jueves, 7 de mayo de 2009

Definiendo al espíritu de Babilonia

 

Dr. Bladimiro Wojtowicz

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El espíritu babilónico estuvo operando en la humanidad desde el mismo Edén, pero a lo largo de la historia tomó diferentes formas. El engaño de satanás hacia Eva fue el siguiente: “… ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal” (Génesis 3:4-5). El engaño bajo el cual opera el espíritu humanista es “seréis como dioses”. La cultura babilónica, humanista o posmoderna, levanta al hombre como el fin último de todas las cosas; todo por él y para él. No existe nada más allá de los hombres.

Cada siglo tuvo una representación particular de la cultura babilónica. Para batallar en contra de un enemigo y vencerlo, es necesario poder nombrarlo, describirlo y definirlo correctamente. En este siglo, el espíritu humanista tomó el nombre de Cultura Posmoderna o Posmodernismo. Toda cultura nace como un culto hacia algo o alguien; en este caso, es el culto hacia el hombre, desplazando a Dios como el centro de su vida.

El dilema de Josué cuando cruzó el Jordán era enfrentar y conquistar naciones para establecer la cultura hebrea. Durante 40 años, Josué tuvo que lidiar junto a Moisés con los problemas de la gente, pero se mantuvo viendo la manifestación de un único Dios que los acompañaba todos los días. Ahora había llegado el tiempo para demostrar esa convicción a la hora de arrasar las culturas y los cultos arraigados en la tierra de Canaán.

A continuación, veremos las características sobresalientes de este espíritu y cómo se manifiesta en nuestra sociedad actual.

Características de la sociedad posmoderna

Individualismo: Es abrazar la cultura de “yo primero”. Hoy en día la sociedad se caracteriza por un fuerte egoísmo, donde todos hacen lo posible para procurar su propia satisfacción. Si sobra algo, es para alguien con quien se mantiene un contacto personal directo. La competencia para llegar primero es una de las normas que rigen el comportamiento de nuestra sociedad, no importa cuántas personas deban quedar tiradas por el camino. Esta es unas de las grandes dificultades que enfrenta la Iglesia de hoy, porque aunque fue creada como un Cuerpo, la gente que la compone sigue pensando en términos de individuo.

Cultura comunitaria: Contrariamente a lo que podemos pensar acerca de este punto, no tiene nada que ver con la solidaridad. La cultura comunitaria apunta hacia la uniformidad de pensamiento que ese traduce en un mismo lenguaje, vestimenta, conductas y objetivos. Los diferentes deben ser señalados, apartados, aislados y, finalmente, anulados para que no atenten en contra del sistema.

Es el mismo espíritu que determinó la caída de la torre de Babel que apunta a lograr personas que no piensen por sí mismas, sino bajo la influencia del espíritu de este siglo. Esta cultura determina qué debe pensar la gente; por lo tanto, cómo deberá actuar. Si somos todos iguales, pensamos y hablamos lo mismo, nos transformamos en una masa fácilmente manipulable. En los países socialistas, las autoridades insisten en las ventajas de ser una sociedad humanista y disfrazan este engaño asociándolo con una actitud humanitaria. La gente asume que esto es así y cae víctima del engaño. Como todos sabemos, la forma de emplear las palabras nunca es inocente.

Las experiencias personales: En esta cultura se exalta el rol de las experiencias personales por encima de las convicciones. Es muy común ver personas que toman decisiones irracionales con tal de experimentar sensaciones nuevas. Vemos profesionales, intelectuales, políticos o gente de negocios, viajando días enteros para internarse en la selva con tal de experimentar algo nuevo, metidos en una cueva con un chamán. Otros se suben a un puente y se atan a una cuerda elástica para lanzarse al vacío y así experimentar el vértigo, aún con el riesgo de perder la vida. Los ejemplos son incontables, pero todos apuntan a descubrir nuevas sensaciones, cada vez más intensas.

Relativismo moral: Para la cultura posmoderna, las verdades dejaron de ser absolutas y pasaron a ser relativas. Para esta cultura, Dios dejó de ser un absoluto, un referente final para dirimir toda discusión moral como una fuente eterna que no cambia. Hoy cualquiera puede edificar su propio sistema de valores morales donde todo está permitido, mientras no transgredan el sistema legal vigente. Cada persona se transformó en un dios que determina los valores morales de su propio universo personal.

Verdades subjetivas: Cada persona edifica su propia verdad, como ya no hay absolutos, tampoco hay verdades capaces de determinar las conductas de las personas. Esto deja un espacio amplio para que cualquiera les diga cómo pensar o cómo conducirse ante la vida.

