lunes, 7 de noviembre de 2016

“Necesitamos crecer en el discernimiento de espíritus”


Por James W. Goll

1 Juan 4:1 dice: “Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas”.

El don de discernimiento de espíritus es muy necesario para los tiempos que estamos viviendo. Como no toda la actividad sobrenatural viene del Espíritu Santo, a veces puede ser difícil determinar dónde se origina. Alguien que puede penetrar profundamente en el don de discernimiento de espíritus puede establecer la diferencia entre la actividad sobrenatural del Espíritu Santo y la que proviene de otra fuente. Así como la maldad continúa aumentando en la tierra, ocurre lo mismo con la necesidad de acceder a mayores niveles de discernimiento.

Definiendo el don de discernimiento de espíritus
El don de discernimiento de espíritus o cómo distinguir los espíritus (ver 1 Corintios 12:10), provee una percepción en el mundo espiritual. Esto incluye al Espíritu Santo, los espíritus de los ángeles buenos y malos, y los espíritus de los hombres; aportando revelación sobrenatural sobre la dimensión de los espíritus.

El don de discernimiento de espíritus es una habilidad o capacidad impartida por Dios para reconocer la identidad (y con mucha frecuencia la personalidad y la condición) de los espíritus que operan detrás de las diferentes manifestaciones o actividades. La línea divisoria entre una operación humana y divina puede ser oscura para algunos creyentes, pero alguien con la facultad espiritual del discernimiento puede ver con claridad la separación.

Discernir significa distinguir, diferenciar o percibir. La gente ejerce el don de discernimiento de diferentes maneras, con frecuencia a través de sus sentidos. Algunos reciben la revelación de manera visual, otros simplemente “se dan cuenta” y otros oyen o perciben, mientras otras personas tienen una capacidad elevada para sentir diferencias y discernir.

Todos debemos someter nuestros sentidos naturales al Espíritu Santo y practicar el discernimiento entre el bien y el mal (ver Hebreos 5:14). En el Reino de Dios podemos aprender a ser “naturalmente sobrenaturales” y “sobrenaturalmente naturales”. Estuve caminando en lo sobrenatural de Dios más de cuarenta años y sigo descubriendo maneras frescas de moverme en los dones del Espíritu Santo, incluyendo el don del discernimiento de espíritus.

Vistazos de discernimiento en el Nuevo Testamento
Vemos diferentes categorías de discernimiento ilustradas a lo largo de relatos del Nuevo Testamento sobre el ministerio de Jesús y en la Iglesia temprana.

Discernimiento del Espíritu Santo
Juan el Bautista pudo discernir al Espíritu Santo cuando descendió desde el Cielo sobre Jesús con la forma de una paloma en el día de su bautismo (ver Mateo 3:13-17). Juan no permitió que la familiaridad interfiriera con su discernimiento. Recuerde, Jesús era el primo de Juan y tenían casi la misma edad. Era muy probable que se conocieran muy bien y quizá hubieran jugado juntos cuando niños. Aun así, Juan no estaba seguro que Jesús fuera el Mesías hasta que vio la paloma (ver Juan 1:32-34).

Cerca de tres años más tarde, los creyentes en el aposento alto en el día de Pentecostés pudieron discernir la presencia del Espíritu Santo como el sonido de un viento recio y luego como lenguas de fuego reposando sobre sus cabezas (ver Hechos 2:2-3). No sabemos si pudieron discernir estas cosas con sus oídos y ojos naturales o fue algo completamente espiritual. Más allá de eso, todos estuvieron de acuerdo con lo que vieron.

Discernimiento de ángeles
Las Escrituras dicen que un ángel se le apareció a Jesús en el Getsemaní para fortalecerlo (Lucas 22:43). Luego de la resurrección de Jesús, María vio dos ángeles en el sepulcro, donde debía estar el cuerpo de Jesús (ver Juan 20:11-13). Un ángel se le apareció a Pablo para darle un mensaje de confirmación cuando estaba en medio de una tormenta violenta en el mar (ver Hechos 27:23-24). Los ángeles no se ven o actúan de la misma manera todo el tiempo. En consecuencia, necesitamos discernimiento para conocer si lo que estamos viendo es un ángel en el que podemos confiar.

