domingo, 7 de noviembre de 2010

“El destino es una elección, no es azar”

Por Kim Clement

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Todos tenemos uno y la mayoría de nosotros asumimos que el azar o la suerte pueden guiar nuestro destino. ¿Qué es el destino? ¿Qué es el azar? Nuestras decisiones y acciones hacen la diferencia ¿Cómo sabemos si estamos caminando hacia nuestro destino mientras tomamos estas decisiones?

Nuestro destino está determinado por nuestras elecciones, no por el azar. Douglas Adams, un escritor británico, escribió una vez: “Rara vez llego al lugar donde quiero ir, pero siempre termino en el sitio donde necesito estar”. Una palabra que se usa comúnmente es casualidad. Esta es una aptitud para descubrir cosas que se desean por accidente, es la facultad de hacer descubrimientos afortunados pero accidentalmente. Como profeta, a menudo me siento así, sin embargo no es el azar o descubrir cosas por accidente, es develar un misterio mientras el espíritu humano busca su destino en la vida. Prefiero llamarlo sagacidad. ¿Qué significa? Es la agudeza de discernimiento y la rapidez de percepción… o capacidad profética. ¿Cuántos de nosotros somos lo suficientemente sagaces para conocer que en nuestras decisiones rodamos hacia nuestro destino?

Los sabios de Oriente siguieron a la estrella hasta su destino. ¿Cuál es la estrella que lo guiará hacia su destino? Sólo necesita una estrella. Moisés e Israel siguieron una nube en el día y una columna de fuego durante la noche. Cuando Jonás era guiado hacia su destino en medio de una tormenta, pasó tres días dentro de un pez monstruoso.

Uno de los poetas, cuyas fábulas fueron piezas de lujo de la literatura francesa, Jean de La Fontaine, escribió, “una persona a menudo encuentra su destino cuando sigue el camino que rechaza”. Consideren el tema del destino y la determinación. “Algunos están destinados al éxito y otros están determinados para ganar”. Pero los que están destinados al éxito sin determinación, nunca obtendrán lo que necesitan para ganar: carácter.

2 Pedro 1:3-11 dice: “… Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda. Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina. Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos. En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados. Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.

Quiero que se dé cuenta que el lugar más perfecto para estar en su vida, es estar en el lugar correcto, en el tiempo correcto, por la razón correcta y en la estación correcta, puede estar más cerca de ese lugar de lo que parece. También le quiero recordar que tiene un gran destino que Dios apartó para usted desde mucho antes de nacer.

Hay una diferencia entre su propósito y su destino. Su propósito es su llamado presente, su destino es su elección final.

Elección–Destino:

Su destino es su elección final. ¿Qué es lo que Dios eligió para que realizara finalmente en la Tierra? ¿Cuál es su elección final? ¿Para qué fue escogido desde antes de nacer? Ese es su destino.

Llamado–Propósito:

¿Qué está llamado a hacer ahora mismo en su vida? Su propósito es cumplir su llamado presente, porque podría ser una piedra fundamental hacia su destino.

En su elemento:

David estaba en su elemento cuando se encontraba en el campo con su arpa y su honda, matando osos y leones o cantando canciones para Dios. Un día el profeta Samuel vino hacia él y proclamó: “Te unjo como rey de Israel”. Desde ese punto en adelante, se desató el destino de David. Era un hombre escogido desde antes de su nacimiento, pero su llamado estaba dormido. Estaba estancado hasta que la palabra profética llegó a su vida. Una vez que el Espíritu Santo sopla sobre su vida, todo lo que está dormido y sin voz, repentinamente vuelve a la vida. Esto no sólo atraerá lo bueno, le enviará una señal a las tinieblas que está en el camino hacia la posesión de su dominio.

Hay algo dentro de usted que no se soltó. Hay un destino en su interior que aún desconoce y para el cual fue escogido desde antes de nacer. Pero repentinamente tiene una teofanía y Dios sopla dentro de su ser y le habla. Inmediatamente ese destino se desata. Esa es la belleza de la palabra y la presencia profética en su vida.

