lunes, 1 de diciembre de 2014

Parir sus sueños proféticos puede significar un cambio de dirección

 

Por Jennifer LeClaire

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Yo los llamo “sueños de bebé”. Estos encuentros proféticos tuvieron un tema corriendo en mi vida durante la última década. Parece que Dios estuvo pujando conmigo para dar a luz las cosas nuevas durante todo ese tiempo. A lo largo del camino hubo por lo menos un Ismael, un par de amenazas de aborto y un gran caudal de guerra espiritual. Sin embargo, Dios en su gracia trabajó de alguna manera para que todas las cosas obraran para bien.

 

Hubo lecciones en estas series de sueños proféticos. Cuando puse estos principios en práctica, hizo que lo que parecía un bebé muerto, se transformara en un bebé saludable. Aún no tengo todas las respuestas, pero Dios me dejó algo claro: A veces un pequeño cambio hace toda la diferencia.

 

clip_image004Primer sueño: Rindiendo mi voluntad

Los “sueños de bebé” comenzaron hace unos ocho años. Tuve un sueño donde estaba embarazada. No me sentía feliz con esto, porque desacomodaba toda mi vida, pero sabía que no podía hacer nada al respecto. Traté de pretender que no era real, pero aparentar no era una opción. La lección de este primer sueño profético era que debía ser como María, quien rindió toda su voluntad al Señor, a pesar de los problemas que esto le acarrearía en el plano natural. Me desperté y me comprometí con todo mi corazón a permitir que la voluntad del Señor se cumpliera en mi vida y avancé.

 

Segundo sueño: Pariendo un bebé con la apariencia de un hombre

Cerca de un año después de ese encuentro, tuve un segundo sueño con un bebé. Esta vez estaba en el hospital dando a luz. Cuando el bebé nació era como un hombre. Tenía la apariencia de un bebé, pero con los rasgos de un hombre adulto. Inmediatamente después que nació el bebé, comenzó a correr hacia su meta. La gente que estaba allí decía: “Debe ser hermoso parir un ministerio ya crecido. Eso es lo que debes esperar”.

 

Tercer sueño: Haciendo ajustes

Avancé rápido otros cinco años. Estaba en una posición muy cómoda, con el peso de una congregación bien establecida sobre mis hombros. No tenía el compromiso de predicar, orar, profetizar o administrar a toda la congregación, pero eso era lo que estaba ocurriendo. Estaba en una encrucijada, orando para ver si debía retirarme o seguir con esa carga (y con la guerra espiritual) de la visión de otro hombre o mudarme de allí.

 

Me fui a dormir y tuve otro sueño con bebés. Esta vez estaba embarazada y no me sentía estremecida. Tenía hambre y lo único que tenía disponible era una extraña combinación de huevos y pepperoni. Mi silla era demasiado baja para que pudiera sentarme con comodidad a trabajar en la computadora. Tuve que cambiarme con ropas que no me gustaban. Estaba pensando cómo sería posible ir al gimnasio con todo lo que me estaba pasando. Pensaba como sería tener 60 antes que este bebé creciera. 

 

En otras palabras, estaba haciendo toda clase de razonamientos naturales. Eventualmente cambié mis vestidos en algo que no era ideal, pero tampoco era tan malo. Comí los huevos por las proteínas y dejé a un lado el poco saludable pepperoni. Conseguí una silla más alta para poder estar más cómoda. Luego me desperté. Le conté el sueño a uno de mis amigos que está involucrado en plantar congregaciones, incluyendo los huevos y el pepperoni. Nunca oí sobre mezclar huevos y pepperoni como un plato, pero era uno de sus favoritos.

 

A través de este sueño aprendí que debía hacer sacrificios y ajustes para cumplir la voluntad de Dios. En otras palabras, habría algunos aspectos de dar a luz este ministerio que serían incómodos, pero habría maneras de ajustarse a las circunstancias y arar a través del dolor para alcanzar la línea de meta de la voluntad final de Dios. 

