lunes, 10 de septiembre de 2012

“La generación que se crió a sí misma: Una generación bajo amenaza”

Por Catherine Brown

Catherine Brown 2Padres sin paternidad

Mientras oraba temprano, el Señor me habló sobre una generación de padres sin paternidad. Una generación que se crió a sí misma, sin experimentar el contacto parental (tanto físico como espiritual) y que ahora se está levantando como líderes en su generación sin la habilidad, el don o la experiencia de tener una cobertura paternal. Esta generación anhela padres y madres en la fe, porque no los tuvieron de una manera apropiada.

El apóstol Pablo le habló a la Iglesia en Corinto sobre un asunto similar en su vida: “De hecho, aunque tuvieran ustedes miles de tutores en Cristo, padres sí que no tienen muchos, porque mediante el evangelio yo fui el padre que los engendró en Cristo Jesús” (1 Corintios 4:15). ¡Gloria a Dios que en Cristo el Evangelio crea relaciones de pacto a través de las cuales los padres y madres espirituales se están levantando en las naciones para servir a la siguiente generación!

La intención de Dios es que la unidad familiar revelaría su gloria en toda la tierra (Génesis 1:28). Además, su deseo es que los hombres y mujeres trabajen juntos en Cristo para ser fructíferos y caminar en dominio, desatando el gobierno de Dios sobre la tierra mientras lo sirven en sumisión a su voluntad y entre sí.

Satanás peleó contra la paternidad de Dios en cada generación desde que comenzó el tiempo y buscó disgregar la unidad familiar por todas las formas posibles. El enemigo busca profanar y diezmar la paternidad en todas las esferas de la sociedad.

A pesar de este asalto terrible en estos tiempos finales, creo que Dios está derramando una gracia exponencial sobre el Cuerpo de Cristo para experimentar su paternidad tri-generacional. Una de las maneras como el Señor está haciendo esto es restaurando los padres y madres espirituales en la Iglesia. Esta generación emergente no se perderá con una mentalidad de huérfanos, será amada en sanidad y plenitud para caminar en la identidad que Dios les entregó como sus hijos e hijas legítimas.

Paternidad y maternidad en la fe

El aspecto de la paternidad en la fe no tiene que ver con el género. Los padres y madres apostólicas tienen el corazón de Dios el Padre para su Iglesia y sus hijos. El apóstol Pablo usó ambos términos, padre y madre, figurativamente para hablarles a sus hijos espirituales en Tesalónica:

“Tampoco hemos buscado honores de nadie; ni de ustedes ni de otros. Aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido ser exigentes con ustedes, los tratamos con delicadeza. Como una madre que amamanta y cuida a sus hijos…” (1 Tesalonisenses 2:6-7).

“Saben también que a cada uno de ustedes lo hemos tratado como trata un padre a sus propios hijos. Los hemos animado, consolado y exhortado a llevar una vida digna de Dios, que los llama a su reino y a su gloria” (1 Tesalonisenses 2:11-12).

Con frecuencia Pablo peleó en oración por sus discípulos, hasta que Cristo sea formado en ustedes…, comparando esta intercesión con el dolor de dar a luz, aunque obviamente nunca había parido. Podemos ver que el apóstol Pablo relacionó los aspectos de la maternidad femenina con la paternidad masculina (Gálatas 4:19-20).

En ese mismo plano vemos a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote y Apóstol, para regocijarnos en el hecho que Jesús vivió para glorificar al Padre caminando en obediencia a su voluntad. Jesús vino para revelar el amor del Padre en toda su simplicidad y complejidad. En la cruz del Calvario, Cristo quebró cada muro de división (cultural, generacional, social y de género, sólo por mencionar algunos). Nos llamó a una vida de rendición, obediencia y amor.

“En Cristo Jesús de nada vale estar o no estar circuncidados; lo que vale es la fe que actúa mediante el amor” (Gálatas 5:6).