Cuando Samuel profetizó e impuso sus manos sobre David y le dijo “eres el rey de Israel”, no se sentó en el trono de inmediato. No, las Escrituras dicen que le tomó años a David llegar al trono para ser coronado como rey de Judá y luego sobre todo Israel. Es importante que usted se dé cuenta de esto, porque David vivió su destino mientras servía a su propósito. ¿Cómo ocurrió esto?

En primer lugar, fue escogido y ungido para ser rey de Israel, rey de Sión. Pero es un joven. Volvió a los campos hasta que un día oyó que un gigante gritaba en contra del pueblo de Israel. Repentinamente, algo se despertó en David y comenzó a ser más atrevido, declarando cosas que nunca antes soñaba que podía llegar a decir. David comenzó a hablarle a la gente y a decir: “¡Lo derribaré!”.

Esta osadía provocó ira y celos entre sus hermanos. Le respondieron: “¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que debes estar en el campo cuidando las ovejas de nuestro padre”. Fueron provocados a celos, porque eso es lo que ocurre cuando la osadía de Dios viene sobre su vida al conocer su destino. Entonces David dijo: “Quiero tener una oportunidad de pelear contra este gigante”. El resto es historia.

Desde este punto en adelante, el llamado de David es ministrar al rey Saúl en el palacio como uno de los músicos de la corte real. Ahora, usted puede decir, “¿no fue ungido para ser rey sobre Israel?”. Eso es cierto, pero debe comprender que debía cumplir su llamado antes de sentarse en su elección final.

¿Cuál es su propósito actual?

¿Cuál es su propósito actual? David fue llamado a interpretar el arpa y luego a ser escudero, su propósito era servir en esa capacidad, aún cuando fue escogido como rey.

Su propósito siempre es temporal, nunca es permanente. En otras palabras, su propósito actual es servir a su llamado actual. Si está llamado a trabajar en una estación de servicio (aún cuando sepa que su destino final sea tener su propia empresa), luego su propósito es servir en esa capacidad con todo su corazón. Lo que está haciendo ahora mismo puede ser para un tiempo específico porque Dios lo está guiando hacia su destino. Pero si no cumple su llamado, nunca alcanzará su destino.

Quiero compartir eso con usted porque muchos no se dieron cuenta que si mantienen sus ojos en su destino, en su elección y cumplen su propósito actual, lo que está llamado a hacer con él, barrer pisos en algún lugar o realizar un trabajo secular, es lo que están llamados a hacer por un tiempo hasta llegar al lugar de sus destinos finales.

2 Pedro 1:5-9: “Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, les harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos. En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados”.

Pedro dice, “el que carece de estas cosas es corto de vista”. Cada persona que tiene un llamado y un destino en la vida (esto atañe a toda la raza humana), debe tener ciertas cualidades para que tengan visión y una percepción aguda. Sin percepción no puede progresar. Sin visión queda desprotegido. Pedro les dice: “si les faltan estas cosas…”. ¿Qué cosas? Diligencia, fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, bondad y compañerismo. Parece que estas son cosas simples, pero Pedro dice: “si no las tiene…”. El mandato fundamental y los principios que Cristo nos enseñó, es que si no los tenemos, nuestra vista es muy corta. Carecer de visión implica no ver más allá, por eso no puede avanzar y progresará lentamente. Esto es muy importante. Dijo: “Usted tiene visión corta o aún ceguera cuando no tiene virtud, bondad y amor fraternal, olvidándose que fue limpio de todos sus pecados del pasado”. Ahora, esto es lo que quiero que atrape: “Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás” (2 Pedro 1:10).

Esto es así porque cuando está seguro de su llamado y su elección, nunca tropezará. La palabra “tropezar” no significa que no pecará o nunca cometerá un error, nada de eso. Significa que si llegara a caer o cometer un error, pero finalmente se levanta y vuelve a sus funciones, esto lo guiará hacia su destino.

Kim Clement