 

Primero pensé que era un mensaje para seguir adelante con la carga de plantar iglesias. Sin embargo, cuando hablé con la persona que se dedicaba a esto, pude darme cuenta que tenía las motivaciones equivocadas y Dios me liberó. En realidad el Señor usó la experiencia para empujarme hacia lo que tiene en mente todo el tiempo.

 

clip_image005Cuarto sueño: Cambiando de dirección

En el último sueño con bebés, finalmente atrapé el mensaje que lo cambió todo. Estaba embarazada de nueve meses, pero el bebé había dejado de moverse. El bebé no pateaba, rodaba o mostraba alguna señal de vida. (Así era como me sentía cuando dejé el programa de fundación de iglesias).

 

En el sueño profético pensé que el bebé estaba muerto y entré en pánico. Luego, repentinamente tuve la revelación de cambiar la posición del bebé ejerciendo una presión suave con mi mano. (Más tarde investigué y pude comprobar que existe un nombre para esto: Liberación diafragmática). Cuando lo hice, pude sentir que el bebé volvió a patear y supe que todo estaba bien.

 

Esta es la lección que aprendí de este sueño, en conexión con los sueños anteriores sobre bebés: A veces las cosas se ven como muertas, pero sólo debemos reposicionarnos para la vida. Por lo general, no se requiere mucho. Sólo un movimiento suave en la dirección correcta puede hacer que Dios sople sobre ello una vez más para que pueda dar a luz y comenzar a alimentar lo que Él le entregó para administrar.

 

Si Dios le entregó algo para dar a luz, puede ser tiempo para pujar a un Ezequiel y hablarle a esos huesos secos. Quizá sea tiempo para pujar a un Elías y levantarlo de los muertos. Quizá sea tiempo para alejarse de un Ismael, negándose a abortar y reposicionándose a sí mismo para recibir lo que Dios nos quiere entregar. Podríamos encontrarnos en el lugar, el tiempo o con la gente incorrecta. Cuando se decida a obedecer, cuando decida reposicionarse a sí mismo en el plan perfecto de Dios, el bebé que le entregó para que naciera crecerá en su gracia. Amén.

 

Jennifer LeClaire

(www.elijahlist.com)

Tiempo de aceleración y la vara de Dios

 

Por John Belt

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Hebreos 12:1 dice: Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.

 

Tiempos de aceleración

Estamos en tiempos de aceleración y avance en el propósito de Dios. Muchas veces existen impedimentos que debemos remover para movernos a una mayor velocidad. En los tiempos que vivimos, las circunstancias adquirieron una escalada rápida. Vemos que esto ocurre en el mundo natural y también en la dimensión del Espíritu. Sin embargo, al mismo tiempo que se acelera el mover de Dios en la tierra, existe una aceleración en la manifestación de las tinieblas. Este es nuestro tiempo para acelerar la remoción de las cosas que nos impiden avanzar y nos retienen para que no podamos correr con fuerzas, poder y libertad.

 

clip_image004Moviéndonos hacia una encrucijada y una apertura

Para muchos existe una congestión que está impidiéndoles avanzar a la velocidad que saben que pueden correr en el Señor. En esta carrera existe una intersección que se acerca, equivalente a una encrucijada. En este cruce habrá una apertura para despegar a gran velocidad, acelerando hacia el propósito de Dios. Habrá aperturas que verán aquellos que están en una búsqueda caliente, corriendo la carrera.

 

Será como si estuviéramos corriendo a un paso moderado, sabiendo que podríamos ir más rápido, pero no logramos rodear los obstáculos o las cosas que nos detienen (sean naturales o puramente espirituales). Sin embargo, en un tiempo kairos, veremos la apertura y recibiremos el impulso para movernos hacia un lugar más amplio de libertad y velocidad. Una vez que entremos a este lugar será hermoso, amplio y fresco, donde podremos correr como si estuviéramos flotando “en el aire”.  