Es esencial que los padres y madres espirituales de esta “generación que se crió a sí misma”, comprendan la generación que se está levantando. Podríamos evitar muchos malos entendidos innecesarios, errores en las relaciones y abortos espirituales que nos llevan a sufrir retrasos en nuestro destino o destrucción si tomáramos tiempo para comprender el carácter de aquellos que discipulamos.

Moisés, nuestro modelo

Estudiando la vida de Moisés pude ver cómo Dios lo usó como un padre espiritual para una nación. Demos un paso hacia atrás en el tiempo, hacia los comienzos humildes de Moisés. Es alarmante ver que nació bajo una amenaza de muerte que pudo aniquilar potencialmente a su pueblo. Los varones de su generación estaban en peligro de muerte debido al edicto dictado por el Faraón, donde todo hijo de hebreos debía ser arrojado al río Nilo para morir (Éxodo 1:22). Moisés significa “salvado de ahogarse”. Dios lo salvó de ahogarse y lo puso a buen resguardo para que pudiera cumplir el plan de Dios para su vida. Dios continúa en el negocio de llamar y rescatar a una generación que satanás quiere destruir.

Hemos visto cuánto necesitaba Moisés la ayuda de Jetro (su suegro) para llegar a ser un buen padre para otros. La única experiencia real de paternidad anterior de Moisés fue en la corte del Faraón mientras crecía. Su visión de la autoridad estaba filtrada a través de los lentes del ejercicio del gobierno sin una relación íntima con la figura cercana de un padre. La distorsión de la autoridad paternal en este nivel clave del desarrollo humano, afecta nuestra comprensión de nuestra identidad, crea inseguridad y provoca cuestionamientos legítimos sobre la manifestación de nuestro destino. Dios también tuvo que tratar con esta inseguridad en la vida de su siervo Moisés.

Mi intención es compartir algunas impresiones de la vida de Moisés en su experiencia transformadora de ser sano de la inseguridad y los problemas de identidad. Así podría ser más un padre para el pueblo judío que estaba llamado a liderar. Cuán maravilloso es ver la unción de Dios en Moisés como un líder formado y poder ver su proceso y su viaje de fe con el Padre que lo llevó hasta ese punto. Moisés mismo dijo: “Soy un extranjero en tierra extraña” (Éxodo 2:22).

Podemos ver con claridad cómo el hombre de Dios luchaba con su propia identidad por haber crecido en la corte del Faraón, aunque tenía un corazón hebreo. Moisés debía atravesar ciertas lecciones de vida para vencer sus tendencias “auto paternales”, antes de ser sano y transformado en un padre para la nación. Es interesante que esta búsqueda interior se extendiera hasta el nacimiento del primer hijo de Moisés, al cual llamó Gerson, un nombre que suena como la definición hebrea “un extranjero allí”.

Cuando Dios empujó a Moisés hacia la paternidad, fue capaz de sanar las áreas de inseguridad y las heridas en su vida. La falta de paternidad no ocurrió por un error de Moisés y Dios proveyó a una persona como Jetro para suplir esta falta en el momento oportuno. En verdad, la mayoría de nosotros experimentamos los mismos procesos bajo la guía de Dios y mientras forma nuestra vida, trabaja para manifestar su propósito y sus planes en nosotros. La necesidad de ser padres espirituales para otros puede servir como un catalizador en nuestra vida para llevarnos a ser sanos de las tendencias hacia la “auto paternidad”.

Dios lo bendiga hoy mientras sigue su llamado eterno en su vida.

En su gracia,

Catherine Brown

miércoles, 29 de agosto de 2012

“Saliendo de nuestra prueba en el desierto para entrar en la promesa y el poder”

Por Patricia King

clip_image002¡Muchos de los que están leyendo esta palabra estarán saliendo de un lugar de pruebas severas para entrar en un lugar de promesa y poder! Será un tiempo fantástico y fructífero para nosotros.

Cuando Jesús completó su tiempo de prueba en el desierto, fue hacia Galilea en el poder del Espíritu, “… anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente” (Mateo 4:23).