Discernimiento del espíritu humano
Desde lejos Jesús pudo discernir un espíritu piadoso en Natanael (ver Juan 1:47-48). Poco tiempo después, pudo discernir lo opuesto en la gente que creía en Él solo por los milagros (ver Juan 2:23-25). Pablo pudo discernir un “espíritu de fe” en el paralítico de Listra (Hechos 14:8-10). No esperaríamos encontrar fe en un hombre paralítico de nacimiento. ¡Nunca había caminado en su vida! Después de mirarlo fijamente, Pablo pudo discernir la fe del hombre y procedió a decirle que camine. Pero no hizo lo mismo con cada mendigo paralítico que encontró. Pablo estaba bien sintonizado con el Espíritu, entonces cuando se encontró con este mendigo en particular, se detuvo y se tomó el tiempo para discernir lo que el Espíritu quería hacer. El resultado fue un milagro. Pablo se detuvo por el escogido.

Discernimiento de espíritus perversos
Durante su ministerio terrenal, Jesús pudo discernir muchos espíritus malignos manifestados de varias formas. Otra vez echó fuera un espíritu de enfermedad que doblaba seriamente la espalda de una mujer. Esta liberación de un espíritu maligno resultó en su sanidad inmediata, pero Jesús no convirtió ese incidente en un espectáculo. En este caso no tuvo ningún trato verbal con el espíritu maligno (ver Lucas 13:11-13).

Jesús impuso sus manos sobre la mujer y el espíritu maligno salió, como quedó demostrado por su habilidad inmediata para pararse derecha Yo describo a este “estar doblada” como la incomodidad del espíritu maligno de persistir en su posición ante la cercanía del Espíritu de Dios. Con frecuencia, cuando puedo discernir un espíritu inmundo, estoy contando en la realidad que “mayor es el que está en mí que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Al desatar el Espíritu opuesto, el Espíritu Santo produce un desplazamiento y como resultado, la gente es libre y se limpian las atmósferas.

Guía para operar en el don de discernimiento de espíritus
El único camino para aprender nuestro propio “lenguaje” para el discernimiento de espíritus es por medio de la práctica. Se debe cultivar el don. Nuestros sentidos deben ser entrenados y con el tiempo aprendemos por la experiencia cómo interpretar lo que recogen nuestros sentidos. Hebreos 5:14 dice: “En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual”. Podemos sumergirnos en la Palabra para recuperar las verdades clave que necesitamos para confirmar nuestros sentidos.

A veces, la manera más clara de discernir es analizando el fruto en la vida de una persona. ¿El fruto es bueno o no es tan bueno? Jesús dijo: “Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:16-20).

El don de discernimiento de espíritus no es el “don de la sospecha”. Nuestras percepciones e impresiones nunca deberían usarse para regar un chisme o para difamar, siempre deben ser para edificar y consolidar el Cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo quiere curar y sanar a los miembros del Cuerpo, no dañarlos. Nunca debemos ponernos de acuerdo con el diablo, el acusador de los hermanos (ver Apocalipsis 12:10).

Como puede ver, el don de discernimiento de espíritus tiene el potencial para ser explosivo. En consecuencia, es crucial usar la sabiduría para ejercerlo. Para evitar aprender todo por el camino difícil (y potencialmente hacer daño), obtenga sabiduría preguntándoles a otros que tienen una mayor experiencia. Además, busque otros dones complementarios como el don de fe. ¡Hará que las cosas sean mucho más sencillas!

Dios lo guiará todo el camino, solo manténgase hablando con Él. Declaro sobre su vida lo mismo que el apóstol Pedro: “Que abunden en ustedes la gracia y la paz por medio del conocimiento que tienen de Dios y de Jesús nuestro Señor. Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda” (2 Pedro 1:2-3).

¿Está hambriento por más?
¿Está satisfecho con su propio nivel de discernimiento o cree que el Señor tiene más para usted? Quiero percibir con mayor precisión las fuerzas espirituales que operan detrás de las cosas, diferenciando cuándo son de las tinieblas. Quiero desplazarlas y desatar más de la luz brillante del gobierno y el dominio del Reino de Dios. Por esta razón creo que deberíamos pedirle este don al Espíritu Santo. “No tienen porque no lo piden” (ver Santiago 4:2 y Juan 16:24). Él está esperando que podamos ser todo lo que estamos llamados a ser en Cristo. ¡Vamos, acompáñeme! Pidamos por un aumento de este don vital del Espíritu Santo.

Amado Señor, ¡no estoy satisfecho! En el gran nombre de Jesús, te pido ahora por un aumento en el don de discernimiento de espíritus. Quiero ser capaz de conocer el mover del Espíritu Santo, detectar los ángeles, echar fuera demonios y discernir las motivaciones profundas del corazón de los hombres y las mujeres. Gracias por el aumento en el nombre poderoso de Jesús. ¡Amén y Amén!

Caminando en sus caminos,

Dr. James W. Goll
(www.elijahlist.com)