viernes, 18 de mayo de 2018

El Señor dice: “Hoy todo cambia”



Por Helen Cobanov

El Señor me estuvo hablando estas últimas semanas, diciéndome: “Hoy todo cambia”. El primer día que oí esto, fue cuando mi hijo Noah fue a obtener su licencia de aprendiz para conducir. Pensé: “Sí Señor, hoy todo debe cambiar”. Pero desde esa mañana, cada día me desperté oyendo estas palabras: “Hoy todo cambia”.

Mientras me presentaba delante del Señor para preguntarle qué me estaba diciendo, comenzó a hablarme sobre mi complacencia y mis dudas, la sensación de no estar calificada, no estar preparada y no ser capaz de realizar lo que Dios me estaba pidiendo.

“Si mi pueblo está esperando a estar completamente calificado, ¡esperarán por un tiempo muy largo!”

Luego el Señor me habló sobre el viaje que mi hijo tuvo que hacer para obtener su licencia de aprendiz. Noah nunca antes condujo un auto sobre las rutas y no comprendía las reglas de las rutas. Para que Noah pudiera obtener su licencia de aprendiz, tuvo que prepararse para dar los primeros pasos. Luego, sin experiencia y solo con el conocimiento limitado sobre lo que leyó; tomó y pasó un simple examen escrito. ¡Ahora podía tomar un auto para aprender a conducir! No es un conductor calificado, pero eso no le impidió aprender.

Luego el Señor me dijo: “Helen, la gente está sentada y esperando porque no se sienten calificados para hacer lo que les estoy pidiendo. Están llenos de dudas y complacencia en la espera. Si te quedas sentada esperando, sin prepararte para dar los primeros pasos y luego te sientas en el asiento del conductor con tu cartel de aprendiz, ¡no aprenderás! Nunca estarás lista ni te sentirás calificada para hacer lo que te estoy pidiendo que hagas”. (Nota: Se debe colocar un cartel de aprendiz en la parte delantera y trasera del auto, mientras el conductor está bajo el período de instrucción).

“¡Usa el cartel de aprendiz! Yo soy tu instructor”
Luego el Señor dijo: “Yo soy tu instructor y es tiempo para que uses tu cartel de aprendiz. No seas complaciente. ¡Nunca debes dejar de prepararte para crecer y aprender! Así es como avanzas hacia el cumplimiento de lo que tengo planeado para tu vida. El vehículo representa tus dones y los ministerios que te entregué”

“Yo soy tu instructor, así como un aprendiz de manejo necesita un instructor sentado siempre a su lado antes de calificar para aprender a conducir en las rutas. Soy el que te califica, te enseña y te guía, mientras avanzas en los dones y ministerios que tengo para ti. El camino que tienes por delante y preparé para ti es grande. Viajaremos juntos por el camino, nunca te dejaré”.

2 Corintios 3:4-6 dice: “Ésta es la confianza que delante de Dios tenemos por medio de Cristo. No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios. Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida”.

Luego, en una visión, el Señor me mostró una persona sentada en un vehículo en el puesto del conductor. Estaba sentada sin hacer nada y no iba hacia ninguna parte, atrapada por la duda y el temor, porque creía que no era capaz de conducir el vehículo. Luego el Señor abrió la puerta. Él era el instructor y se sentó en el auto a su lado. Le dio instrucciones sobre el vehículo y sobre lo que necesitaba hacer para entrar en movimiento. Les entregó un cartel de aprendiz y dijo: “Todo cambia hoy… ¡si confías en Mí!”

La persona tomó el cartel de aprendiz, lo colocó en el vehículo, oyó al instructor y comenzó a moverse. El instructor le estaba enseñando y mostrando hacia dónde ir y qué debía hacer. Estaba aprendiendo, creciendo en confianza y cubriendo un gran terreno mientras avanzaban.

“No vayas sola”
Luego el Señor me mostró otra visión. Pude ver algunas personas conduciendo muy confiadas con sus carteles de aprendices. Se detuvieron y abrieron la puerta del pasajero, para decirle al instructor que podía bajarse porque iban a conducir por propia cuenta. Arrojaron sus carteles de aprendices y comenzaban a conducir por las rutas sin el instructor. La mayoría de estas personas estaban estancadas en las rutas familiares. Iban hacia adelante y hacia atrás, dando vueltas sin entrar en un nuevo territorio y solo viajaban por las rutas que habían recorrido antes.

“Yo soy tu instructor, así como un aprendiz de conductor debe tener un instructor siempre sentado a su lado que los califique para aprender a conducir en las rutas”

Cuando esta gente llegaba a una ruta nueva o a un cruce de caminos, ¡para ellos era algo desconocido! Se preguntaban: “¿Dónde voy ahora? ¿Qué hago aquí?”. La mayoría solo pegaba la vuelta y volvían al camino antiguo que les era familiar, pero otros escogían aventurarse por un camino que no les era familiar. Mientras avanzaban, perdían señales importantes y perdían su dirección. Fueron atrapados por la visión de túnel y finalmente terminaron perdiéndose fuera del camino.

Eventualmente se estacionaban a un costado del camino y se quedaban sin hacer nada, atrapados por el temor y completamente perdidos. Se dieron cuenta que recorrer estas nuevas rutas y los nuevos territorios, ¡no implicaba hacerlo solos! Comprendieron que necesitaban de vuelta a su instructor en el vehículo para mostrarles hacia dónde ir y qué debían hacer. ¡Necesitaban estar dispuestos a volver a colocar el cartel de aprendices y aprender!