Espiritualidad exagerada: Existe una exacerbación de la búsqueda espiritual en las personas. Hoy en día es común ver a la gente haciendo las cosas más inverosímiles para encontrar cualquier verdad que los satisfaga. Suben montes enormes, se internan días en medio de la selva o abrazan los ritos más perversos, con tal de hallar satisfacción en la verdad que decidieron seguir. La espiritualidad implica una búsqueda por cualquier camino que calme esa sed interior y no tiene nada que ver con la vida en el Espíritu que conocemos los hijos de Dios. El espíritu humanista sostiene que cualquier cosa que calme la ansiedad espiritual del hombre es permitida, provenga de donde sea.

Pluralismo: Esta es una característica muy marcada en la sociedad actual, donde todo culto está permitido y es válido, mientras la persona se sienta bien. Así encontramos cristianos que practican Yoga o Meditación trascendental. Podemos ver casas donde existen estatuas de Santa Bárbara o la virgen María, junto a altares de Buda o fotos de Sai Baba. Como consecuencia del relativismo moral, donde no existen verdades absolutas, cada persona inventa su propia religión con la cual se sienta bien, aún mezclando diversos ritos y creencias. Para la cultura posmoderna actual, Dios dejó de ser el único y verdadero, para integrarse a una “corte de dioses” junto a Buda, Mahoma, Sai Baba, Gilda, Maradona, José Gregorio Hernández, etc. Puedo hacer con mi vida lo que quiera, mientras las leyes no condenen mi conducta por dañar a terceros.

Consumismo: Esta conducta no está relacionada con sistemas económicos como el capitalismo o el socialismo. Está motivada por el vacío espiritual de la sociedad actual, donde se pretende llenar ese espacio con la adquisición de bienes materiales. En esta sociedad, el éxito está determinado por la cantidad de “juguetes nuevos y cada vez más caros” que una persona haya logrado conseguir a lo largo de su vida. Se nos presenta a los artistas y empresarios que amasaron fortunas multimillonarias, gastándolas en objetos con adornos extravagantes como anillos, pulseras, relojes, autos, mansiones, yates, etc, como modelos a seguir. Ante cada evento social, deben aparecer con algo nuevo y más caro que el anterior para poder seguir figurando de los medios de comunicación. Pero este mismo espíritu se transmite hacia todo el resto de la sociedad cuando compran desde un teléfono celular hasta un pantalón. Esta carrera está alimentada por la necesidad imperiosa de mostrar una imagen exterior de éxito.

Características de la fe posmoderna

Emocional: Como en la cultura de este tiempo se hace un énfasis en buscar experiencias de vida cada vez más intensas, se requiere una fe que pueda ser motivada desde las emociones. Por eso cuando muere algún ídolo de la sociedad de una manera trágica, comienzan a aparecer altares en el sitio de su muerte y al poco tiempo ya se le atribuyen milagros.

Sincretista: En la conciencia de la sociedad actual, el rol de Dios pasó de ser el Único y el Todopoderoso, a ser considerado como uno de tantos dioses. Esta reducción da lugar a que cada persona pueda diseñar y elaborar un dios a su medida, generalmente tomando a otros dioses y mezclándolos como si fueran ingredientes de una gran ensalada. Los domingos van a la Iglesia, pero a la salida le dejan una ofrenda al santo de su elección y al llegar a su casa depositan unas monedas delante de un altar de Buda, para la buena suerte. Este es sólo un ejemplo de lo que significa la fe sincretista de nuestros tiempos.

Festiva: Cualquier celebración cívica o religiosa, tiene un trasfondo cultural y toda cultura nace de un culto a alguna entidad espiritual. Cada festividad persigue mantener vivo en el recuerdo de la gente algún hecho histórico o espiritual, evocándolo periódicamente. Durante los días que dure la fiesta, se realizan toda clase de ritos dedicados a celebrar lo que está consagrado en esa fecha. Dentro de esta cultura podemos citar desde fiestas patrias o fiestas patronales hasta los grandes recitales masivos o fiestas libres, donde se realizan toda clase de ritos paganos y se consumen grandes cantidades de droga y alcohol. Durante esos días, las barreras morales de la gente se relajan y no dudan en involucrarse en todas las actividades que se les propongan, sólo por el hecho de “pasarla bien”. Es muy común encontrar que unos de los motivos de consulta más frecuentes en las procesiones religiosas, sean la intoxicación alcohólica y las lesiones por riñas. Aparentemente es un contrasentido en un evento de estas características, pero tiene su explicación espiritual a la luz de la fe posmoderna que los lleva a depender del rito.

