domingo, 22 de marzo de 2026

“Cuando Dios usa lo que parece extraño e inusual

Por Sherilyn Hamon-Miller


Cuando Dios actúa fuera de lo común

1 Corintios 1:27: “… sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”. Con los años, aprendí que Dios rara vez actúa como lo espero. Si soy sincera, gran parte de mi vida me pareció un poco extraña, poco habitual y no siempre de una manera cómoda.

No siempre encajaba. No era exactamente igual que el resto de mi familia. No siempre pensaba igual, no respondía igual y ni siquiera captaba la broma cuando todos los demás se reían. Durante mucho tiempo me pregunté si algo me pasaba. Ahora sé mejor que Dios usa esas situaciones.

Cuando sientes que no perteneces

Jesús contó una parábola en Lucas 14:16–24 que siempre me llegó profundamente. Un hombre preparó un gran banquete e invitó a los primeros llamados: “los honorables, los religiosos y los respetados”. Pero pusieron excusas y rechazaron la invitación. Así que el amo hizo algo inesperado. Envió a sus sirvientes por las calles y los callejones para traer a “los pobres, los mutilados, los cojos y los ciegos”. Cuando aún había espacio los enviaba más lejos, hacia las carreteras y los senderos, para obligar a otros a venir.

Las personas que creían tener derecho, se perdieron el banquete. Los que nunca pensaron que serían invitados, llenaron la mesa. Esta parábola me dice algo poderoso: “A menudo Dios acoge a quienes se sienten fuera de lugar”.

Las instrucciones de Dios no siempre son cómodas

No pretendemos ser raros o poco habituales. Pero cuando Dios habla, sus instrucciones no siempre tienen sentido para la mente natural. Si un burro te habla como lo hizo con Balaam, probablemente deberías prestar atención. Quizá haya un ángel delante de ti que no puedes ver. Si Dios te dice que construyas un arca porque se acerca un diluvio debes obedecer, aunque nadie haya visto antes la lluvia. Puede que estés salvando a tu familia y al futuro de la Tierra.

Si eres ciego y Jesús usa saliva y barro para curarte, no te quejas del método. Recibes el milagro. Si huyes del propósito de Dios y te encuentras viviendo dentro de un gran pez durante tres días, no discutes. Te arrepientes. Si Dios te dice que no te cortes el pelo y decides que sabes más que Él, no te sorprendas cuando después vengan las consecuencias. Si Dios te dice que guardes silencio, que camines alrededor de una ciudad durante siete días y que luego grites, escucha con atención porque los muros están a punto de caer.

Incluso Moisés, un hombre que habló cara a cara con Dios, sufrió las consecuencias cuando permitió que la ira prevaleciera sobre la obediencia y golpeó la roca en lugar de hablarle. Estas historias me recuerdan que la obediencia importa, incluso cuando las instrucciones resultan extrañas o incómodas.

La fuerza de Dios brilla a través de la debilidad

Uno de los ejemplos más claros de esto fue el ejército de Gedeón. Dios redujo intencionadamente un ejército de 32000 a solo 300 combatientes. En lo natural no tenía sentido, pero en el espíritu tenía todo el sentido. Dios quería que todos supieran que la victoria no venía de los números, la estrategia o la capacidad humana, sino de Él. Pude ver esta verdad repetirse una y otra vez en mi propia vida. Cuando me sentí débil, insegura o sin condiciones, Dios se mostró fuerte. Nunca se trató de lo que yo podía hacer. Siempre se trató de lo que Dios podía hacer a través de mí.

El llamado a la humildad

Por eso las Escrituras nos llaman repetidamente a la humildad:

“… si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado…” (2 Crónicas 7:14)

“Humillaos delante del Señor” (Santiago 4:10)

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios” (1 Pedro 5:6)

“Porque el que se enaltece será humillado” (Mateo 23:12)

La humildad nos mantiene “enseñables”, nos mantiene escuchando y nos mantiene obedientes, incluso cuando Dios nos pide hacer algo fuera de lo común.

Debes ser la persona que Dios te llamó a ser

Dios te puede estar pidiendo que hagas algo que te resulte extraño o inusual, algo que no encaja perfectamente con las expectativas de los demás. Cuando esto ocurra ora, busca consejo piadoso y medita con cuidado en la situación. Si realmente viene de Dios, debes ser obediente. Igualmente aprendí que intentar ser “normal” está sobrevalorado.

Dios no me llamó a ser como los demás y no te llamó para ser como los demás. Nos llamó a ser las personas que Él creó: “únicos, llenos de propósito y dependientes de Él”. A veces los caminos de Dios parecen extraños y la obediencia resulta incómoda. Pero Dios siempre es fiel y sabe exactamente lo que está haciendo.

Una oración para quien lee esto

“Jesús, te pido que quien esté leyendo esto sepa, ahora mismo, que no importa en qué estuvo o en qué está, que es aceptado por Ti, que lo amas tal y como es, y lo usarás para Tu gloria”.

“Si se siente pequeño como Zaqueo y solo quiere verte de reojo, recuérdale que Tú lo ves y te reunirás con él personalmente”.

“Si se siente como una mujer escondida entre la multitud, con debilidad, fragilidad o un problema que duró demasiado tiempo, hazle saber que, si extiende su mano justo donde está y te toca, se sanará”.

“Dios no nos ve como extraños o inusuales. Nos ve como los recipientes que formó intencionadamente”.

“No tenemos que ser lo suficientemente buenos, inteligentes, atractivos o espirituales para recibir tu amor y tu aceptación. Ahora lo recibimos. Amén”.

Sherilyn Hamon-Miller

 

 

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