lunes, 2 de febrero de 2009

“Su diestra de justicia”

 

Por Francis Frangipane

clip_image002El juego de la vida

Sueño del 21/12/2008:

“Me encontraba en un aeropuerto esperando para abordar un vuelo retrasado, cuando un grupo de hombres me invitó a jugar naipes. Sin embargo, en la vida real me sentiría muy incómodo jugando cartas por dinero. En el sueño no sólo me unía a ellos, ¡ganaba la mayoría de las manos! De hecho, había acumulado cientos de dólares en pocos minutos. En respuesta a ello los demás jugadores comenzaron a maquinar en mi contra. A pesar de esto, repetidamente seguía en la cima. Aún cuando perdía algunas manos, volvía a ganar mucho más en las siguientes y así cubría mis pérdidas ocasionales”.

“Un amigo mío, que es un hombre de Dios, me vio y me reprendió por jugar. Comprendí su preocupación, pero el juego cobraba una dimensión profética y jugarlo me parecía correcto. El hecho era que, no importara cuáles fueran las cartas que tuviera o cuál fuera la maquinación de los demás jugadores en mi contra; ¡siempre ganaba! Por supuesto, no podía jugar presuntuosamente; debía seguir las reglas y jugar de verdad. Pero pronto me di cuenta que la diferencia entre mis esfuerzos insuficientes y mi éxito asombroso era Dios. El Señor estaba de mi lado, trabajando detrás de la escena y ayudándome a surgir del juego como un campeón”.

Interpretación:

En primer lugar, este no era un sueño donde Dios me ayudaba a jugar naipes. Fue una parábola acerca de ganar en el juego de la vida. Pude ver que aún cuando las cartas estaban marcadas en mi contra, Dios estaba conmigo y así prosperaba inevitablemente. También pude ver que cuando nuestra fe está viva, tenemos confianza: “el barómetro de nuestra fe”. Dios quiere que confiemos en Él, sin importar cuales sean nuestras circunstancias en la vida.

Como puede ver, demasiados de nosotros estamos agobiados con las dudas. Amigos, esto es vital porque nuestro mundo está bautizado con temor y es altamente contagioso. Muchos son tan cautelosos que no se mueven espiritualmente. Viven con un elevado estándar moral, pero más allá de eso, no tienen metas que alcanzar porque no tienen visión. Aún así, en medio de este aumento del temor el Señor desea que incrementemos nuestra confianza. Recuerde, no hablo de arrogancia, sino de confianza. Hebreos dice: “Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada” (Hebreos 10:35).

Para la gente de fe, este es un día lleno de oportunidades. La gente hace preguntas y los campos están listos para la cosecha. Son tiempos cuando el temor hará fallar el corazón de los hombres, “…pero los que conozcan a su Dios se le opondrán con firmeza” (Daniel 11:32). ¡Dios quiere que confíe!

Los vencedores

Como puede ver, hay una diferencia entre conocer doctrinalmente que Dios es por nosotros y creer que el Altísimo está a nuestra diestra. Veamos la promesa del Señor:

“Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (Isaías 41:10).

Si confiamos genuinamente en Él, caminamos en humildad y perseveramos en fe, ganaremos la mano, sin importar cuál sea la circunstancia o la conspiración en contra nuestra.

Alguien puede argumentar: “Francis, eres un iluso. Nadie puede ganar todo el tiempo”.

El principio por el cual Dios está con nosotros, donde finalmente ganamos si no perdemos la fe, es una verdad declarada repetidamente a lo largo de toda la Biblia. Pablo escribió: “Sin embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento” (2 Corintios 2:14). Subraye las palabras “siempre” y “por todas partes”. Recuerde, Pablo escribió 2 Corintios estando prisionero (Capítulo 1). Aún así, en ese mismo contexto dijo: “Dios siempre nos lleva de triunfo en triunfo”.