 

Impedimentos internos

Josué 7:2-11 dice: Josué envió a unos hombres de Jericó hacia Hai, lugar cercano a Bet Avén, frente a Betel, y les dijo: Vayan a explorar la tierra. Fueron, pues, a explorar la ciudad de Hai. Poco después regresaron y le dieron el siguiente informe a Josué: No es necesario que todo el pueblo vaya a la batalla. Dos o tres mil soldados serán suficientes para que tomemos Hai. Esa población tiene muy pocos hombres y no hay necesidad de cansar a todo el pueblo”.

 

“Por esa razón, sólo fueron a la batalla tres mil soldados, pero los de Hai los derrotaron. El ejército israelita sufrió treinta y seis bajas, y fue perseguido desde la puerta de la ciudad hasta las canteras. Allí, en una pendiente, fueron vencidos. Como resultado, todo el pueblo se acobardó y se llenó de miedo. Ante esto, Josué se rasgó las vestiduras y se postró rostro en tierra ante el arca del pacto del Señor”.

 

“Lo acompañaban los jefes de Israel, quienes también mostraban su dolor y estaban consternados. Josué le reclamó a Dios: Señor y Dios, ¿por qué hiciste que este pueblo cruzara el Jordán, y luego lo entregaste en manos de los amorreos para que lo destruyeran? ¡Mejor nos hubiéramos quedado al otro lado del río! Dime, Señor, ¿qué puedo decir ahora que Israel ha huido de sus enemigos?”.

 

“Los cananeos se enterarán y llamarán a los pueblos de la región; entonces nos rodearán y nos exterminarán. ¡Qué será de tu gran prestigio! Y el Señor le contestó: ¡Levántate! ¿Qué haces allí postrado? Los israelitas han pecado y han violado la alianza que concerté con ellos. Se han apropiado del botín de guerra que debía ser destruido y lo han escondido entre sus posesiones”.  

 

El ejército de Josué había sido derrotado ante sus enemigos. Estaba postrado sobre su rostro preguntándole al Señor “¿por qué?”. Dios le respondió diciéndole: “¡Levántate! Hay pecado en el campamento. Por esta razón fueron derrotados”. Esto representa otro tipo de impedimento que sólo se puede remover purificando nuestros corazones ante Dios. No podemos servir a dos amos, porque Dios nos cela. Seremos derrotados si nuestros corazones no son puros ante Él. Cuando nuestros corazones son puros, la autoridad de Dios nos puede respaldar. Podemos hablar en su Nombre, conociendo que nos dará la victoria.

 

Usando la vara de Dios para dividir las aguas

Éxodo 14:11-16 dice: Entonces le reclamaron a Moisés: ¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos sacaste de allá para morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros? ¿Para qué nos sacaste de Egipto? Ya en Egipto te decíamos: ‘¡Déjanos en paz! ¡Preferimos servir a los egipcios!’ ¡Mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto!”.

 

clip_image006“No tengan miedo, les respondió Moisés. Mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor realizará en favor de ustedes. A esos egipcios que hoy ven, ¡jamás volverán a verlos! Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes. Pero el Señor le dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! Y tú, levanta tu vara, extiende tu brazo sobre el mar y divide las aguas, para que los israelitas lo crucen sobre terreno seco.  

 

Cuando miramos la historia de Moisés donde lideró al pueblo de Israel hacia el Mar Rojo, parecía que iban hacia su destrucción a manos del ejército de Egipto. Moisés comienza hablando acerca de las maravillas que Dios iba a hacer. En medio del discurso, Dios lo interrumpió y le dijo: “¿Qué estás haciendo? ¡Toma la vara y extiéndela sobre las aguas!”. Para nosotros es importante orar y clamar, pero hay un tiempo donde debemos dar una orden, usando la “vara de la autoridad” que Dios nos impartió. Dios le dijo a Moisés que dividiera las aguas. Existen impedimentos que necesitaremos ordenar su remoción. No podemos sentarnos de una manera complaciente y apática.

 

Extienda la vara de la autoridad de Dios y parta las aguas, removiendo los impedimentos que no lo dejan correr a toda velocidad.

 

Permita que la profundidad de su corazón clame a Dios.

 

John y Brandi Belt

(www.elijahlist.com)