Cuando Israel salió de su tiempo de prueba en el desierto, entró en su Tierra Prometida (ver los libros de Éxodo y Josué). Con el correr de los años pude observar consistentemente este patrón en las vidas de los creyentes. Luego del tiempo de la prueba llega el cumplimiento de la promesa y el poder. Conozco esta verdad en mi propia vida. Existen algunos puntos que observar en los dos escenarios mencionados antes que nos ayudarán a posicionarnos para el mejor tiempo que hayamos conocido.

Clave 1: Enfrente la tentación con la determinación para vencer

Jesús no huyó de la presión del enemigo y tampoco temió o se debilitó en medio del ataque del tentador. Enfrentó cada tentación con seguridad y confianza, determinado a vencer las mentiras del enemigo. Por otro lado, Israel se rindió muy rápido cuando tuvo que enfrentar las dificultades. Eligieron temer en lugar de enfrentar las tentaciones con fe. Como resultado, toda una generación no pudo entrar a la Tierra Prometida. ¿Qué está susurrando el enemigo en nuestros oídos? No somos débiles, somos fuertes. Jesús ya enfrentó y venció cada tentación, por eso también podemos vencerlas. ¡Debemos creer en la Palabra y vencer!

Clave 2: Pelee usando la Palabra

Existe una diferencia entre limitarnos a oír, poniéndonos de acuerdo mentalmente con la Palabra y vivir verdaderamente la Palabra. Los israelitas oyeron la Palabra del Señor. Tenían la promesa segura que fue confirmada con milagros, señales y maravillas, aún así no creyeron. Se excitaron cuando todo iba bien, pero se rindieron rápidamente cuando llegó la oposición. Si hubieran creído la Palabra que habló el Señor, podrían haberla usado como un arma en contra de sus dudas y temores, pero no creyeron en la Palabra. Sin embargo, Jesús no sólo conocía las promesas en las Escrituras, las creía y las usaba como un arma. Podemos pelear contra las mentiras del enemigo con la Palabra. La verdad siempre prevalecerá. Debemos pararnos en la Verdad y en nuestras promesas.

Clave 3: Manténgase enfocado en Dios

Si nos enfocamos en nuestros problemas o en los obstáculos que se levantan en nuestro camino, éstos se fortalecerán. Siempre fortaleceremos las cosas en las cuales nos enfocamos. Israel perdió fácilmente la visión de Dios y se enfocó más en los obstáculos y en la escasez que los rodeaba que en Él. Fortalecieron los problemas. Por otro lado, Jesús mantuvo el enfoque correcto. Nunca apartó sus ojos de Dios y, como resultado, cuando el período de prueba terminó, salió en el poder y la fuerza de Dios para cumplir su destino. Dios es mayor que cualquier cosa que estemos enfrentando hoy y tiene un plan para nuestra victoria. Debemos enfocarnos en el Señor, alabarlo y deleitarnos en Él. Entonces nos concederá los deseos de nuestro corazón. Mantengámonos enfocados en Dios para vencer y entrar en la plenitud de todo lo que se nos prometió en Cristo.

Clave 4: La perseverancia nos asegura un gran desenlace

Jesús perseveró hasta obtener la victoria. Perseveró con fidelidad y se negó a servir a las mentiras y rendirse ante las ofertas del enemigo. Se escondió en Dios y perseveró. En el desierto aprenderemos a ser perseverantes. Habrá momentos donde sentiremos que estamos atravesando un lugar muy seco, donde no podremos encontrar a Dios por ninguna parte. En esos tiempos necesitamos pararnos con fidelidad, creyendo en Dios y en sus promesas. Debemos recordar que la victoria está esperando para manifestarse. Por eso necesitamos permanecer allí. Israel no perseveró, pero Cristo sí. ¿Qué desenlace queremos en nuestra vida?

Muchos de nosotros estamos listos para una promoción gloriosa y recibir la manifestación de las bendiciones en el Reino. Veremos despliegues asombrosos del poder de Dios y milagros a nuestro favor. Mantengámonos fieles con nuestros ojos fijos en Él. ¡Nuestra apertura está aquí!

Creo que esta Escritura será de mucho aliento para nosotros:

“Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables” (1 Pedro 5:8-10).

Patricia King