jueves, 14 de abril de 2016

“¡Dios está restaurando! ¡Tome su lecho y camine!”

Por Paulette Reed

Un milagro
Como algunos de ustedes saben, fui infectada con el virus Chikungunya en Mayo de 2014 mientras estaba en Haiti y esto me produjo fuertes dolores para caminar. Los doctores me dijeron que podía demorar más de dos años hasta que mi cuerpo sanara por completo. Aunque me estaba recuperando bien, recuperando fortaleza cada día y alabando a mi Sanador, evidentemente se aproximaba el segundo aniversario, entonces el Gran Médico decidió que era tiempo de cerrar ese asunto.

Mientras estaba sentada en mi estudio el 4 de Febrero del 2016, experimenté un encuentro sobrenatural con el Señor cuando repentinamente le habló a mi espíritu y me dijo: “Toma tu lecho y anda”. Sentí como si un rayo del Cielo atravesara mi cuerpo, incluso me hizo gritar. El encuentro con Dios duró varios segundos y fue una experiencia poderosa que cambió mi vida.

Desde ese día en adelante estuve caminando, saltando y alabando a Dios. Se renovó mi juventud. Mientras continuaba caminando, iba de fortaleza en fortaleza y de gloria en gloria. Inmediatamente comencé a perder el peso extra que adquirí durante la enfermedad, casi medio kilo por día. Ese día asombroso la Palabra viviente estaba viva y activa en mi estudio, entonces fui restaurada y llena. ¡Esto es lo que Jesús quiere para usted!

Levante su lecho
Juan 5 nos enseña sobre el estanque de Betesda, donde se reunían muchos enfermos, ciegos, cojos y debilitados a esperar que un ángel agitara las aguas. Cuando las aguas se agitaban, la primera persona que entraba en ellas se sanaba de cualquier enfermedad que estuviera padeciendo. Ser el primero en meterse en el estanque aquí no implica un punto en el tiempo; en lugar de ello, involucra a aquellos que buscan el amor de Dios, su Reino y su justicia.

Juan nos dice que allí estaba cierto hombre que llevaba 38 años sin poder caminar. Cuando Jesús llegó, pudo ver a un hombre recostado y se dio cuenta que no pudo caminar por muchos años. Entonces Jesús le preguntó: “¿Quieres ser sano?” (Juan 5:6). El hombre explicó que no tenía quién lo ayudara. Luego de oír esto, Jesús le dijo al hombre: “‘Levántate, toma tu lecho y anda’. Inmediatamente el hombre fue sano, tomó su lecho y caminó…” (Juan 5:8-9). Cuando Jesús habla, tenemos una prueba de la omnipotencia de Cristo. Él no solo restauró la salud de este hombre, les dejó una evidencia a todos en ese lugar que fue un milagro real.

Algunos de ustedes quizá quieran preguntarle al Señor si estuvieron postrados en su cama demasiado tiempo. Cuando el Señor dice “levántate”, es una orden desde el Cielo. Es asombroso saber que este hombre fue restaurado por completo, recuperó sus fuerzas y fue capaz de levantar su cama y andar. Hoy podemos recibir la misma orden de sanidad. Solo requiere una palabra de Jesús para restaurarnos por completo. El hombre en el estanque estaba paralizado, su cuerpo retorcido y era incapaz de caminar, pero cuando Jesús habló, fue restaurado. Creo que es asombroso que la palabra Chikungunya signifique “retorcido”. ¡Si se sintió paralizado de alguna manera, recuerde que nuestro Dios es asombroso!

Calificadores
Si estamos experimentando restauración, debemos creer en un verdadero Dios y en su Palabra viviente. Dios nos prometió esto mismo por medio de Joel: “Yo les compensaré a ustedes por los años en que todo lo devoró ese gran ejército de langostas que envié contra ustedes: las grandes, las pequeñas, las larvas y las orugas” (Joel 2:25). Qué magnífica promesa, ¿cree en esto? Estuve allí el tiempo suficiente como para poder decretar: “¡Dios guarda sus promesas! No siempre estarán alineadas con nuestra agenda, pero siempre estarán ajustadas a la agenda del Padre”.

