martes, 5 de mayo de 2020

“Qué hacer cuando se agotaron todas nuestras posibilidades”



Por Cindy Jacobs

La vida puede ser estresante. Nos pueden golpear las circunstancias que están más allá de nuestro control. En esos tiempos, podemos sentirnos abrumados por muchas emociones que, entre otras cosas, nos dicen: “Esto no es justo”.

Quizá usted no esté familiarizado con la imagen que describe a un gato colgando al final de una soga, con un cartel que dice: “¡Aguanta muchacho!”. Creo que la mayoría de nosotros tenemos momentos cuando nos vimos reflejados en ese gato. ¡Nos aferramos a nuestras emociones por nuestra amada vida!

Dos años antes que naciera nuestro hijo Daniel, Mike y yo tuvimos un sueño donde tendríamos un hijo. Era el hijo de nuestra promesa. Pero cuando llegó el momento del nacimiento de Daniel, hubo muchas complicaciones. ¡Nada fue como lo planeamos! Hicimos todo “bien”. Tuve que cuidar lo que comía, me controlaba regularmente y oraba por él. Aun así, no estaba preparada para la guerra espiritual que vendría alrededor de su nacimiento.

Primero, creía que tendría un parto normal después de haberme sometido a una cesárea por nuestra hija. Sin embargo, desarrollé una infección en el líquido amniótico que terminó requiriendo una cesárea de emergencia. Tuve mucha fiebre y Daniel estaba en peligro.

Segundo, cuando nació fue un “bebé azul”, porque no era capaz de producir sangre de la manera apropiada. Recuerdo notar que se veía azulado y su pie estaba torcido en un ángulo raro. Más tarde encontramos que su cuerpo no estaba creando glóbulos rojos, entonces tuvo que recibir transfusiones de sangre.

Tercero, como lo mencioné, su pie tenía un ángulo raro y se veía arrugado. Tenía un pie zambo, como mi madre. (Aunque estoy feliz porque ninguno de nuestros seis nietos tuvo pie zambo).

La primera noche luego de su nacimiento, los doctores solo me dijeron: “Está aguantando”. Aunque no podían decirme si viviría. ¡No es necesario decir que oramos duro! Sumado a todo esto, muchas mujeres en nuestra congregación tuvieron partos saludables en sus casas. Ninguna de ellas vino a verme durante cinco días porque había “fallado en la fe” o algo parecido.

Las buenas noticias fueron que Daniel se recuperó y comenzó a producir glóbulos rojos. Sin embargo, tuve que dejar el hospital sin él y volver tres veces al día para alimentarlo, todo mientras soportaba los dolores de la cesárea.

Forzando los límites
Definitivamente, podría afirmar que la vida era dura. Pero había más circunstancias que intensificaban esa situación que ya era difícil. Mike fue transferido a Dallas, Texas, desde otra ciudad, El Paso. Nuestra casa estuvo en venta cerca de un año y no se vendió hasta que nació Daniel. Había extraños entrando y saliendo de la casa, porque estaba en venta. Mi madre y la madre de Mike vinieron para ayudarme, porque vivíamos en una casa enorme de dos pisos y yo estaba convaleciente de una cirugía. ¡Se enloquecieron entre las dos y finalmente ambas se fueron! (Ahora están en el Cielo, así que me siento libre para compartir esta parte de la historia).

Debía llevar a Daniel para le colocaran yesos en su pie para que se enderezara. Debían quitárselo todas las semanas porque el doctor dijo que no quería arriesgarse a operarlo a esa edad tan temprana. Este proceso llevó un largo tiempo. Daniel lloraba y lloraba, ¡y yo también! Para completarla, yo tampoco me sentía bien. Las cosas se ponían cada vez más oscuras, oscuras y oscuras.

Gracias a Dios por mi única amiga que cuidó a mi hija cuando nació el bebé. Ella era policía estatal. Sin embargo, tuvimos que esperar hasta que Mike volviera a casa el viernes para tener comida, porque no podía conducir. Casi me arrastraba, subiendo y bajando las escaleras para alimentarla. Nadie traía comida, me hacían sentir como si no hubiera tenido la fe para parir de manera natural. Me sentía desesperadamente sola.

¡Una noche llegué al final de mis fuerzas! Entonces clamé al Señor: “¡Tú dijiste que no permitirías que pasara más de lo que podía soportar y ahora mismo tengo una opinión definitivamente diferente sobre eso! ¡No puedo soportarlo más!”. Más tarde, esa misma noche, Mike tuvo que salir a las 3 am para tomar el vuelo temprano hacia Dallas, por su trabajo en American Airlines. Le rogué que no se fuera, pero tuvo que irse para conservar su trabajo. Cuando se fue, le dije al Señor: “Señor, no pongas lo que te voy a decir en otros pies, más que los míos. Solo hablo por mí. ¡No creo que me ames! Si me amaras, todas estas cosas malas no me estarían ocurriendo. ¡Ya no puedo soportar esta situación!”

Cindy, Dios te ama
Luego de descargar mi alma ante Dios, me fui a dormir. ¡Por fin lo dije! Había dicho la verdad. Me quité todas las vestiduras religiosas. El día siguiente me sorprendí cuando llamaron a la puerta. Cuando respondí, en la puerta había una mujer que no conocía. Me dijo: “¿Usted es Cindy Jacobs?”. La miré extrañada y respondí: “Sí”. Me dijo que era la secretaria de una congregación que había visitado para dar un estudio bíblico. 

Me sacudió cuando siguió explicándome: “En medio de la noche, el Señor la puso en mi corazón con tanta intensidad que me sentí impulsada a encontrar su dirección y venir hasta su casa para decirle esto: Realmente Dios la ama”. Le agradecí y luego ella se retiró. Quise saber su nombre, porque estaría agradecida con ella para siempre.

Con tristeza, debo admitir que debería haberme convencido que Dios me amaba, pero eso no cambió totalmente mi corazón. Más tarde, ese mismo día, sonó el teléfono. Era un primo de Mike que no había visto durante muchos años. Me estaba llamando para ver cómo estaba. No sabía cómo lo supo, porque no teníamos comunicación en ese tiempo. Me dijo: “Cindy, Dios te ama”.

Ciertamente eso movió el dial de mis emociones más cerca de sentirme amada, pero Dios aún no había terminado. Volvió a sonar el teléfono en la tarde. Era el padre de una niña con la que fui al colegio cuando vivía en Phoenix, Arizona. Nunca me había llamado hasta ese momento. Tuvo que buscar mi número. Me dijo: “Cindy, en la mitad de la noche, me desperté para orar por ti. Dios te ama”.

¡Oh, Dios me amaba! Cuando llegué al final de mis fuerzas, deprimida y en soledad, Dios me conoció y me consoló. ¡Qué Padre grande y bueno!

¿Al final de todo?
Quizá usted se encuentra “al final de todo”. ¿Qué debe hacer?
1. Sea honesto con Dios. Él tiene hombros enormes y puede soportarlo.
2. Si es posible, no se aísle.
3. Considere esto como una nota de amor de Dios, porque Él lo ama y cuida de usted.
4. En ningún momento considere quitarse la vida.
5. Las respuestas y provisiones vienen en camino. Dios nunca llega tarde.
6. Dios sacará lo bueno de las circunstancias más difíciles y desafiantes.
7. ¡Aguante! ¡La ayuda del Señor viene en camino!



Cindy Jacobs

1 comentario:

Unknown dijo...

Poderosos mensaje gracias Profeta Bladimiro sus enseñanzas proféticas nos bendicen ..Gracias