelando el momento kairos que se manifestaría desde allí en adelante. Es una cosecha producida por la profecía que debemos alcanzar. Esta cosecha profética que Jesús declara en Juan 4 es profunda:

“¿No dicen ustedes: Todavía faltan cuatro meses para la cosecha? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura; ya el segador recibe su salario y recoge el fruto para vida eterna. Ahora tanto el sembrador como el segador se alegran juntos” (Juan 4:35-36)

El momento kairos para la cosecha que Jesús declaró es ahora. No es más tarde, es ahora. Ese momento kairos está esperando por una generación de cristianos que conozcan su potencial y se den cuenta que estamos en “un tiempo intermedio” entre la partida y el regreso de Jesús. Finalmente, la recolección de esta cosecha profética determinará su culminación.

“Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

¿Puede imaginarse a toda una generación de la Iglesia poniéndose de acuerdo en un momento kairos, saltando muros de doctrinas predeterminadas y predicando el evangelio a todas las naciones? Indudablemente estaríamos “esperando ansiosamente la venida del día de Dios…” (2 Pedro 3:12).

Señor, ¡hazme tu cosechador!

¿Puede llegar a la conclusión asombrosa que ahora mismo usted es un cosechador y un precursor de su cosecha de almas sobre la tierra? ¿Renunciaría a sus derechos y ambiciones para decir como Isaías: ‘Heme aquí, envíame a mí’? Ahora mismo puede calificar como uno de esos “obreros” que Jesús describió como pocos comparado con el tamaño de la cosecha que debían enfrentar. Puede apresurar la venida de Jesús en este tiempo orando ahora mismo: “Señor, hazme tu cosechador. Hazme tu sacrificio viviente…”.

La cosecha lo está esperando justo detrás de su puerta, su única limitación es cuánto desea cosechar. Como estos grandes misioneros antes de usted, entréguese con vivacidad y por completo, las recompensas eternas pesarán mucho más que los inconvenientes que debamos atravesar ahora mismo. ¡Vaya! ¿Qué tiene que perder? Ahora, ¡vea todo lo que tiene para ganar!

Chad Taylor