domingo, 22 de marzo de 2026

“Una primavera (otoño) de segundas oportunidades”

 

Por Sara Whitten

Al entrar en una nueva temporada, pienso en cómo las estaciones en sí son un gran recordatorio de cómo opera el Señor. Las estaciones son ciclos en los que vuelven condiciones específicas, que son una nueva experiencia de algo familiar. Cada vez que experimentamos la primavera (otoño) hay momentos familiares, pero es una época completamente nueva. En lo natural hubo indicios de esto por todas partes. Quizá notaste cosas que ocurren en la actualidad o en tu propia vida que te hacen decir: “Eso me recuerda a una temporada pasada... pero es diferente”.

Bíblicamente, podemos ver muchas estaciones cíclicas. Leemos sobre la promesa de los israelitas que vuelven tras dar vueltas durante décadas en el desierto. En los libros de los Jueces y Primera y Segunda Reyes, leemos sobre ciclos de paz, guerra, idolatría y gobernantes justos. Incluso podemos leer sobre cómo Jesús le dio una segunda oportunidad en su redención a Pedro, después de su resurrección (Juan 21:15–19).

Mientras me maravillaba de todas las cosas nuevas y familiares que el Señor señalaba a mi alrededor, le pregunté qué traen las temporadas de segundas oportunidades. Me mostró la palabra “aumento”. Luego la palabra cambió por “arrasar” y finalmente por “rayos”.

Aumento: Nuevas temporadas y nuevos líderes

Bíblicamente, las temporadas de las segundas oportunidades vienen acompañadas de un cambio de guardia y de la aparición de nuevos líderes. Para los israelitas, esto significaba que Josué lideraría en lugar de Moisés. Para Pedro, esto significaba que él y los demás discípulos asumirían un papel más apostólico, formando a nuevos discípulos. En forma natural, vemos esto cuando los líderes reciben nuevas asignaciones mejoradas o son apartados del liderazgo por el Señor. Sea cual sea la circunstancia (buena o mala), el vacío que dejan los antiguos líderes genera otros nuevos que ocuparán esos roles en el trabajo del Cuerpo.

A veces esto ocurre incluso a nivel nacional, donde surgen nuevos líderes en las naciones, en áreas que antes no ocupaban. En tiempos de transición como este, es importante primero honrar el liderazgo pasado (como David honró a Saúl) y agradecer humildemente a Dios por la forma como Él trabaja y avanza en lo bueno, a pesar de lo malo.

Mantén tus oídos atentos, mientras el Señor te prepara para la próxima parada en el viaje que Él tiene para ti. Recuerda sus promesas. Así como los israelitas tuvieron que recordar las palabras y las promesas originales que Dios le dio a Moisés en las décadas anteriores (antes de entrar en la Tierra Prometida), recuerda las palabras de “visión general”, tanto corporativas como individuales, que el Señor habló acerca de lo que te involucra.

Arrasar: Nivelar terreno para reconstruir

Arrasar significa derribar. Cuando busqué la definición, añadió de manera específica: “normalmente ‘hasta el suelo’”. Una demolición despeja completamente el camino para construir cualquier cosa, mientras que una “remodelación” opera sobre el diseño existente. Muchas de las cosas que el Señor está trayendo de vuelta son viejas promesas y movimientos antiguos, pero el Señor nos está dando un terreno claro para hacer algo nuevo. Está sacando todo (podando y limpiando) y trabajando con nosotros en el proceso de aprendizaje para construir desde cero.

Rayos: Soñando de manera multigeneracional con el Señor

Existe un término en geometría llamado “rayo” que indica un punto de partida que continúa hacia el “infinito” en una dirección determinada. Ahora mismo el Señor nos está dando puntos de partida para colaborar con Él, pero debemos estar eternamente conscientes, sabiendo que su dirección se extiende hasta el infinito. Algunos de los comienzos de esta temporada traerán cosas cuyo final no viviremos para ver. Tenemos que soñar con el Señor de manera multigeneracional.

Erradicar la amargura y establecer raíces de esperanza

Por último, las segundas oportunidades evocan el perdón. En su segunda oportunidad, Pedro debía ser perdonado, pero también necesitaba perdonarse a sí mismo, para que su segunda oportunidad se convirtiera en el lanzamiento de lo que estaba destinado a ser. El Señor está arrancando la amargura en esta primavera (otoño). La amargura no es solo falta de perdón. La amargura se debe a las decepciones en serie que generaron pocas esperanzas. Todo el grupo de israelitas sufrió muchas decepciones y retrasos, pero Josué y Caleb sanaron sus corazones, con la esperanza que les permitió aprovechar esa segunda oportunidad, en nombre de todo su pueblo.

La desesperanza juega en contra de la reconstrucción. Tenemos que encontrarnos con el Señor en los lugares donde necesitamos perdón, donde debemos perdonarnos a nosotros mismos y donde necesitamos sanarnos de la decepción. ¡Que vuelva a surgir la esperanza! Es una primavera (otoño) de segundas oportunidades.

Esta primavera (otoño), hagámosle al Señor estas preguntas:

• ¿Qué promesas y palabras siguen en el aire?

• ¿Qué oportunidades están volviendo?

• ¿Cuál es tu visión multigeneracional para las cosas que me ordenaste hacer en esta etapa de mi vida?

• ¿Dónde necesito tu toque sanador de perdón o esperanza?

