martes, 14 de enero de 2014

¡La comunión con el Espíritu Santo cambia todas las cosas!

Por Victoria Boyson

clip_image002Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27).

Saturado de celos, satanás fue consumido por su lujuria de poder. Dios creó a los humanos y eligió darles capacidad de elección. Sin descanso, satanás continuamente trató de robarle esa libertad de elegir a la creación de Dios. No se detendrá ante nada para ganar poder sobre la humanidad. A través de esta sed insaciable de poder, arrasó la tierra en su guerra por tener dominio. Satanás codició lo que le pertenecía a Dios y cayó de la posición de honor que le había concedido. Ardía de envidia y no cambió sus tácticas desde que comenzó esta guerra. Aún continúa alimentado por los celos, es su manera de obrar, porque no resiste que tengamos algo de lo que Dios nos quiere entregar.

Mientras trata de pervertir nuestro destino, satanás busca que nos ajustemos a su agenda errada. Cuando nos abrimos a tratar de controlar a otros, accedemos a que el enemigo nos use. Las fortalezas del enemigo que permitimos en nuestra vida, fácilmente nos apartarán de los planes y los propósitos de Dios. Entonces, como las generaciones que nos antecedieron, debemos guerrear para conservar el control de nuestro propio corazón.

Cada vez que permitimos que el control, la manipulación y la acusación opere a través de nosotros, somos usados por el enemigo y abrimos la puerta para que satanás nos controle. Si le damos una puerta abierta por nuestro odio, le enviamos una invitación para que odie a través de nosotros.

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¿Quién controla a quién?

Todos nosotros hacemos elecciones en esta vida y por esas elecciones definitivamente tendremos que rendir cuentas. Cosechamos lo que sembramos (Gálatas 6:7). Tendremos que responder por cada palabra que hablamos (Mateo 12:36).

El enemigo quiere usarnos para que nos lastimemos unos a otros. Tomando todas las ventajas de una puerta abierta a su favor, presionará y manipulará a la gente para que sea como él es. Al moldearlos, los usará como herramientas que trabajarán a favor de sus agendas y planes malvados. Aunque esas personas crean que tienen el control, finalmente serán los controlados.

Aquellos que son proclives a controlar o manipular, son controlados y manipulados, sin darse cuenta de ello. No comprenden porque están tomados por los celos o la competencia hacia los demás, pero están presionados, y aún atormentados, por sus emociones. Son guiados por la irritación, la ofensa, la suspicacia, la ira y el odio, resultando en acciones de crueldad que normalmente no se permitirían realizar, quieren dominar y ganar a cualquier costo. No se dan cuenta que en toda competencia, siempre alguien más tiene que perder. Estos procesos generales deberían levantar banderas rojas en nuestro corazón, señalando que en alguna parte nos olvidamos de los designios de Dios.

Oraciones almáticas

Muchos años atrás me invitaron a unirme a un grupo de oración. En ese tiempo recuerdo que pensaba que la gente en ese grupo de oración era súper espiritual, realmente intercesores certeros, y me sentía impresionada. Además me adulaban y me expresaban su deseo por tenerme con ellos, sumado a una gran necesidad porque yo formara parte de su grupo. Todo fue tentador para mí durante un tiempo.

Desafortunadamente, no tomé el tiempo suficiente para buscar al Señor antes de unirme a ellos. Pensaba naturalmente que todo grupo de oración era de Dios. Sin embargo, mirando hacia atrás puedo ver al Padre tratando de detenerme desesperadamente. No tenía idea, pero Él sabía que yo estaba caminando hacia una trampa. Era joven, sin experiencia e incauta. Caí por esto, ¡terminé enganchada y hundida!

En la reunión, la persona que estaba a cargo comenzó a hablar sobre una mujer que no estaba presente. Quería que oráramos por ella, pero una y otra vez cargaba contra esta mujer declarando lo equivocada que estaba, hasta que todos nos encendimos a orar por ella con una determinación desbocada. El único problema era que, a pesar de estar orando, lo estábamos haciendo en su contra y reprendiéndola como si ella fuera el enemigo. Estábamos haciendo oraciones almáticas de control y condenación.

