jueves, 8 de marzo de 2018

“Quebrando el tiempo del silencio: ¡Se está levantando la niebla!”



Por Ruth Hendrickson

Pude oír al Señor que decía que muchos de sus hijos se perdieron en su tiempo de silencio. Estuvieron vagando entre la niebla. Algunos incluso tuvieron que enfrentar riesgos y terminaron golpeados y llenos de moretones. Otros perdieron su orientación y su enfoque. Como los israelitas en el desierto, vagaron dando vueltas en círculos. También hubo otros que se debilitaron y perdieron la esperanza como Elías. Se sentaron debajo de su “árbol de enebro” y permitieron que la depresión los abrumara (1 Reyes 19:4). La niebla dominó todo.

La zona de peligro: La niebla
Cuando la voz de Dios parece estar en silencio, un sobrecogimiento  invade nuestra vida. Ahora surge el silencio donde antes había relaciones, donde antes las carcajadas llenaron el aire y donde los sueños corrían rampantes y saltaban de gozo. En ese mismo lugar, el sobrecogimiento se desparrama como una niebla cubriendo toda la tierra.

En lo natural es muy difícil ver cuando se despliega una niebla densa. En una noche clara encendemos las luces altas y conducimos con confianza por la ruta, sin preocuparnos por el mundo. Sin embargo, cuando se establece la niebla todo cambia. La niebla nos obliga a ir más lento, encendiendo las luces bajas y procediendo con cuidado.

La niebla demanda un enfoque intencional o nos arriesgamos a terminar engullidos por ella y perdidos en su interior. Se hace muy difícil ver las señales y detectar los riesgos. Las luces altas parecen inútiles para cortar la niebla y todo parece diferente. Surge el silencio.

El tiempo de silencio es potencialmente peligroso. Podemos avanzar poniendo nuestra atención en los lugares equivocados para tratar de llenar ese vacío. Somos más vulnerables a la duda y a recibir definiciones y palabras que no están alineadas con nuestro caminar en Dios o nuestro destino.

El clamor de una voz
Isaías 40:3 declara: “Una voz proclama: Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios” (ver también Marcos 1:3). La voz profética es una voz que clama en el desierto. Debemos aprender a oír a través de la niebla.

Vientos de cambio y restauración
El Señor escuchó el clamor de los que se quedaron estancados en la niebla. Puedo ver a Dios soltando un viento. El viento está soplando contra la temporada de silencio. En las alas del viento está la apertura. Es un viento de cambio que elimina la niebla y nos introduce en un nuevo día. ¡Es un viento de restauración! Eleve sus ojos a los cielos y sienta el viento. Permita que el viento remueva las etiquetas, las dudas y los temores. Es un nuevo día, permita que su mente se conecte con la atmósfera celestial.

El viento lleva la voz de Dios Todopoderoso. El viento está restaurando las relaciones y abriendo los oídos para oír. ¿Puede oírlo? Es la voz del Padre llamando a sus hijos. Puedo ver a los hijos buscando a su Padre mientras su voz retumba a través de la expansión para decirles que no están solos. Abba Padre está aquí. Si oye el sonido de su voz, corra hacia ella porque los brazos del Padre están abiertos. Corra hacia Él, porque está rodeado de pura luz y la niebla no puede resistirla.

El viento contiene nuevas asignaciones. Puedo ver algo que parecen diseños enrollados y atados con una cinta dorada. Este es el tiempo para comenzar las nuevas asignaciones. Puedo ver una medida más profunda de sueños y visiones que se liberan con estos diseños. Sumado a esto, hay una luz brillando sobre áreas específicas de los diseños para traer una claridad que destruye las fortalezas de una manera instantánea y libera la “luz verde” para afirmarnos en esa área.

Los depósitos del Cielo están abiertos para usted
Puedo ver los depósitos del Cielo, puertas que se abren por completo y una luz pura brillando a través de ellas. Los ángeles están entregando sueños, visiones y provisión en el viento que los lleva hacia la tierra. Los sueños, visiones y provisión están aterrizando como el maná, esperando que los recojamos para comerlos. Mire el maná, está ahí para que lo recoja.

Claves para entrar en la claridad
¡Adoración! Levante su cabeza hacia los cielos. Donde una vez dominó el silencio, afírmese llenando el vacío con alabanza.

¡Vuelva a contar! Recuerde la bondad del Señor y sea agradecido. Hay poder en el testimonio.

¡Coma el maná! Pídale al Señor específicamente palabras de aliento para este tiempo y permita que sean alimento para su espíritu.

¡Vuélvase hacia el viento! Ore en el espíritu y permita que el viento sople a través de su vida.

¡Mire! Mire y vea lo que Dios está haciendo. No permita que lo engañe la niebla. ¡Hoy es un nuevo día y los depósitos del Cielo están completamente abiertos!

Oremos juntos: ¡Hoy declaro que la niebla se está levantando! Nunca más estaré atado por la confusión, la depresión, el engaño y el silencio. Invito al viento del Espíritu Santo a soplar en mi vida, a través de mi vida y a mi alrededor. Recibo el maná del Cielo. Recibo la apertura. Recibo la restauración. Recibo los diseños celestiales que revelarán mis próximos pasos hacia el destino que Dios determinó. Declaro que puedo ver en las dimensiones celestiales y fui creado para vivir en la luz, no en la niebla. Decreto y declaro que fui creado para relacionarme con mi Padre celestial y caminaré en la plenitud de mi identidad. 

Ruth Hendrickson
(www.elijahlist.com)

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