Si vamos a experimentar restauración y plenitud, necesitamos arrepentirnos. Un gran ejército de langostas fue enviado entre el pueblo de Dios. ¿Quién envió esta invasión? Dios lo hizo. Joel está hablando de un tiempo cuando un gran imperio dominaba a Israel debido a sus pecados y su negativa a arrepentirse. Las langostas que consumían todo eran un tipo específico de langostas (gryllus gregarious) y podían hacer que las cosas desaparecieran repentinamente debido a la velocidad con la cual se movían por la tierra, desnudándola por completo. Si nos volvemos a Dios una vez más con todo nuestro corazón, cambiando la manera como pensamos y nuestro estilo de vida, entonces no existen pistas de aterrizaje para que los espíritus malignos invadan y devoren.

La verdad y toda la verdad
Restaurar significa que Dios hace restitución por lo que nos quitaron. Significa completar, terminar y asegurar. Es interesante ver que la palabra hebrea para restauración tiene la misma raíz que la palabra shalom. Esto implica que Dios nos completa, nos fortalece y restaura nuestra paz. Cuando Dios dice que Él nos restaurará todo lo que comió la langosta, está prometiendo hacernos plenos y completos. En consecuencia, nos volverá a encaminar hacia nuestros destinos.
Dios no solo está hablando de restaurar unos pocos días; restaurará los años que fueron perdidos. Este es un acto sobrenatural de Dios. Quizá algunos de los años perdidos llegaron debido a nuestras decisiones pobres, quizá se perdieron debido a las decisiones de otros o a circunstancias que escaparon a nuestro control. Cualquiera sea el caso, Dios promete restaurarnos y nos dice hoy: “¡Restauraré todos esos años!”.

¿Qué puede restaurar Dios?
Como servimos al Dios de la restauración, podríamos preguntarnos: “¿Qué puede restaurar Dios?”. La respuesta es que Dios puede restaurar todo lo que perdimos, nada es imposible para Él (ver Lucas 1:37). Dios puede restaurarle cualquier cosa que haya perdido en su vida, cualquier cosa que le hayan robado y cualquier cosa que le hayan quitado. No solo eso, Dios también le puede restaurar cualquier cosa que haya dejado a un lado.

Considere a Abraham, quien decidió voluntariamente subir el monte Moriah con su hijo Isaac y prepararse para sacrificarlo en obediencia a la orden de Dios. Mientras Abraham sostenía el cuchillo sobre su cabeza, Dios le ordenó: “¡Detente! Ahora sé que me amas”. Como Abraham no tuvo problemas para entregar al hijo de la promesa, Dios le entregó muchos más hijos, haciéndolo “padre de muchas naciones”.

Jesús también nos prometió: “Y todo el que por mi causa haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o terrenos, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna” (Mateo 19:29). En otras palabras, Dios nos devolverá todo lo que dejamos atrás. ¿Qué sacrificó? ¿Entregó tiempo o dinero? ¿Le quitaron su salud, su gozo, su matrimonio o su negocio? Estoy aquí para gritarle desde los tejados que Dios está por restaurar todo lo que el enemigo le quitó. Me mostró con claridad que habrá una cosecha antes de la Gran Cosecha. Estamos por ver la mayor cosecha de almas que haya visto la humanidad y es importante estar bendecido para poder bendecir a miles.

• Qué maravilloso es colgarse de las promesas de Dios y saber que Él restaura las fuerzas, la energía, la pasión y la motivación, aún en los ancianos. Después de haber perdido a su esposo y a sus hijos, la mujer le dijo a Noemí cerca del final de su vida: “Este niño renovará tu vida y te sustentará en la vejez…” (Rut 4:15).

• Dios puede restaurar su carne: “¡Llévatela otra vez al pecho! insistió el Señor. Moisés se llevó de nuevo la mano al pecho y, cuando la sacó, la tenía tan sana como el resto de su cuerpo” (Éxodo 4:7).

• Si usted perdió una propiedad, debe saber que Dios también es capaz de devolvérsela: “No temas, pues en memoria de tu padre Jonatán he decidido beneficiarte. Voy a devolverte todas las tierras que pertenecían a tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante te sentarás a mi mesa” (2 Samuel 9:7).

• Las posiciones también se pueden restaurar: “Al jefe de los coperos lo restituyó en su cargo para que, una vez más, pusiera la copa en manos del faraón” (Génesis 40:21).

• Nuestro Dios de misericordia, compasión y amor puede restaurar todo lo caído: “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado” (Gálatas 6:1). Entonces, Dios no solo restaura nuestras vidas, luego nos usa para restaurar a otros. En otras palabras, Pablo dijo: “… quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren” (2 Corintios 1:4).

