sábado, 6 de enero de 2018

“Procesados para ser hijos maduros”



Por Dr. Bladimiro Wojtowicz

Visión profética sobre la mudanza
Hace como un mes, mientras oraba en la madrugada, el Espíritu Santo me entregó una visión profética. En ella podía ver a Jesús en la sala de mi casa, terminando de guardar todas mis pertenencias dentro de cajas cuadradas nuevas y del mismo tamaño. Estaban apiladas de manera muy prolija y todas debidamente etiquetadas según su contenido.

En medio de ese cuadro, el Señor se da vuelta y me dice: “Está todo listo para la mudanza. Ahora todas tus cosas quedaron guardadas en un lugar seguro”. Con los años aprendí que la primera consecuencia de una mudanza es desprenderse de todas las cosas que ya no nos sirven, porque perdieron su utilidad práctica. En los últimos 25 años aprendí esta lección, porque me mudé infinidad de veces y en todas ellas tuve que deshacerme de una cantidad de cosas que no tenía sentido conservar conmigo.

Interpretación de la visión:
Cuando le pregunté al Señor el significado de esta visión, su respuesta fue: “Tomé solo lo valioso de tu vida y descarté las cosas que no te servirán en la próxima etapa. Las cosas valiosas están aseguradas y no se perdió ninguna de ellas porque Yo mismo me ocupé de preservarlas en un lugar seguro. ¡Yo Soy el único lugar seguro! Las cosas valiosas son las habilidades, los dones y los talentos que te entregué. Migrar hacia otra dimensión de autoridad demanda que aprendas a estar escondido en Mí. Cuando te establezca en la nueva dimensión de autoridad que te asigné, te devolveré todas las cosas que guardé. Esto desatará el caudal de gloria que mi Padre te asignó desde la eternidad”.

Romanos 8:29-30 dice: “Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó”.

Reconfigurando nuestras emociones
Todos nos hemos preguntado alguna vez ¿por qué atravesamos situaciones difíciles, si no le hacemos mal a nadie? La respuesta es simple: Todas las personas atraviesan situaciones difíciles en la vida, más allá que sean justas o no. Atravesamos situaciones injustas porque vivimos en un mundo gobernado por la injusticia de los hombres. Sin embargo, la manera como afrontamos las situaciones dolorosas de la vida, reflejará nuestro nivel de egoísmo. Es imposible saber hasta qué punto somos egoístas, sin atravesar por esos valles de dolor.

Muchas personas creen que por llorar a los gritos, tirarse de los pelos y reclamar la justicia del Cielo, su sufrimiento se acortará o recibirán una dosis de alivio sobrenatural. Nuestro llanto no impresiona a Dios, porque el Espíritu Santo no tiene trato con nuestra alma herida. La única salida para la sobredimensión del alma, es someterla a un proceso de quebrantamiento profundo. Todo desierto emocional busca demostrarnos la incapacidad de la mente natural para caminar en el Reino de Dios.

Este proceso persigue tres objetivos:
·     Identificar los nichos de nuestra mente que no responden al diseño divino

·     Remover los patrones de pensamiento contrarios al criterio de juicio de Dios

·     Abrazar la revelación de la mente de Cristo

Las circunstancias negativas o positivas de nuestra vida no tienen el poder para distraer al Espíritu Santo del objetivo final. Su soberanía absoluta se debe manifestar en todas las áreas de nuestra vida. Cuando a Jesús le informaron que Lázaro estaba muerto, no se inmutó porque esa circunstancia permitiría manifestar la gloria del Padre. Lázaro estaba en el lugar correcto y Jesús pudo discernir esto, más allá de los sentimientos que pudieran surgir desde sus emociones. Dios “aparta” a las personas y las sumerge dentro de una circunstancia “diseñada a la medida”. No saldrán de ella hasta que reflejen la medida del carácter de Cristo que espera el Padre. Dentro de la tumba, las habilidades de Lázaro quedaron anuladas.

La mente natural
Cuando operamos desde nuestra mente natural, dejamos a Dios fuera de la ecuación de las decisiones en nuestra vida. La mano de Dios y la mentalidad carnal son instancias excluyentes. Lázaro, como ocurre con cualquiera de nosotros, se encontraba inmerso en una circunstancia donde era incapaz de competir con Dios. El caso de Lázaro excedía los límites de su propia persona, ese proceso involucraba a toda su familia. Jesús vio que aún no era el tiempo de moverse hacia Betania, porque pudo discernir el plan de Dios.