Narrativa: Esta característica tiene que ver con el espíritu griego que permeó la sociedad, donde se concibe a Dios como una idea o una imagen mental. Esto da lugar a toda clase de argumentos para apoyar y sostener nuestra propia idea de Dios. Cuando confrontamos a personas que no hacen lo correcto, es muy común encontrarnos con una excusa. Esto no es ni más ni menos que elaborar un argumento para tratar de explicar por qué no obedecieron a un principio absoluto. En lugar de decir “lo siento, me equivoqué”; caen en el error de Adán al tratar de justificar una situación, pero desde su propia justicia y no según los principios del Reino de Dios.

Cómoda: Una mentalidad que reclama el placer personal, requiere una fe orientada hacia todas las cosas que nos traigan placer y nos lleva a alejarnos de todo aquello que implique una carga. Hoy en día todas las técnicas para incentivar el consumo en las personas tienen como punto principal la comodidad. Sea por medio de una tarjeta de crédito o un préstamo bancario, todo lo que necesario para acceder a las cosas que se nos ocurran está al alcance de la mano. Por eso muchas personas prefieren un mensaje de oferta, donde se nos promete prosperidad y felicidad, en lugar de las demandas y desafíos que nos presenta el Reino de Dios.

Tolerante: La falta de conciencia de lo que significan los valores absolutos del Reino, nos hace ser tolerantes con cosas que Dios nunca tolera. Solemos disfrazar la tolerancia detrás de frases como “todos estamos en proceso” dentro del Reino. Esto no es otra cosa que el reflejo de la relatividad moral que reina en la sociedad. Mientras la Escritura dice que la adicción a las drogas es un pecado porque atenta contra la integridad del cuerpo que Dios nos dio, muchos sostienen que es una enfermedad y no un pecado.

Sin compromiso: Como en la sociedad reina un espíritu hedonista que siempre nos empuja a buscar la satisfacción personal, nos alejaremos de cualquier compromiso que atente contra nuestro placer individual. Rechazaremos cualquier situación que altere la rutina de culto con la cual asumimos un nivel de compromiso. Los problemas comenzarán cuando el Reino nos demande un paso más para recorrer la segunda milla, en ese momento quedará expuesta nuestra falta de compromiso.

Espiritualizada: Una sociedad donde existe una búsqueda intensa de nuevas experiencias espirituales para tratar de saciar la sed del corazón de la gente, requiere una fe “espiritualizada”. Esto no tiene nada que ver con ser una persona espiritual y desarrollar una relación íntima con el Espíritu Santo, sino con asumir conductas religiosas. Así podemos ver una gran cantidad de personas que se vuelcan hacia el misticismo, dentro y fuera de la Iglesia por tener comezón de oír.

Palabras finales:

Sin lugar a dudas, como hijos de Dios enfrentamos tiempos donde más que nunca tenemos que ejercitarnos en la defensa de nuestra fe. Ante tantas “opciones aceptadas” por la sociedad para alcanzar la felicidad en la vida, debemos manifestar el poder de la única opción: Jesucristo; el Camino, la Verdad y la Vida. Nuestro desafío es identificar permanentemente en nuestra vida cualquier raíz de las que se describen en este artículo y arrancarla en el Nombre de Jesús. Si tan sólo nos detenemos a reflexionar unos momentos acerca de todos estos puntos, podremos ver con toda claridad que nuestro enemigo llamado “cultura babilónica”, tiene forma, tiene nombre y sabemos cómo actúa. Estas son las tres condiciones indispensables para vencer a cualquier enemigo.

Profetas Bladimiro y Magui Wojtowicz

4 comentarios:

GerardoA dijo...

Apreciado Amigo, Exelente desarrollo tématico. Es de lo mejor en detalles sobre el tema y bien delineado. Creo que es un tema que debe ser de conocimiento público.
Ojalá los púlpitos te permitan lanzar las arenjas del mismo, es candente y conciente. Un abrazo a tí y Maggi. bendiciones en todo lo que emprendas en este tiempo de Gracia. Kadosh. G.A.

GerardoA dijo...

Te sugiero añadir el gaget, SEGUIDORES. Así podemos hacerte el seguimiento y otros amigos de la Red lo verán para seguirlo igual. Un abrazo

Marcos PIn B. dijo...

Bendiciones amado profeta, le saluda el pastor Marcos Pin, excelente contenido y muy revelador. Con su permiso tomaré parte de su estudio para traer una enseñanza de Sistema del Reino vs Sistemas del mundo que, obviamente, se ve dominado por el espíritu de Babilonia.

Jehová lo bendiga y lo guarde.

Seba Caballero dijo...

Estimado le agradezco mucho el material ya q ayuda a aclarar ciertos panoramas del comportamiento humano en la iglesia. Por otro lado me gustaría q siga desarrollando el tema ya q es muy interesante. Saludos