• Si perdió su salud, sepa que Dios es el único que puede restaurarle su salud. Dijo a través de Jeremías: “Pero yo te restauraré y sanaré tus heridas, afirma el Señor, porque te han llamado la Desechada, la pobre Sión, la que a nadie le importa” (Jeremías 30:17).

• Las finanzas también se pueden restaurar como vemos en Génesis 42:25: “José dio también la orden de que llenaran de alimentos sus costales, que repusieran en cada una de sus bolsas el dinero que habían pagado, y que les dieran provisiones para el viaje. Y así se hizo”.

• Dios incluso promete restaurar los daños que ocurrieron en nuestra alma (mente, voluntad y emociones), para que podamos volver a prosperar: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 1:2).

• Finalmente, pero no por ello menos importante, si nos sentimos desalentados debemos recordar que Dios es el único que puede restaurar nuestro gozo: “Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga” (Salmo 51:12). Amados, el gozo del Señor es nuestra fortaleza. Si perdemos nuestro gozo, entonces perderemos nuestras fuerzas.

La conclusión del asunto
No importa lo que esté atravesando hoy, descanse seguro porque servimos a un Dios restaurador. La restauración es su manera de actuar. Incluso envió a su único Hijo para traer restauración a la tierra. Como puede ver, Jesús fue hasta el final para restaurarnos como pueblo de Dios, murió para que podamos ser restaurados a la vida.

Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. Jesús vino para redimir y restaurar todo lo que perdió Adán en la caída al rendirse ante el enemigo. Cuando Adán y Eva pecaron, permitieron que el enemigo tuviera acceso a sus vidas (cuerpo, alma y espíritu). Pero Jesús vino para derrotar al enemigo y darnos vida… abundantemente. Juan escribió: “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo” (1 Juan 3:8).

Jesús le dio tres órdenes al paralítico en Juan 5:8: “levántate, toma tu lecho y anda”. Hoy Jesús nos está ordenando levantarnos sobre los caminos terrenales y entrar en los estanques celestiales de gloria, porque la gloria de Dios es la fuente divina de todo lo bueno. Tomar nuestro lecho y caminar significa una forma de darle a Dios la gloria en nuestra sanidad y restauración. No somos mendigos tirados sobre una manta, somos embajadores de Cristo caminando y viviendo en la vida abundante. Dios quiere que seamos milagros para que cuando el mundo nos vea, se pregunte: “¿Cómo puedo conocer a este Jesús que opera milagros?”.

Betesda significa “casa de misericordia o casa de gracia”. Es maravilloso saber que la misericordia de Dios reina sobre el juicio, porque Él derrama su gracia sobre huesos blancos y secos. Es tiempo para afirmarnos sobre nuestros pies y ser un ejército extremadamente grande. Es tiempo de creer y hablar las promesas de Dios. Es tiempo de abrir nuestras bocas, hablándole vida a cada situación, porque se nos recuerda que “la vida y la muerte están en el poder de la lengua” (Proverbios 18:21). El poder de Dios se suelta cuando lo soltamos.

¿Se siente paralizado por la vida hoy, o quizá esté ciego o paralítico a nivel físico, mental, emocional o aun espiritual? ¿Se siente como postrado junto al estanque por años esperando ayuda o quizá al ángel de Dios que agite milagrosamente las aguas con el poder sanador? Bien, ¿no es fascinante que luego de esperar 38 años, el hombre que fue sano no necesitara entrar en el estanque? Jesús entró en la escena, lo señaló y lo llenó.

Debemos hacernos esa misma pregunta de diagnóstico que Jesús hizo muchos años atrás: “¿Quiero ser sano?”. Jesús hizo la pregunta para identificar la necesidad. ¿Hay una adicción, un hábito o un comportamiento en el cual nos deleitamos demasiado y en realidad no queremos ser sanos? Deberíamos estar listos cuando respondamos la pregunta, porque la sanidad y la llenura traen una tremenda responsabilidad para caminar en la plenitud de Dios y cumplir la Gran Comisión.

Hoy es un gran día para los milagros. Es un gran día para levantarnos y pelear la buena batalla como un campeón de Dios. Jesús es el Restaurador, nos señalará y nos dirá: “¡Es tu turno para levantarte y caminar!”.

Paulette Reed

(www.elijahlist.com)

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