¡Respira hondo y cierra los ojos!
Cuando era niño recuerdo que todos los años nuestros padres nos llevaban al vacunatorio municipal para aplicarnos las vacunas que exigía el esquema sanitario nacional. Mis primeras palabras siempre eran: “¿Me toca la vacuna de las tres rayitas, las dos gotitas en la lengua o me van a pinchar el brazo?”. Cualquier reclamo que intentara realizar, apelando a despertar la sensibilidad del corazón de la enfermera, se enfrentaba con una sentencia inapelable: “Puedes llorar todo lo que quieras, algún día entenderás que esto es por tu bien”. Sin más trámites, me vacunaban y luego salía de la sala llorando con el brazo dolorido…

Cuando crecí estudié medicina y pude ver el cumplimiento de esta especie de profecía que me entregaba la enfermera todos los años. Gracias a que ella no cedió a mis llantos y lamentos para tratar de manipular su decisión según mi comodidad, nunca padecí enfermedades serias a lo largo de mi infancia y mi adolescencia. Soportar el dolor de las vacunas me permitió desarrollar las defensas necesarias contra una cantidad de enfermedades infecciosas. Solo las personas maduras están en condiciones de discernir el objetivo del proceso, más allá del dolor o el nivel de complicaciones generados por las circunstancias. Dios solo responderá cuando aprendamos a ejercer nuestra fe desde la revelación de su diseño divino, nunca se moverá para “darles el gusto” a nuestros sentimientos almáticos.

Aprendiendo a sufrir
La conformación al carácter de Cristo en nuestra mente, siempre involucrará diferentes niveles de sufrimiento. El dolor que experimentamos durante el proceso de maduración del carácter de Cristo, es directamente proporcional a la resistencia de nuestra alma a ceder su espacio de dominio. Cuando vemos el objetivo del proceso de maduración, podremos darnos cuenta que el sufrimiento es solo un componente más con un tiempo acotado. Las tinieblas desplegarán sus estrategias de engaño para enfocarnos en el dolor y hacernos creer que Dios nos abandonó, nos desechó o se olvidó de nosotros.

Romanos 8:26-27 dice: “Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios”.

Conformados al diseño original
El objetivo de todo proceso de maduración es manifestar el carácter de Cristo en todas nuestras decisiones. Aunque esto parezca algo obvio, no podemos ejercer nuestro rango de gobierno siguiendo nuestros propios patrones de pensamiento. En el Reino solo se ejecuta la voluntad soberana del Rey. Dejamos de sufrir cuando podemos ver el nivel de gloria que manifestaremos al operar desde la mente de Cristo. Los sufrimientos son el colirio que usa el Espíritu Santo para abrir los ojos de nuestro entendimiento.

Hasta que nuestra capacidad natural de acción no se vea comprometida y anulada, no podremos desarrollar una convicción profunda sobre la calidad amorosa del corazón de Dios. En estos días me encontraba atravesando una circunstancia bien difícil en el plano natural que excedía mis recursos y habilidades para resolverla. Mientras intercedía en la madrugada por este asunto, el Espíritu Santo me entregó una visión donde veía a un hombre corpulento de unos treinta y cinco años que caminaba junto a un niño de unos cinco años de edad. Ambos estaban de espalda, pero pude ver que el niño tomaba con su mano el pulgar de la mano del hombre. Ambos caminaban tranquilos y conversaban sobre muchas cosas, siguiendo un sendero que cruzaba un parque lleno de flores.

¡No te sueltes de Mi mano!
El Señor me habló lo siguiente: “Así caminas conmigo. Yo soy el hombre y tú eres el niño. Mientras te mantengas aferrado con firmeza a mi mano, no tienes nada que temer porque Yo gobierno sobre todas las cosas”. En ese momento una paz sobrenatural inundó mi corazón y supe que el asunto ya estaba resuelto, solo era cuestión de días. Maduramos cuando eliminamos todo rastro de duda acerca de la buena intención de Dios a lo largo del proceso.

Fuimos predestinados para manifestar un nivel de gloria y esto solo ocurre cuando expresamos la mente de Cristo en todas nuestras decisiones. Esto es imposible sin determinarnos a salir de nuestra zona de comodidad, un ambiente caprichoso, diseñado por nuestra mente natural para vivir un estado de “eterna felicidad”.

¡Ánimo! Lo aliento a abrazar el proceso de madurez que el Padre ordenó para encausarlo en su diseño eterno. Hay un nivel de la gloria de Dios que sigue retenida en nuestro espíritu, esperando la oportunidad para expresarse en la sociedad que nos rodea.

Los amamos y bendecimos,


Prof. Bladimiro y Magui Wojtowicz 

2 comentarios:

Unknown dijo...

Gracias, por compartir este mensaje, me ayuda a aferrarme a mi padre , sobretodo en estos momentos tan difíciles por lo q atravesamos los venezolanos, se que él, nos tienes tomados de la mano, confio en Jesús, saludos a la profeta los extraños, bendiciones

Unknown dijo...

Mis Bellos Profetas. Gracis por dejar que Nuestro Padre sienpre les Use en gran manera. abrazo Grande de Laynerker y yo.