Cuando le conté el sueño a mi esposa, dijo que estuvo estudiando Romanos 8:28. Este verso dice: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”. En la medida que inclinemos nuestro corazón simplemente a amar a Dios, ¡podremos discernirlo operando en nosotros, a través de nosotros, delante de nosotros y a pesar de nosotros! De hecho, mientras recordaba mi vida, encontré que ninguna de las armas forjadas en mi contra prosperaron (Isaías 54). El Señor siempre me guió hacia el triunfo.

Con esto no quiero implicar que nunca fallé o que mis errores son pocos y raros. Fallo a menudo, casi a diario. Hubo momentos donde tuve que pelear por mi vida y otros donde la pelea llevó meses o hasta años. Aún así, Dios siempre estuvo allí; está a mi diestra para limpiarme, restaurarme y llenarme de poder, sin importar cuál sea el desafío. Puedo decir: “Ninguna arma forjada contra mí prosperó”.

Aún en tiempos de duelo, el Señor nunca nos abandona. El salmista escribió: “Cuando pasa por el valle de las Lágrimas lo convierte en región de manantiales, también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle” (Salmo 84:6). Finalmente, aún la muerte misma será “sorbida en victoria” (1 Corintios 15:54).

Amados, cuando Dios es la fuente de nuestra prosperidad, nunca podremos ser defraudados por el hombre. El que roba nuestro dinero, nunca podrá obtener nuestra riqueza. Mientras la economía del mundo decae y se multiplican los desafíos de la vida; debemos reenfocarnos: “¡Nuestra gran riqueza es Dios mismo!”. No importa las cartas con las que debamos tratar. Nos promete: “¡Te sostendré con mi mano derecha!”.

Francis Frangipane

jueves, 29 de enero de 2009

“¿Ya recibiste los bienes de Dios para el 2009?”

 

Por Al Thomas

clip_image002En Hechos 8 encontramos la historia de Simón el mago. Felipe descendió desde Jerusalén, predicando el Evangelio con señales y maravillas (versos 5-7). Simón también creyó, pero aparentemente no comprendió bien porque después que Pedro y Juan se manifestaron, viendo que la gente era llena del Espíritu Santo, se impresionó tanto que les ofreció dinero a los apóstoles para recibir el poder para hacer esto (verso 18).

Quiero que vea esto: Simón había practicado la magia (verso 9), manipulando a la gente con sus obras de oscuridad, era el candidato ideal para conocer la diferencia entre lo verdadero y lo falso, cuál es el poder que cambia verdaderamente a la gente y cuál el que simplemente la manipula. Conocía cuáles eran las buenas obras por haber tratado profesionalmente con las tinieblas. Ahora había entrado en contacto con el poder real y se había enamorado tanto de él que quería comprarlo. Desde ya que fue severamente reprendido y confrontado para arrepentirse (verso 22).

Este es el punto que la Iglesia necesita ver: Simón reconocía lo real. ¿Y usted? ¿Puede discernir a la gente en su círculo de influencia para poder ministrarlas efectivamente? ¿Tiene con qué? En Marcos 2:1-12 vemos cuatro clases de personas en la Iglesia. ¿Puede ministrar efectivamente a cada una de ellas?

Los hambrientos

Marcos 2:2: “Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a la puerta mientras él les predicaba la palabra”. Los hambrientos atestaron esa casa, porque todos querían ver a Jesús. El Maestro dijo: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mateo 5:6).

¿Tiene hambre o está satisfecho en el lugar donde está con Dios? ¿Quiere más? Esta clase de persona nunca está satisfecha. No están infelices o descontentos; simplemente quieren más del Padre. Rechazan alcanzar un cierto nivel y quedarse allí, cómodos y formando parte del promedio. La gente promedio se conforma con el lugar donde están y no desean profundizar en las cosas celestiales. Pero la persona hambrienta, aunque mantienen sus pies sobre la tierra, tienen un corazón que busca más de Él.

David dijo: “Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo” (Salmo 27:4). Pablo dijo: “Una cosa hago…” (Filipenses 3:13). Dwight L. Moody dijo: “Dame un hombre que diga ‘una cosa hago’, y no uno que diga ‘chapoteo en cincuenta cosas’”.