Dios me habló y me dijo: “Si mi pueblo está esperando hasta estar completamente calificado, ¡seguirán esperando durante demasiado tiempo! Estarán sin hacer nada, con el motor encendido y sin avanzar hacia ningún lado. Si mi pueblo quiere seguir solo, no serán capaces de avanzar en el nuevo territorio y perderán lo que planifiqué para ellos”.

Continuó diciendo: “El camino que planifiqué para tu vida es mucho mayor de lo que conoces. ¡Pero debemos viajar juntos! Hoy te estoy llamando para que decidas poner tu cartel de aprendiz y dejar de estar sentado sin hacer nada. Deja de oír las mentiras del enemigo que aseguran que no eres suficientemente bueno o no estás calificado. Deja a un lado las dudas, los temores, la complacencia y las distracciones. Debes tener fe en Mí para que pueda formarte”.

“Te mostraré el camino por donde avanzar y nunca te dejaré ni te abandonaré. ¿Confiarás en Mí y oirás mi instrucción? Recorreremos una gran distancia juntos, iremos hacia lugares que nunca pensaste que era posible. Si estás dispuesto a no dejar de aprender y crecer, serás capaz de avanzar con confianza en todo lo que te llamé a realizar”.

Oremos juntos desde el Salmo 25:4-10:
“Señor, dirígeme en todo mi camino para que pueda experimentar tus planes para mi vida. Revela las sendas de vida que te agradan. Acompáñame todo el camino, tómame de la mano y enséñame. Tú eres el Dios de mi salvación aumentada, ¡envolví mi corazón con el tuyo! Perdona mis fallas de joven y pasa por alto los pecados de mi inmadurez. Señor, ¡dame gracia! Mírame siempre a través de tus ojos de amor, tus ojos de misericordia y compasión. Cuando piensas en mí, me ves como alguien que amas y por quien te preocupas. ¡Cuán bueno eres para mí! Cuando la gente se vuelve a ti, descubren cuán fácil es agradarte, tan fiel y verdadero. Con gozo les enseñas la senda correcta, incluso cuando se alejaron. Sigue mostrándole tus caminos a los humildes y guíalos a tomar la mejor decisión. Impárteles la luz de la revelación que los entrena en la verdad. Todos los caminos del Señor son amorosos y fieles para aquellos que siguen los caminos de su pacto”. 

Helen Cobanov
(www.elijahlist.com)


“Dios está sanando al espíritu de orfandad y trayendo unidad a las relaciones”



Por Westley Roderick

Temprano en la mañana del 17 de Marzo, tuve un sueño donde estaba sentado en un restaurante de panqueques con otras dos personas. Una de las personas sentada a mi lado era indistinguible (aunque sabía que estaba allí), y la otra persona era mi amigo Ivan Roman, un profeta real de Medford. En el sueño conversábamos como hacen los amigos luego de comerse algo.

Desde más allá de mi asiento, pude ver a un hombre que caminaba apresuradamente hacia mí, cruzando el restaurante. Cuando me alcanzó comenzó a acosarme e incluso puso sus manos sobre mí, tratando de tener un altercado conmigo. En ese punto simplemente le respondí: “Cuidado, soy un ministro”. En ese momento, su semblante cambió y me dijo que necesitaba oración. Mientras lo ministraba, le pedí al Señor que quebrara cualquier tipo de mentalidad de huérfano y expulsara todo espíritu de orfandad, mientras declaraba sobre este hombre que era amado y aceptado. Durante ese tiempo le pedí al Espíritu Santo que derramara sobre su vida un espíritu de pertenencia, un bautismo fresco de entendimiento que le permitiera ver que era un hijo y no un huérfano.

¡Usted es un hijo y no un huérfano!
Honestamente, lo que ocurrió después fue inesperado. El Espíritu de Dios vino como una bola de demolición y golpeó a este hombre con tanta fuerza que se dobló. Mientras comenzó a caer hacia el suelo, yo seguía sosteniéndolo y proclamando sobre su vida que era amado y aceptado como un hijo y no era huérfano. ¡Necesitaba saber que no había sido olvidado!

Cuando me desperté en la mañana, inmediatamente oí al Señor acerca de mi sueño, un momento de entendimiento si se quiere. Dios comenzó a decirme cómo Él se estaba moviendo en el movimiento de oración por medio del espíritu de adopción, para atraer hacia el Cuerpo a todos los que se sienten huérfanos. El Señor quería que todos los involucrados supieran que no están solos en sus esfuerzos por dar a luz a través de la oración y la intercesión. El corazón del Padre se duele incluso ante el pensamiento de uno de sus hijos que se siente huérfano. Quiere desalojar ese espíritu inundándonos con el Espíritu Santo, el Espíritu de adopción.

Sanidad entre el movimiento de oración y el profético
Aparte de tratar con el espíritu de orfandad, Dios está sanando la relación entre el movimiento de oración y el movimiento profético. Ambos lograron mucho por separado, pero si las dos corrientes se unieran, lograrían mucho más. Si uno puede hacer huir a mil, dos podrán hacer huir a diez mil. Este entendimiento celestial de sinergia muestra la fortaleza de unidad y sanidad.

El Salmo 133:1-3 dice: “¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna”.

Westley Roderick
(www.elijahlist.com)