martes, 9 de agosto de 2016

“Cómo los espíritus de religiosidad arrojan una manta mojada sobre el ministerio profético”


Por John Eckhardt

No permita que las actitudes religiosas le roben sus bendiciones proféticas
Hay muchos pastores que tienen esposas proféticas. Algunos pastores quieren que sus esposas sean primeras damas que simplemente se vean bien y sonrían. Algunos pastores no reciben el don que Dios estableció en sus esposas y no les permiten o les impiden ministrar. Esto es vergonzoso y debe terminar.

No permita que la religión y la tradición mantengan a las mujeres dentro de una caja. Dios no les entregó el Espíritu Santo a las mujeres para que se queden sentadas y quietas, siendo ignoradas y retenidas. Los pastores así terminarán en problemas porque rechazaron el don que Dios estableció en sus vidas para ayudarlos.

Las mujeres proféticas hundirán la estaca en la cabeza
Esta es una palabra profética que Dios me entregó para las mujeres, usando el ejemplo de Jael, cuando le enterró un clavo en la cabeza a Sísara. Jueces 4:21 dice: “Pero Jael, esposa de Héber, tomó una estaca de la carpa y un martillo, y con todo sigilo se acercó a Sísara, quien agotado por el cansancio dormía profundamente. Entonces ella le clavó la estaca en la sien y se la atravesó, hasta clavarla en la tierra. Así murió Sísara”.

Clavar la estaca en la cabeza significa alcanzar el punto preciso, haciendo o diciendo algo exactamente correcto, ser certero, dar en el blanco, detectar o exponer (una mentira, un escándalo, etc). Las mujeres proféticas deben estar listas para “golpear el clavo en la cabeza”. Sus actos proféticos “darán en el blanco”. 

Las hijas de Zelofejad
Las hijas tienen una herencia y también la tienen en el ministerio profético. Los padres apostólicos activan a las hijas en lo profético y las bendicen. Números 27:1-7 dice: “Noa, Joglá, Milca y Tirsá pertenecían a los clanes de Manasés hijo de José, pues eran hijas de Zelofejad hijo de Héfer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. Las cinco se acercaron a la entrada de la Tienda de reunión, para hablar con Moisés y el sacerdote Eleazar, y con los jefes de toda la comunidad. Les dijeron: ‘Nuestro padre murió sin dejar hijos, pero no por haber participado en la rebelión de Coré contra el Señor. Murió en el desierto por su propio pecado. ¿Será borrado de su clan el nombre de nuestro padre por el solo hecho de no haber dejado hijos varones? Nosotras somos sus hijas. ¡Danos una heredad entre los parientes de nuestro padre!’. Moisés le presentó al Señor el caso de ellas, y el Señor le respondió: ‘Lo que piden las hijas de Zelofejad es algo justo, así que debes darles una propiedad entre los parientes de su padre. Traspásales a ellas la heredad de su padre’”.

Las hijas de Felipe
Felipe tenía cuatro hijas que profetizaban, como vemos en Hechos 21:9. El profeta Joel dijo que las hijas profetizarían (Joel 2:28). Había un número de mujeres en el aposento alto (Hechos 1:14). La manifestación del Espíritu Santo en el día de Pentecostés abrió la puerta para que las mujeres se involucraran en el ministerio profético de una manera sin precedentes. Las mujeres ahora profetizaban en un número mucho mayor que hasta ese momento.

Hechos 2:17 dice: “Sucederá que en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos”.

Miriam
Miriam, la hermana de Moisés, era profeta. En Éxodo 15:20 guio a las mujeres a danzar para celebrar la victoria de Dios sobre el faraón. También reconoció haber sido enviada junto a Moisés y Aarón para liberar a Israel de Egipto. Más adelante jugó un rol prominente en la liberación de Israel de la esclavitud.

Miqueas 6:4 dice: “Yo fui quien te sacó de Egipto, quien te libró de esa tierra de esclavitud. Yo envié a Moisés, Aarón y Miriam, para que te dirigieran”.

Huldá
Huldá era una profetiza que fue reconocida por el rey Josías. Cuando el rey descubrió el libro de la Ley, desgarró sus vestidos y envió hombres a Huldá para buscar al Señor. Huldá era la cuidadora del guardarropa del rey y le habló la palabra del Señor al rey sobre el juicio que venía sobre Israel.

2 Crónicas 34:20-23 dice: “… y dio esta orden a Jilquías, a Ajicán hijo de Safán, a Abdón hijo de Micaías, al cronista Safán y a Asaías, su ministro personal: Con respecto a lo que dice este libro que se ha encontrado, vayan a consultar al Señor por mí y por el remanente de Israel y de Judá. Sin duda que la gran ira del Señor se ha derramado contra nosotros porque nuestros antepasados no tuvieron en cuenta su palabra, ni actuaron según lo que está escrito en este libro. Jilquías y los demás comisionados del rey fueron a consultar a la profetisa Huldá, que vivía en el barrio nuevo de Jerusalén. Huldá era la esposa de Salún, el encargado del vestuario, quien era hijo de Ticvá y nieto de Jarjás. Huldá les contestó: Así dice el Señor, Dios de Israel: Díganle al que los ha enviado…”.

Débora
Débora era una profetisa nacional y una jueza, una madre en Israel. Era reconocida sobre todo Israel. La gente venía a ella para dirimir disputas. El rol de Débora como madre representaba su amor y compasión por Israel. Las madres también pueden profetizar. 

Jueces 4:4 dice: “En aquel tiempo gobernaba a Israel una profetisa llamada Débora, que era esposa de Lapidot”.

Jueces 5:7 dice: “Los guerreros de Israel desaparecieron; desaparecieron hasta que yo me levanté. ¡Yo, Débora, me levanté como una madre en Israel!”.

La esposa de Isaías
El profeta Isaías consideraba a su esposa como una profetisa. Así se demuestra que tanto el esposo como la esposa pueden ser profetas. Esto edifica un equipo profético fuerte.

Isaías 8:3 dice: “Luego tuve relaciones con la profetisa, y ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces el Señor me dijo: Ponle por nombre Maher Salal Jasbaz”.

Ana
Ana era una profetiza de oración y ayuno. Les habló a todos los que buscaban la redención y al Mesías. Por medio de su oración y ayuno, ayudó a preparar el camino para la manifestación del Señor. Oró y ayunó en el templo, sin apartarse de la casa de Dios. Ana es la imagen de una profetiza intercesora.

Lucas 2:36-38 dice: “Había también una profetisa, Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años, y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro. Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones. Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén”.


Apóstol John Eckhardt
(www.elijahlist.com)

1 comentario:

kiaraliz orama dijo...

Wao alabado sea el señor q palabra poderosa q pasaria si todos estos dones y talentos de todas estas mujeres estuviera en una ? O mejor en cada una de las mujeres gloria al padre 🙌🙌😇