Creo que la mayoría de los cristianos no se dan cuenta cuando están haciendo oraciones almáticas o siquiera que existen y por esta razón caen en esta práctica con frecuencia. Las oraciones almáticas nacen de una actitud egoísta para lograr lo que quieren, aún por venganza. Desafortunadamente, algunas de las reuniones de oración parecen más reuniones de quejas y relinchos. Allí la oración sólo culmina cuando alguien insiste que está hecho.

En resumen, las oraciones almáticas son los intentos de los hombres por usar el poder humano de la realidad del alma (mente) para manipular y controlar a otras personas u organizaciones por medio de la oración. El problema con eso es que Dios rechaza participar en el control de su creación. No es que no pueda, simplemente nunca lo hará. Nuestra habilidad para elegir es extremadamente importante para Él.

Sí, estamos llamados a orar por aquellos que están en pecado genuino y por medio de la fe para verlos regresar a Dios. Sin embargo, el Espíritu Santo no respaldará ninguna oración motivada por los celos, el egoísmo o cualquier actitud carnal (falta de perdón, ira, crítica o auto justificación)... pero el enemigo las ama. Las oraciones almáticas no traerán los resultados que deseamos, sólo añadirán mayores dificultades para aquel por quien estamos orando y aumentará la dureza de nuestro propio corazón.

Desde la ira, el temor o la frustración, muchos oran para tratar de forzar una situación. Nuestra lucha es contra los principados de maldad en este mundo, tomando autoridad sobre ellos (Efesios 6:12). No luchamos contra la gente, la debemos amar. Y a través de este amor demostraremos que pertenecemos a Dios (Juan 13:35). El enemigo tiene su propia agenda y no la acomodará a la nuestra, las oraciones almáticas no nos darán lo que queremos. Están alimentadas por actitudes, palabras y pensamientos negativos. La Palabra dice que debemos “humillarnos ante Dios, resistir al diablo y huirá de nosotros” (Santiago 4:7).

Nuestro Maestro, Consolador y Amigo

Dios estableció sus leyes para orar en su Palabra y aún nos advierte de no desviarnos de ella o nuestras oraciones serán una abominación para Él (Proverbios 28:9). Quizá usted se pregunte: “¡Puedo pedir cualquier cosa en su nombre y será mío!”.

El Señor conoce las debilidades de nuestro corazón y nos entregó un Maestro, Consolador y Amigo para guiarnos en la oración. Sólo sometiéndonos al Espíritu Santo y a través de Jesús podremos orar perfectamente. Sólo con la ayuda del Espíritu Santo podemos orar con autoridad genuina.

clip_image006Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27).

Por medio de Jesús, tenemos acceso al Padre por el Espíritu Santo (Efesios 2:18). Para orar efectivamente y estar protegidos de las oraciones almáticas, debemos batallar y proteger nuestros corazones de las actitudes engañosas de la carne. Para mantenernos libres de la manipulación del enemigo en nuestras oraciones, debemos pedir la ayuda del Espíritu Santo. Dios diseñó la oración para que nuestro espíritu coopere con el Espíritu Santo. Hizo esto para atraernos hacia Él. Lo necesitamos y sabe más que nosotros. Como niños, siempre nos movemos en nosotros mismos. Sólo en su misericordia podemos hacer “todas las cosas por medio de Él” (Filipenses 4:13). Y es por la pureza de corazón y la humildad que podemos fluir con el Espíritu Santo. Recuerde: Él es nuestro Maestro, nosotros sus estudiantes.

Estoy segura que está de acuerdo conmigo y no quiere darle ventajas al enemigo. Entonces, nuestras oraciones deberían ser como esta:

¡Espíritu Santo ayúdame a orar! (permítale limpiarlo de cualquier motivación o actitud errada).