Sara Whitten

 

 

“Cuando Dios usa lo que parece extraño e inusual

Por Sherilyn Hamon-Miller


Cuando Dios actúa fuera de lo común

1 Corintios 1:27: “… sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”. Con los años, aprendí que Dios rara vez actúa como lo espero. Si soy sincera, gran parte de mi vida me pareció un poco extraña, poco habitual y no siempre de una manera cómoda.

No siempre encajaba. No era exactamente igual que el resto de mi familia. No siempre pensaba igual, no respondía igual y ni siquiera captaba la broma cuando todos los demás se reían. Durante mucho tiempo me pregunté si algo me pasaba. Ahora sé mejor que Dios usa esas situaciones.

Cuando sientes que no perteneces

Jesús contó una parábola en Lucas 14:16–24 que siempre me llegó profundamente. Un hombre preparó un gran banquete e invitó a los primeros llamados: “los honorables, los religiosos y los respetados”. Pero pusieron excusas y rechazaron la invitación. Así que el amo hizo algo inesperado. Envió a sus sirvientes por las calles y los callejones para traer a “los pobres, los mutilados, los cojos y los ciegos”. Cuando aún había espacio los enviaba más lejos, hacia las carreteras y los senderos, para obligar a otros a venir.

Las personas que creían tener derecho, se perdieron el banquete. Los que nunca pensaron que serían invitados, llenaron la mesa. Esta parábola me dice algo poderoso: “A menudo Dios acoge a quienes se sienten fuera de lugar”.

Las instrucciones de Dios no siempre son cómodas

No pretendemos ser raros o poco habituales. Pero cuando Dios habla, sus instrucciones no siempre tienen sentido para la mente natural. Si un burro te habla como lo hizo con Balaam, probablemente deberías prestar atención. Quizá haya un ángel delante de ti que no puedes ver. Si Dios te dice que construyas un arca porque se acerca un diluvio debes obedecer, aunque nadie haya visto antes la lluvia. Puede que estés salvando a tu familia y al futuro de la Tierra.

Si eres ciego y Jesús usa saliva y barro para curarte, no te quejas del método. Recibes el milagro. Si huyes del propósito de Dios y te encuentras viviendo dentro de un gran pez durante tres días, no discutes. Te arrepientes. Si Dios te dice que no te cortes el pelo y decides que sabes más que Él, no te sorprendas cuando después vengan las consecuencias. Si Dios te dice que guardes silencio, que camines alrededor de una ciudad durante siete días y que luego grites, escucha con atención porque los muros están a punto de caer.

Incluso Moisés, un hombre que habló cara a cara con Dios, sufrió las consecuencias cuando permitió que la ira prevaleciera sobre la obediencia y golpeó la roca en lugar de hablarle. Estas historias me recuerdan que la obediencia importa, incluso cuando las instrucciones resultan extrañas o incómodas.

La fuerza de Dios brilla a través de la debilidad

Uno de los ejemplos más claros de esto fue el ejército de Gedeón. Dios redujo intencionadamente un ejército de 32000 a solo 300 combatientes. En lo natural no tenía sentido, pero en el espíritu tenía todo el sentido. Dios quería que todos supieran que la victoria no venía de los números, la estrategia o la capacidad humana, sino de Él. Pude ver esta verdad repetirse una y otra vez en mi propia vida. Cuando me sentí débil, insegura o sin condiciones, Dios se mostró fuerte. Nunca se trató de lo que yo podía hacer. Siempre se trató de lo que Dios podía hacer a través de mí.

El llamado a la humildad

Por eso las Escrituras nos llaman repetidamente a la humildad:

“… si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado…” (2 Crónicas 7:14)

“Humillaos delante del Señor” (Santiago 4:10)

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios” (1 Pedro 5:6)

“Porque el que se enaltece será humillado” (Mateo 23:12)

La humildad nos mantiene “enseñables”, nos mantiene escuchando y nos mantiene obedientes, incluso cuando Dios nos pide hacer algo fuera de lo común.

Debes ser la persona que Dios te llamó a ser

Dios te puede estar pidiendo que hagas algo que te resulte extraño o inusual, algo que no encaja perfectamente con las expectativas de los demás. Cuando esto ocurra ora, busca consejo piadoso y medita con cuidado en la situación. Si realmente viene de Dios, debes ser obediente. Igualmente aprendí que intentar ser “normal” está sobrevalorado.

Dios no me llamó a ser como los demás y no te llamó para ser como los demás. Nos llamó a ser las personas que Él creó: “únicos, llenos de propósito y dependientes de Él”. A veces los caminos de Dios parecen extraños y la obediencia resulta incómoda. Pero Dios siempre es fiel y sabe exactamente lo que está haciendo.

Una oración para quien lee esto

“Jesús, te pido que quien esté leyendo esto sepa, ahora mismo, que no importa en qué estuvo o en qué está, que es aceptado por Ti, que lo amas tal y como es, y lo usarás para Tu gloria”.

“Si se siente pequeño como Zaqueo y solo quiere verte de reojo, recuérdale que Tú lo ves y te reunirás con él personalmente”.

“Si se siente como una mujer escondida entre la multitud, con debilidad, fragilidad o un problema que duró demasiado tiempo, hazle saber que, si extiende su mano justo donde está y te toca, se sanará”.

“Dios no nos ve como extraños o inusuales. Nos ve como los recipientes que formó intencionadamente”.

“No tenemos que ser lo suficientemente buenos, inteligentes, atractivos o espirituales para recibir tu amor y tu aceptación. Ahora lo recibimos. Amén”.

Sherilyn Hamon-Miller