martes, 16 de febrero de 2010

“Dios te guardará a ti y a tu destino”

 

Por Victoria Boyson

clip_image002Cuando el Señor comienza a cumplir tu destino, el enemigo tratará de destruirlo desde su infancia. “Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Cuando la mujer estaba a punto de dar a luz, el dragón se plantó delante de ella para devorar a su hijo tan pronto como naciera” (Apocalipsis 12:4).

Existen muchas similitudes entre dar a luz a un niño en lo natural y dar a luz nuestro destino en la realidad del espíritu. Hay un tiempo de concepción, otro de espera, luego el trabajo de parto y finalmente el alumbramiento. En el espíritu, cuando damos a luz las promesas de Dios en nuestra vida, nuestro destino se encuentra en nuestro estado más vulnerable. Es en ese momento que el enemigo tratará de ganar acceso para devorarlo.

El momento del nacimiento de nuestro destino, es su estado de mayor indefensión. No podemos hacer nada por nosotros mismos y si nos dejan solos, con toda seguridad seríamos destruidos. Así como un niño recién nacido necesita un cuidado cercano para mantenerse saludable y feliz, necesitamos a nuestro Señor más que nunca. ¿Por qué el Señor permite que su plan para nosotros sea probado en un tiempo tan vulnerable como ese? Es porque en este estado Él es el más fuerte, es cuando más lo necesitamos.

Necesitamos su ayuda desesperadamente. No sabemos qué hacer y a Él le agrada que sea así. Es en este estado y a través de este método que Dios busca introducir en nuestro método operativo una confianza y una seguridad singular en Él. El Señor está a cargo y con cada prueba somos cada vez más fuertes en Él, acercándonos más y más a Dios. Sabemos que nuestra necesidad de Él es grande. Ahora vemos cuán vulnerables somos y cuánto necesitamos obedecerlo a Él.

Niños pequeños

El niño Jesús no fue la excepción. Sí, era muy especial, pero este pequeño niño no podía salvar al mundo en este estado, aunque ese era su destino. Ni siquiera era capaz de cambiarse sus propios pañales, pero tres reyes, muchos pastores y huestes de ángeles lo honraron como el Salvador de la raza humana. Herodes le temía y se dio cuenta que no había un mejor tiempo para tratar de destruirlo que matar al Salvador mientras era un niño indefenso. Herodes mató cientos o quizá miles de bebés mientras trataba de destruir a Jesús. Aún con todos sus esfuerzos horrorosos por matar a Jesús y detener la concreción de la promesa… falló. Pero Herodes no lo destruyó porque Dios lo salvo una y otra vez.

Sabemos que esto fue verdad, cuando el Señor comienza a concretar una promesa, el enemigo tratará de destruirla durante su infancia. Cuando das a luz tu destino, todo el infierno parece levantarse en contra de ello. Tu destino, aún en su infancia, es el blanco principal del enemigo. Él quiere destruirlo mientras es pequeño y está aparentemente desprotegido… debemos esperar que así sea. Cuando el ataque llega, sabremos que es sólo eso y no el final de nuestro destino.

No debemos temer este ataque, porque de hecho es parte del proceso de nacimiento. Quizá no te veas muy amenazador para el enemigo ahora, incluso puedes sentir que fallaste. Sin embargo, así como Herodes, satanás está aterrado con tu futuro.

La protección de Dios

Verdaderamente creo que la visión del dragón esperando que la mujer diera a luz en Apocalipsis 12:4, es una imagen profética de Cristo, pero como es frecuente en la Escritura, este pasaje tiene más de un significado. Creo que esta Escritura también es una imagen de las tácticas del enemigo en contra de nuestro futuro en Cristo. Sabemos que no juega limpio y nos golpeará en nuestro punto más débil. No peleó limpio con Jesús y tampoco lo hará con nosotros.

“Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas” (Isaías 43:1-2). Cuando caminamos a través de las aguas de la persecución, vemos a Dios con una mayor claridad y experimentamos una gran medida de su poder para protegernos. No debemos temer ante estas circunstancias, en lugar de ello, tenemos que confiar más en nuestro Señor.

Cuando Cristo nació, su derrota parecía inevitable. Era el Salvador, pero era sólo un niño indefenso. No olvides al Dios del destino. El Dios de todo el universo te está observando. Cualquier cosa que venga en tu contra, verás el amanecer de la luz del destino y no tendrás temor porque Dios está contigo.

“Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido” (Génesis 28:15).

Más allá de todo lo que la vida te pueda arrojar, sabes que estás en los brazos amorosos de un Padre Celestial y usará todas las batallas que debes atravesar para fortalecerte. A través de las pruebas diarias, adquieres conocimiento. Con cada prueba, sea que la pases o falles, conoces más la misericordia y la gracia de Dios. El deseo de Dios es que poseas más del carácter de su Hijo a través de las pruebas que atraviesas.

Nuestro destino

“Estaba encinta y gritaba por los dolores y angustias del parto” (Apocalipsis 12:2).

El destino de esta mujer era dar a luz un niño. Tenía mucho dolor, pero este dolor era parte del plan y tenía un propósito. Cuántas veces queremos que el dolor se detenga. Duele y no lo entendemos. Pero es parte del plan de Dios para nosotros y necesitamos confiar en Él. Nuestras pruebas producen un poder en nosotros que no se puede obtener de otra manera.

No te desesperes, te ayudaremos a atravesar cada valle y a subir cada monte. No pierdas tu energía o tu ánimo tratando de escapar o alejarte de tu dolor. Trabaja con ello para producir el propósito y el poder de las intenciones de Dios.

Cuando el Señor edifica la casa

“… porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme” (Salmo 33:9).

Dios puso en movimiento los días que vivimos, habló y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz día y a las tinieblas noche. Cada mañana cuando despertamos y el sol se levanta con nosotros, experimentamos la fidelidad del plan que Dios habló sobre nuestra vida. No importa si cometemos errores, Dios es fiel para defender lo que estableció.

“El Señor frustra los planes de las naciones; desbarata los designios de los pueblos. Pero los planes del Señor quedan firmes para siempre; los designios de su mente son eternos” (Salmo 33:10-11). Cuando el Señor lo establece en su lugar, estará firme. ¡Lo guardará!

“Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes” (Salmo 127:1).

Sólo Dios puede ayudarte. Si Él te estableció en ese lugar, será fiel para guardarte. Dios será fiel para proteger lo que estableció. Tu destino está en las manos de Dios y no te fallará.

El único destino que vale la pena tener es el que Dios planeó para ti. La única casa que tiene valor para ti es la que Dios edificó.

Amado Padre, bendigo lo que estás edificando en tu amado hijo. Oro para que completes y defiendas lo que creaste en su corazón. Amén.

“Que tu gran amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti” (Salmo 33:22).

Victoria Boyson

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