Padre, gracias por la vida de __________. Gracias porque es una bendición, es amados por Dios y destinado para grandes cosas en Cristo. Te agradezco Señor porque tu voluntad se cumplirá en su vida.

¡El agradecimiento y la apreciación genuina por una persona son la base para transformar las cosas por medio de la oración! Estas oraciones pueden transformar su mente y abrirán la puerta para que el Espíritu Santo lo llene con un amor genuino por ellos. Las oraciones almáticas (control y acusación), destruyen las relaciones, pero la gratitud y el aprecio las restaura.

La mayor oración

La mayor oración que podemos hacer es que: “¡Hágase tu voluntad!”. Esta oración, simple y genuina, trabaja como una explosión de gracia y transformación en la realidad del espíritu. Al orar así y desear ver esto, su voluntad toma nuestras vidas y nos alinearemos con nuestro amado Padre celestial para agradar a su corazón. Sentiremos el descanso y la confianza de estar correctamente establecidos.

Jesús confió en su Padre. Sabía que la voluntad de Dios siempre es buena, siempre es correcta y siempre era lo que necesitaba para enfrentar cualquier dificultad. Jesús puso su vida en manos de su Padre la noche anterior a su crucifixión cuando oró: “No se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22:42). Nos mostró cómo orar con la misma confianza rendida, ¡pero también con un fuego magnífico! Como un bombazo, Jesús declaró: “Venga tu Reino, hágase tu voluntad, en el Cielo como en la tierra” (Mateo 6:10).

clip_image008¿Entiende lo que está orando cuando dice estas palabras?

¡Piense cómo es el Cielo! Cuando oramos esto desatamos todo lo que Dios es y todo lo que quiere para nosotros, en las vidas de aquellos por quienes estamos orando. Es una oración gloriosa que nunca será negada. Cuando queremos verdaderamente lo que Él quiere, nos responde porque está esperando que le pidamos que haga su voluntad. Nos ama y si su voluntad para nosotros está siempre en primer lugar, entonces podemos confiar en Él. ¿Necesita un milagro? Dibuje una sonrisa en su rostro, vuélvase hacia el Cielo y declare con gran confianza su amor infalible: “Padre, hágase tu voluntad”.

Ore conmigo:

“Amado Padre, por favor perdóname por todas las oraciones almáticas que hice. Guía mis oraciones para que sean como tú necesitas que sean. No quiero estar fuera de tu voluntad, quiero vivir completamente en ti, envuelto por el Espíritu Santo. ¡Te necesito!”.

“Hoy someto cualquier emoción dañina, toda ira o temor. Te pido que arranques cualquier espíritu o tendencia de control que haya en mí, quiero ser completamente tuyo. Ayúdame a cerrar todas las puertas del enemigo. Renuncio a cualquier mentira con la cual me haya alineado. Protege todo lo que hiciste nacer en mí. ¡Hazme fuerte en ti! Ayúdame a perdonar a aquellos que oraron en mi contra. ¡Dame perdón para ellos, elijo perdonarlos y dame amor para amarlos!”.

“En el nombre de Jesús, vengo contra toda palabra maldiciente u oración almática que se hizo en mi contra y cancelo toda asignación en mi contra. En el nombre de Jesús, no tendrán poder para afectarme de ninguna manera. ¡Declaro que no se manifestarán en mi vida para nada! Señor, restaura mi alma”.

“Padre, te pido que liberes a aquellos que están atrapados por las ataduras del control. Redímelos y restáuralos, restaura sus almas. Derrama sobre ellos tu amor y ayúdalos a cumplir sus destinos en ti. Haz que seamos uno, Señor. ¡Uno contigo y en ti, para ser verdaderamente el ejemplo radiante y glorioso de tu bondad y poder!”.

Oramos en el nombre de Jesús.

Victoria Boyson

(www.elijahlist.com)

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