Por Candice Smithyman
Semana de
la Pasión 2026: Una invitación divina
Esta semana es un momento muy especial y sagrado, porque la “Semana de la Pasión” en el calendario
cristiano, coincide con el inicio de la Pascua en el calendario hebreo. No es
casualidad, es una invitación divina. Creo sinceramente que el Señor está
llamando a su pueblo a desacelerarse, a descansar y a entrar en el “Shabat” con
Él.
Esto no solo implica un descanso físico, sino una quietud espiritual en
la que dejamos de esforzarnos, para volver a alinearnos con quienes somos en
Cristo. Es una semana de consagración antes de cruzar a una nueva estación,
porque Dios te está adelantando. Te está posicionando para lo que viene
después, pero antes de que puedas entrar en ello, debe haber una preparación.
En el calendario hebreo, esta vez comenzaba con el 14 de Nisán, conocido
como el “Día de la Preparación”, el
día cuando Jesús fue crucificado (Marcos 15:42–43). Al atardecer del 1 de
abril, entramos en el 15 de Nisán, que es la Pascua o Pesaj, la “Fiesta del pan ácimo”. Se cree ampliamente
que la resurrección de Jesús ocurrió el 17 de Nisán, que este año será el
sábado 4 de abril. Aunque el calendario cristiano puede celebrar el “Viernes santo” y el “Domingo de resurrección” en días ligeramente
diferentes, el significado espiritual sigue siendo el mismo. Todo este
periodo es una ventana para la oración, el ayuno, la reflexión y la renovación.
Es un momento para permitir que Dios te revele niveles más profundos de tu
identidad y tu llamado al entrar en este nuevo año.
El fundamento de la Pascua
Cuando miramos el fundamento de la Pascua en las Escrituras, vemos
claramente expuestas las instrucciones de Dios:
Éxodo 12:16–17: “El primer día habrá
santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación;
ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual
haya de comer. Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este
mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis
este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua”.
Dios instruyó a los israelitas para que sacrificaran un cordero
inmaculado y poner su sangre en los dinteles de sus puertas, para que el ángel
de la muerte pasara sobre ellos. Esto no era solo una cuestión de protección, sino
de liberación. Marcó el comienzo del éxodo de la esclavitud hacia su libertad.
La Pascua judía es una ordenanza duradera que debe practicarse como recordatorio
para las generaciones venideras. El propio Jesús practicó la Pascua judía
(Lucas 22:8).
Jesús es el cumplimiento
Aquí es donde debemos entender que Jesús es el cumplimiento de esa
historia. Él es el Cordero de la Pascua. Su sangre no solo fue derramada por un
pueblo, sino por toda la humanidad. Así como la sangre en los marcos de
las puertas traía protección, su sangre ahora nos cubre, nos redime y nos
libera del pecado, de la muerte y de la tumba. La cruz se convirtió en ese
marco de la puerta y a través de ella nos llevamos a la victoria. Las
Escrituras confirman que llevó la maldición sobre sí mismo: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por
nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un
madero” (Gálatas 3:13).
Pero esto es lo que el Señor realmente estuvo diciendo: “Muchos creyentes siguen viviendo como si estuvieran bajo
una maldición que ya fue quebrada”. Cuando Adán y Eva cayeron en el huerto,
el pecado, la separación y la maldición entraron en el mundo.
Génesis 3:16–19: “A la mujer dijo:
Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz
los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al
hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de
que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa;
con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te
producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el
pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo
eres, y al polvo volverás”.
Pero cuando Jesús murió en la cruz, asumió esa maldición sobre sí mismo
y quebró su poder. Sin embargo, muchos siguen viviendo con miedo, ansiedad,
carencia, vergüenza, esfuerzo y fractura, porque no entraron completamente en
la realidad de lo que Él hizo. Esta semana es una oportunidad para cambiar tu
perspectiva. Debes empezar a ver tu vida a través de la obra consumada de
Cristo y no a través de tus circunstancias. Te redimió de la maldición de la
ley y de la maldición de la caída del hombre.
Soportó por el gozo que tenía
por delante
Hebreos dice que Jesús soportó la cruz por el gozo de lo que recibiría: “… puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la
fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el
oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).
Esto significa que vio algo más grande que el sufrimiento. Mientras el
mundo veía vergüenza y derrota, Él veía la restauración. Te vio reunirte con el
Padre. Vio tu libertad, tu sanidad y tu redención. La cruz no fue una derrota, fue
la victoria. Fue el momento cuando todo cambió, por eso ahora tienes acceso a
vivir en libertad.
Por su sacrificio se rasgó el velo y el acceso a Dios fue restaurado: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el
Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10:19). Ya no
necesitas esforzarte por alcanzar a Dios, puedes entrar con valentía en su
presencia purificado y completo. Es la liberación del nuevo orden eterno del
Reino en la tierra. Estamos llamados a salir adelante, sin que la maldición nos
pueda frenar.
