Por Steve Backlund
Mentiras:
Bloqueadores de las aperturas
El avance rara vez se ve bloqueado por una rebelión evidente. Normalmente está limitado por conclusiones razonables. Las mentiras más peligrosas no se ven como malvadas, se perciben inteligentes. Se manifiestan como estos pensamientos:
• “Solo soy
realista”.
• “No nos
adelantemos”.
• “No quiero
volver a sentirme decepcionado”.
• “Así soy yo”.
• “Solo estoy siendo humilde”.
Ninguna de esas afirmaciones suena rebelde. Suenan maduras. Una mentira lógica es una conclusión que tiene sentido para la mente natural, pero contradice lo que dijo Dios. Suena sabio y se siente responsable, pero en silencio baja las expectativas. Y como suena inteligente, rara vez las desafiamos. Muchas de nuestras limitaciones mayores no provienen de la negatividad, sino desde un acuerdo sutil con los pensamientos que contradicen lo que es posible.
Cuatro mentiras lógicas que
creen las personas inteligentes
Expondré cuatro mentiras lógicas que silenciosamente reducen la fe, reducen el gozo y limitan los avances.
1. Las mentiras lógicas se sienten responsables:
• “Solo estoy
siendo realista”.
• “Tenemos que
mirar los hechos”.
• “Esa es la situación”.
Los hechos no son el problema. El problema surge cuando los hechos se convierten en la máxima autoridad para determinar cómo pensamos y qué elegimos hacer.
2 Corintios 5:7: “… porque por fe andamos, no por vista…”. La fe no niega la realidad, simplemente se niega a dejar que tenga la última palabra. La lógica dice: “Esto es imposible”. La fe dice: “Con Dios, todo es posible”. Cuando reducimos nuestro pensamiento a lo que podemos medir o predecir, limitamos nuestra capacidad para avanzar. La responsabilidad se convierte en una excusa para la limitación. A veces lo que llamamos sabiduría, es simplemente estar de acuerdo solo con lo que podemos ver.
Preguntémonos: “¿Estamos siendo realistas o estamos de acuerdo con un techo?”.
2. Las mentiras lógicas se basan en las
experiencias pasadas
• “Antes no
funcionaba”.
• “Así soy yo”.
• “Así es la cultura aquí”.
Usamos los resultados de ayer para predecir las posibilidades de mañana, pero Dios no está limitado por nuestra historia. El pasado no tiene el poder para bloquearnos, pero las conclusiones basadas en el pasado sí. Isaías 43:18–19: “No os acordéis de las cosas pasadas… He aquí que yo hago cosa nueva…”.
La decepción pasada puede convertirse en un sistema de creencias silenciosas. El fracaso puede convertirse en una identidad. La historia puede convertirse en destino. Pero las experiencias pasadas se supone que sean puntos de referencia, no son profecías.
Tuve momentos cuando dije “solo estoy siendo realista”. Pero lo que quería decir es “no quiero volver a decepcionarme”. Un avance requiere el valor para creer que esta vez puede ser diferente. La verdadera pregunta no es “¿qué pasó antes?”, sino “¿qué está diciendo Dios ahora?”.
3. Las mentiras lógicas nos protegen de la
decepción
Después de ser herido o desanimado, algo por dentro te dice: “No nos adelantemos”. Reducimos la visión para evitar el dolor. Bajamos las expectativas para evitar desengaños. Parece sensato y se siente seguro, pero la seguridad puede convertirse en un techo para nuestro potencial. Efesios 3:20: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”.
Si reducimos lo que pedimos y lo que creemos posible, limitamos lo que nos posicionamos para recibir. Proteger nuestro corazón de la decepción también puede impedir un avance repentino. Antes no quería escuchar a los predicadores esperanzados por miedo a volver a decepcionarme. Entonces me di cuenta de que hay dos formas de vivir:
1) Una vida sin esperanza y sin decepciones
2) Una vida llena de esperanza con decepciones ocasionales
La segunda opción es ciertamente arriesgada,
pero es una puerta de entrada hacia las posibilidades inimaginables. La
esperanza no es ingenua, es valiente y se atreve a volver a creer. Se atreve a
esperar otra vez. Y cuando elegimos la esperanza después de la decepción,
declaramos que la experiencia no tiene la última palabra, sino Dios.
4. Mentiras lógicas disfrazadas de humildad
• “Solo estoy
siendo humilde”.
• “No tengo lo que
hace falta”.
• “Alguien más podría hacerlo mejor”.
Lo llamamos humildad, pero a menudo es un acuerdo con la insuficiencia, en lugar de un acuerdo con la gracia. Romanos 12:3: “… no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura…”.
El pensamiento sobrio es el correcto. La verdadera humildad no es pensar menos acerca de uno mismo, es pensar en concordancia con lo que dice Dios. Si Él dice que estás llamado, equipado y empoderado, entonces estar de acuerdo con tu pensamiento pequeño no es humildad, “es lógica fuera de lugar”. La falsa humildad nos protege de la visibilidad, pero también nos guarda del impacto. No honramos a Dios creyendo que somos incapaces, lo hacemos confiando en la gracia que opera en nuestra vida.
El verdadero peligro
Estas mentiras no nos hacen rebeldes, nos vuelven pasivos. No nos hacen huir de Dios, nos llevan a esperar menos de Él. Reducen la expectativa, reducen la audacia y silenciosamente reducen el gozo. Romanos 15:13: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”.
El gozo y la esperanza prueban lo que creemos. Las personas inteligentes no suelen caer en las mentiras evidentes, “caen en las mentiras lógicas”.
En conclusión, antes de estar de acuerdo con un pensamiento, debes preguntarte: “¿Esto coincide con lo que dice Dios?”.
No todas las conclusiones razonables merecen nuestro acuerdo. La fe no es ilógica, “simplemente responde a una lógica superior”. El avance no comienza cuando cambian las circunstancias. “Comienza cuando cambia el acuerdo”. Y comienza en el momento cuando nos negamos a permitir que la lógica marque nuestro techo.
Steve
Backlund

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