¿Están hablando de usted? ¿Es una persona hambrienta?

Los obstaculizadores

Marcos 2:6: “Estaban sentados allí algunos maestros de la ley que pensaban…”.

Hay muchas maneras en las que podemos ser obstaculizadores. Cuando razonamos carnalmente en nuestro corazón, se puede ver por lo que hablamos con nuestra boca. Proverbios 26:20 dice: “Sin leña se apaga el fuego; sin chismes se acaba el pleito”. Todos nosotros ocasionalmente necesitamos frenar o enmudecer nuestra lengua (Santiago 1:26). Henry Beecher dijo: “El que ama las flores, hallará flores y el que ama la cizaña, hallará cizaña”.

¿Nunca se dio cuenta que nada interrumpe más rápido una conversación que la llegada de la persona de la cual se está hablando? El secreto de una lengua llena de gracia no es el auto control, sino entregarle el control a Cristo. Aquel de quien se describen estas palabras como llenas de gracia (Lucas 4:22), también dijo: “…Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará” (Mateo 12:36-37).

¿Están hablando de usted? ¿Es un obstaculizador?

Los desvalidos

Marcos 2:3 dice: “…Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico”.

Puede verlos en la Iglesia: los desvalidos. No estoy hablando sólo de lo físico, también a nivel emocional. Algunas son personas de alto mantenimiento. A veces nos preguntamos si alguna vez se acercarán y comenzarán a crecer. Aquí tenga cuidado. Nunca renuncie al cambio en la gente. ¿Recuerda cómo era usted antes de venir a Cristo? ¿Recuerda cuando no respondió al amor de Cristo y cuando resistió su toque? ¿No está feliz que Dios no haya renunciado a usted?

Muchas personas se afligen porque están apresuradas, pero Dios no se apresura. Qué terrible es cuando queremos que otras personas se apresuren y crezcan (o mejoren) etc., pero nosotros no mostramos los mismos estándares. Sea paciente con los desvalidos. (Todos somos desvalidos de una manera u otra, ¿lo sabía?). Judas 22 dice: “A algunos que dudan, convencedlos”.

¿Están hablando de usted? ¿Es un desvalido? Si es así, Dios le dará gracia para aquellos que están en necesidad (Hebreos 4:16).

Los colaboradores

Marcos 2:3-5 dice: “Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados”.

Es importante notar que la palabra “ellos” se menciona cinco veces en estos versos. Ellos son los cuatro colaboradores que cargaron al desvalido hacia donde estaba Jesús. También note lo que dice en el verso 5: “Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados”. ¡Estos cuatro fueron los responsables por la sanidad de su amigo!

¿Está involucrado en el Cuerpo de Cristo? Mientras crecemos espiritualmente, nuestra capacidad para cuidar a otros también debe aumentar (1 Juan 3:16). Si no es así, no estamos creciendo. Martin Vanbee dijo: “El mejor lugar para encontrar una mano de ayuda es al final de su brazo”. ¿Está haciendo algo por alguien? ¿Está aplicando el amor de Cristo de una manera práctica?

¿Están hablando de usted? ¿Es un colaborador?

¿Ya tiene los bienes?

¿Cuál de ellos es usted? ¿Tiene con qué ayudar a cada uno? Nosotros, la Iglesia, somos diferentes al mundo. En el 2009, mientras el mundo ve a la Iglesia en acción, verán:

Hambrientos anhelando más de Dios.

Obstaculizadores siendo corregidos y enseñados con amor sobre el valor y el poder de sus palabras.

Desvalidos siendo ministrados mientras los traen hacia Jesús para ser sanados.

Colaboradores abundando en compasión y energía para ministrar a cualquiera que esté en necesidad.

Cuando esto suceda, el mundo dirá (como en Marcos 2:12): Esto es asombroso, alabemos a Dios porque “nunca vimos algo así”.

El mundo está esperando para ver si la Iglesia tiene esos bienes.

Al Thomas