Una temporada de avance espiritual
y purificación
Esta también es una temporada de avance espiritual. Dios está entregando
nuevos mantos, nuevas asignaciones y una revelación fresca. Muchos de ustedes
ya recibieron sueños, visiones, confirmaciones y oportunidades que los están
guiando hacia el próximo nivel. Pero no pueden entrar en ese lugar con la misma
mentalidad. Tienen que pensar de forma diferente, ver de otra manera y madurar
espiritualmente. Están pasando de gloria en gloria, y eso requiere una transformación. Por
eso esta semana también se trata de limpieza.
Durante la “Fiesta del pan ácimo”,
la levadura representa el pecado, la corrupción y cualquier cosa que contamine.
El Señor te llama a quitar la levadura de tu vida. Eso significa dejar atrás la
falta de perdón, la amargura, el resentimiento, el miedo y los hábitos
destructivos. Significa mirar de verdad lo que hay en tu corazón e incluso en
tu hogar, para pedirle al Señor que lo limpie. Algunos tienen que arreglar cosas
con la gente. Algunos necesitan perdonar y dejar ir las cosas a las que se
aferran. No pueden llevarse a la nueva temporada lo que pertenece al tiempo pasado.
A menudo no es Dios quien te frena, son las cuestiones sin resolver que
siguen ligadas a tu vida. Cuando te arrepientes y entregas esas cosas, el
enemigo pierde el control y entras en la libertad. El arrepentimiento no es un
castigo, es liberación. Es la puerta de entrada hacia tu próximo nivel. Cuando
te humillas ante Dios, las cosas empiezan a cambiar rápidamente.
Para quienes aún no hicieron de Jesús el Señor de sus vidas, este es el
momento para hacerlo. La salvación es el verdadero cruce. Es salir de la
oscuridad para entrar en la luz y salir de la esclavitud para entrar en la
promesa. A través de Cristo recibes perdón, sanidad y restauración, y comienzas
una vida completamente nueva en Él. Simplemente haz una oración, ¡pídele perdón
a Dios y dile que te arrepientes de tus pecados para caminar en una vida nueva!
Romanos 10:9–11: “… que si confesares
con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó
de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero
con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que
en él creyere, no será avergonzado”.
Un tiempo de sanidad, restauración y
generosidad. Este también es un tiempo donde
Dios avanza en la sanidad y la restauración. Creo sinceramente que, a medida
que las personas se rindan y vuelvan a alinearse con Él esta semana, ocurrirá
la sanidad “física, emocional y en las relaciones”.
Se restaurarán las relaciones, se levantarán las enfermedades y se romperán
cadenas. Hay una gracia especial en esta temporada para la plenitud.
La Pascua judía también es un tiempo para dar. Las Escrituras nos enseñan:
“Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová
tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu
Dios en todos tus frutos, y en toda la obra de tus manos, y estarás
verdaderamente alegre. Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de
Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes
sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de
los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos
vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová
tu Dios te hubiere dado” (Deuteronomio 16:15–17).
Esto no es una obligación, se trata de alineación. En este pasaje
Dios habla de su propio deseo de bendecirte y elevarte en todas las obras de
tus manos. Ven hacia Él en fe, como un acto de adoración que te prepare para
recibir lo que Dios prometió.
Siete bendiciones relacionadas
con esta temporada
Hay manifestaciones de la bendición relacionadas con esta estación y con
nuestra obediencia que no podemos ignorar. El Señor declara siete manifestaciones
de su bendición en Éxodo 23:20–32:
1. Dios le asignará un ángel a su pueblo.
2. Dios será enemigo de los enemigos de su pueblo.
3. Dios le dará prosperidad a su pueblo.
4. Dios quitará la enfermedad de su pueblo.
5. Dios le dará una vida plena a su pueblo.
6. Dios traerá aumento y herencia.
7. Dios nos dará un año especial de bendición.
Estas promesas del pacto son tuyas: “protección
divina, provisión, sanidad, vida plena, aumento y victoria sobre la oposición”.
Algunos solo necesitan escuchar hoy que vivirán y no morirán, ¡y que Dios tiene
bendiciones especiales para ustedes! Este es tu momento para cruzar hacia una
nueva temporada. Esta es tu semana para “descansar,
limpiar, realinear y recibir”. Fuiste apartado, ungido y nombrado.
La maldición ya se quebró. Este es el momento para dar un paso pleno hacia tu
siguiente nivel, caminando con libertad, autoridad y propósito a través de la
obra consumada de Jesucristo.
Candice
Smithyman
(www.elijahlist.com)