viernes, 8 de junio de 2018

“El reposo que Dios quiere que poseamos”


Por Ben Peters

El Espíritu de Dios está revoloteando sobre su Iglesia, tomando su mano con poder y gracia para guiarla hacia su lugar de reposo. Hebreos 4 declara que esto está disponible para todos sus hijos. Esta invitación a este reposo aparentemente místico está incrementando su intensidad.

Podemos definir la palabra “reposo” de dos maneras diferentes: Alguien que permanece (como en el resto de la historia) o como alguien que deja de trabajar para ser fortalecido. Pero el “reposo” de Hebreos 4 involucra ambos. Hebreos 4:9 declara: “Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios”. Por tanto, las Escrituras nos dicen que hay más del “reposo” que Dios nos dio que necesitamos poseer. En otras palabras, necesitamos poseer el “reposo” de lo que Dios tiene para nosotros. Este es “el” reposo.

Israel tuvo algunas bendiciones asombrosas en el desierto que siguieron a una victoria asombrosa sobre Egipto, pero la mayor bendición aún no fue reclamada y el resto de sus bendiciones siguen esperando por ellos.

Entrando en el reposo del Señor: Nuestra habitación
La palabra “reposo” en hebreo y en griego significa “habitación”, y creo que tiene un significado profundo para la Iglesia de hoy. Este reposo es más que solo dejar de trabajar, también es la habilidad para disfrutar completamente de nuestras posesiones. Israel no entró en su morada por su incredulidad. La Tierra Prometida era su morada.

Es como llegar a casa luego de un largo viaje. No descansaremos verdaderamente hasta llegar a nuestra propia casa y recostarnos en nuestra propia cama, etc. Nos hemos quedado en algunos hoteles y moteles bonitos, así como en algunos hogares hermosos, pero no descansaremos por completo hasta llegar a nuestra propia casa, aunque sea la más humilde. Nuestra alma anhela por ese descanso emocional completo que solo viene cuando nos encontramos donde sentimos que podemos ser nosotros mismos.

Nuestro reposo en Dios es algo así. Ahora podemos tener la vida eterna, pero sin poseer por completo lo que Dios proveyó para nosotros. El Señor quiere que seamos guiados hacia la plenitud de sus promesas y avanzar en la posesión de la tierra que nos está esperando.

La versión Reina Valera traduce el pasaje de Hebreos 4:11 como: “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia”. La palabra “procurar” en realidad significa “apresurarse y en consecuencia, poner diligencia”. El pecado de incredulidad de Israel los hizo demorar su accionar y esto los llevó a vagar por el desierto sin entrar en su reposo durante 40 años. Cuando Dios está dispuesto a bendecirnos, debemos apresurarnos a actuar y confiar plenamente en Él.

Israel tenía la posesión de su libertad de la esclavitud. Era mucho mejor que la esclavitud, pero Dios quería darles la plenitud de la bendición de su propia tierra. Se la perdieron debido al temor y la incredulidad, los socios para robarnos siempre a nosotros y para robarle a Dios.

Nuestra Tierra Prometida
Cuando leemos Hebreos 4, podemos perdernos la aplicación para la Iglesia. Así como Israel, bajo Abraham, Isaac y Jacob, poseyó la tierra de Canaán por tres generaciones, la Iglesia también poseyó su territorio en los primeros días de su historia. Así como el Israel natural recibió un territorio natural para poseer, el Israel espiritual (la Iglesia), recibió un territorio espiritual que debe poseer.

Ese don maravilloso fue la plenitud de la presencia manifiesta de Dios que produjo un fruto y un poder increíbles, luego de la manifestación del Espíritu Santo en Hechos 2. El fruto espiritual fue el nivel asombroso de desprendimiento y generosidad. El poder fueron los milagros de sanidad, liberación y resurrección, resultando en miles de almas salvadas.

Esta fue la Tierra Prometida de la Iglesia temprana. Jesús les entregó la promesa repetida en Juan 14-17 y una vez más en Hechos 1:8, donde Él les dijo que recibirían poder cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos, transformándolos en testigos en su hogar y más allá.

Israel había perdido sus posesiones durante 400 años antes de poder reclamarla por medio de muchas batallas en su Tierra Prometida. Asimismo, la Iglesia perdió sus posesiones por más de mil años y le tomó varios cientos de años, comenzando por la Reforma, para llegar al lugar donde estamos hoy y reclamar sus posesiones espirituales.

Es tiempo para poseer el reposo… ¡la tierra!
Como Josué antes de su muerte, creo que Jesús (cuyo nombre es una variación del nombre Josué), está llamando a la Iglesia a culminar la recuperación de sus territorios en manos del enemigo. El Señor quiere darle un golpe mortal a las falsas doctrinas como el cesacionismo (que niega los milagros en nuestros días), demostrándole a las naciones su poder y su soberanía. Como Iglesia, ¿estamos listos para avanzar y poseer la habitación de nuestra herencia?

Puedo oír la voz de Dios exhortándonos:
“Avanza y posee la tierra. Ya te la entregué hace 2000 años. No temas a los gigantes en la tierra, sean religiosos, políticos o líderes en cualquier monte de la sociedad. Ya los entregué en tus manos. Solo escucha y obedece. Cuando te diga que marches alrededor de Jericó siete veces, no dudes en hacerlo. Confía en Mí y te mostraré mi diestra de poder”.

“¿No le ordené a Josué que fuera fuerte y valiente? Esa es la misma instrucción que le entregué a mi Iglesia. Levántate y posee tus posesiones, para que puedas entrar verdaderamente en tu reposo perfecto. Solo así puedo demostrarles mi amor y mi poder a los perdidos a través de ella. Escucha y obedece, entonces te usaré para edificar mi Reino”

Ben R. Peters
(www.elijahlist.com)



1 comentario:

Ivan Rodriguez dijo...

Así es. Recuperaremos lo que nos pertenece por heredad, nuestro Reposo perfecto.