Por Charlie Shamp
Una estación no es un destino
Hay un diseño de la manera como se mueve Dios y está escrito en el propio tejido del tiempo. La mayoría de la gente vive como si el tiempo fuera una línea plana día tras día, aleatorio e impredecible. Pero las Escrituras revelan que Dios opera en tres modos distintos de tiempo, cada uno con su propósito particular, su propio riesgo y su poder. Conocer la diferencia es caminar con confianza, en lugar de confusión.
Una “estación” no es un destino, es un contenedor. Te sostiene por un propósito específico y cuando ese propósito se cumple, la estación se disuelve.
El profeta Amós preguntó: “¿Pueden dos caminar juntos, a menos que estén de acuerdo?” (Amós 3:3). Una estación es la forma en la que Dios se pone de acuerdo contigo para una obra en particular. Es el terreno donde se profundizan tus raíces.
En el libro de Génesis, José pasó trece años en una época de oscuridad, primero en un pozo y luego en una prisión. Esa temporada no fue un castigo, sino una fragua. Cada traición, cada falsa acusación, cada promesa olvidada, martillaba algo en su carácter que no se podía formar de otra manera.
Una temporada no trata de lo que estás haciendo, sino de lo que se está formando en ti. La duración de una estación no es la medida de su valor, “la profundidad sí lo es”. No desprecies la estación en la que estás, porque “es el único útero que puede dar a luz lo que viene”.
Reconociendo un tiempo designado
Un tiempo designado es una intersección divina. Es un momento donde se encuentran el Cielo y la tierra, invitándonos a dar un paso hacia su propósito en nuestra vida. La palabra hebrea “moed” se traduce como “reunión” u “hora señalada”. Lleva consigo la idea de un nombramiento sagrado (Strong H4150). Dios establece estos momentos, pero no te obliga a respetarlos.
Considera la parábola de las diez vírgenes en Mateo 25. Las diez tenían lámparas. Las diez sabían que el Novio iba a venir. Pero cinco de ellas no estaban listas cuando llegó la hora señalada. La puerta estaba cerrada y la oportunidad se perdió, pero no porque Dios cambiara de opinión, sino porque “no se habían preparado”.
La tragedia de una cita perdida no significa que el plan de Dios haya fracasado. Nunca falla. La tragedia es que pierdes la parte que estaba destinada para ti. En Hechos 13, Pablo y Bernabé se dirigieron a los gentiles cuando los judíos rechazaron la palabra. La asignación se mantuvo, solo que con diferentes personas.
Un tiempo señalado es una prueba de tu alerta. Dios no lo anuncia con trompetas, lo susurra en lo normal. La pregunta no es si Dios aparecerá, es “si llegarás preparado”.
Comprender un tiempo
determinado
Ahora llegamos al más poderoso de los tres: “el tiempo establecido”. Esta no es una estación que pueda cambiar. No es una cita que se pueda perder. Es un decreto del trono del Cielo que ninguna fuerza en la Creación puede alterar.
El Salmo 75:2 declara: “Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente”. Una vez más, la palabra hebrea traducida como “tiempo señalado” es “moed”, pero aquí lleva el peso de una decisión fija y soberana (Strong H4150). Cuando Dios fija una hora, es como una piedra arrojada a las aguas quietas. Las ondas no se pueden detener.
Piensa en el nacimiento de Isaac. Dios dijo: “Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo” (Génesis 18:14). El cuerpo de Sara estaba muerto. El cuerpo de Abraham estaba prácticamente muerto. Pero el tiempo señalado no dependía de la biología, sino de la palabra del Señor. Y cuando llegó ese momento, “nada lo pudo detener”.
Piensa en la resurrección de Jesús. No fue un golpe de suerte, sino un tiempo señalado. Pedro declaró: “… a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios …” (Hechos 2:23). La cruz no fue un accidente. La tumba vacía no fue una sorpresa. Fue una época establecida y ningún sello romano, piedra o guardia podían deshacerlo.
Un tiempo señalado no se ve afectado por nuestra preparación. No se ve afectado por nuestra dignidad. Solo se ve afectada por el decreto de Dios. Cuando Él establece un momento para nuestro avance, sanidad y ascenso, todo el Cielo conspira para que se cumpla. La única variable es si estarás parado sobre él cuando llegue.
Cuando convergen un tiempo designado
y un tiempo señalado
Aquí está el misterio que lo cambia todo: “a veces una estación, un tiempo designado y un tiempo señalado, convergen en un solo instante”. Eso fue lo que ocurrió en Pentecostés. Los discípulos estaban en un tiempo de espera. Había llegado el momento acordado para el banquete. Y entonces la hora señalada para la llegada del Espíritu Santo explotó en el aposento alto.
Puede que ahora mismo estés en una temporada que sientes como una sala de espera. Puede que hayas perdido una cita y te preguntaste si te descalificaron. Pero la hora establecida sigue firme en el calendario del Cielo. No depende de tu pasado. ¡Depende de la promesa de Dios!
El profeta Habacuc escribió: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3).
No se retrasará, pero no porque seamos perfectos o porque nuestros enemigos se hayan rendido, sino porque el tiempo establecido es un decreto, y un decreto del Cielo no se puede revertir.
El reloj no corre en tu contra. ¡Está funcionando a tu favor! Quédate quieto.
¡Llego la hora señalada!
Charlie
Shamp

