lunes, 11 de agosto de 2008



“En la Viña de Dios: ¡Él espera grandes frutos!”


Por Michael Tyrrell



Aliento profético
Dios “espera grandes frutos” para el Cuerpo de Cristo y ¡ya comenzaron a exprimirse!
Como nazareno de nacimiento, debo abstenerme de beber vino. Sin embargo, después de un viaje reciente obtuve una nueva apreciación para el vino y su fuente… la uva. Cada noche de nuestro viaje, mi esposa y yo cenábamos con nuestro amigo Marti, un experto en vinos. Rápidamente me di cuenta que hacer vino es extremadamente complejo.
Existen muchos factores importantes: el origen de la uva, el campo, la geografía, la poda de las vides, la luz adecuada y la cantidad correcta de lluvias; luego viene la cosecha. Las uvas se recogen cuando están perfectamente maduras y usted pensaría que están listas para usarse, pero no; ¡están listas para hacer jugo!
Eso es correcto, las aplastan y el líquido se introduce en botellas, les colocan un corcho y las sellan. Luego las dejan en la oscuridad, usualmente en una bodega de vino. A menudo este proceso toma años y luego, cuando el vino llega “a su edad”, está listo para ser usado. No hay atajos. Apurar el proceso crearía vinagre o un vino inferior.
Parece ser que el mismo proceso ocurre en la viña de Dios. Todos estamos experimentando alguna de estas condiciones:
1. La poda
2. El prensado
3. El aislamiento espléndido (en la bodega)
Aunque las tres son dolorosas, el período más difícil para mí ha sido el aislamiento espléndido. La razón por la cual es tan difícil es porque fuimos creados para tener comunión, como lo vemos en Isaías 65:8: “…Cuando alguien encuentra un buen racimo de uvas, dice: “No voy a dañarlo, porque todavía tiene jugo…”. Note que el texto dice racimo, no enclaustrado; fuimos creados para estar juntos en la viña.
La poda
Juan 15:1-4 dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí”.
Si Jesús es la vid verdadera y el Padre es el jardinero, es razonable que aquí haya una provisión amplia para una cosecha dulce. Aunque cada vez que veo “verdad” indica que no debe ser “falso”. Aquí vemos otra clave: Jesús menciona a su Padre como el jardinero de la vid verdadera. Su Padre corta cada rama en la vid verdadera (Jesús) que no lleva fruto. Sin embargo, también poda cada rama que lleva fruto. ¿Para qué? Para que pueda llevar más fruto.
Wow, los caminos de Dios no son los nuestros. Si tenemos una viña fructífera, debemos mantenerla limpia. ¡Dios poda para obtener el doble de fruto! ¿Esto no lo alienta? Esta estación se considera como causa de estragos desde nuestro punto de vista. Eso es porque malinterpretamos la poda como un castigo. Nada puede estar más alejado de la verdad. Así como “al hijo que ama, castiga”, si usted está siendo podado es porque lo considera fructífero. Escuche las palabras de uno de mis poemas favoritos:
Así como la viña, debemos ser podados para dar raíces
más profundas
A veces debemos ser podados para ayudarnos a crecer y llevar más fruto. Otras veces, nos parece que la poda toma demasiado tiempo. Bueno, veremos la sabiduría de Dios mientras crecemos en paciencia, sabiduría y fortaleza.
Ahora, antes de moverse, considere cómo podría ser una viña falsa y quien es su jardinero. El sistema del mundo puede ser una viña falsa. Se sostiene con vida, pero da un fruto amargo y temporal, cuyo jardinero es el hombre.
Génesis 3:17b-19 dice: “… ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás”.
Alabado sea Dios, no seguiremos viviendo bajo esta maldición o fuera de esa viña. Estamos en Él, habitando (viviendo) en la vid verdadera.
El prensado
Ya está bien con la poda, ahora examinemos el prensado. Isaías 53:10-12 dice: “Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y como él ofreció su vida en expiación, verá su descendencia y prolongará sus días, y llevará a cabo la voluntad del Señor. Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho; por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos. Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes, y repartirá el botín con los fuertes, porque derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los transgresores. Cargó con el pecado de muchos, e intercedió por los pecadores”.
El prensado siempre precede al envasado. Una vez más, la frase clave es: “El Señor quiso quebrantarlo”. No existen atajos en este proceso. Si está siendo quebrantado, es porque ya fue podado. Desde un punto de vista positivo, eso significa que fue escogido, tomado por el Padre y está a mitad de camino en su proceso. En los días de Jesús, al vino también se lo llamaba “la sangre de las uvas”. Como las uvas, no sabemos qué hay dentro de nosotros hasta que nos aplastan. ¿Seremos dulces o amargos? A Dios no le importan las uvas agrias… siga leyendo.
Isaías 5:1-4 dice: “Cantaré en nombre de mi amigo querido una canción dedicada a su viña. Mi amigo querido tenía una viña en una ladera fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con las mejores cepas. Edificó una torre en medio de ella y además preparó un lagar. Él esperaba que diera buenas uvas, pero acabó dando uvas agrias. Y ahora, hombres de Judá, habitantes de Jerusalén, juzguen entre mi viña y yo. ¿Qué más se podría hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Yo esperaba que diera buenas uvas; ¿por qué dio uvas agrias?”.
A veces nos volvemos amargos hacia el Señor porque nos sentimos ofendidos por Él. Pensamos que podemos ser como Cristo sin sufrir. Nos olvidamos de cargar nuestra cruz, morir a diario y rendir nuestra vida. Algunos de nosotros podemos llegar a ser tan irreverentes como para servirle vino de caja al Rey, una variedad barata y de baja calidad que toma las características de su envase.
En Mateo 27:33-34 vemos: “Llegaron a un lugar llamado Gólgota (que significa ‘Lugar de la Calavera’). Allí le dieron a Jesús vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, se negó a beberlo”. Recuerde, Jesús era de Nazaret (era un Nazareno), y no bebía vino o vinagre y la hiel era un poderoso analgésico. Rechazó ambos, tanto como Nazareno y como Salvador. Prefirió seguir sediento a quebrar sus votos en un momento de debilidad. Y tuvo que sentir todo el dolor de la Cruz, por eso rechazó la hiel.
Si nos permitimos ser amargos y rechazamos el sufrimiento como parte de nuestra herencia, le ofrecemos a Jesús la misma bebida. Hoy, muchos se alejaron de Él porque fueron ofendidos. Amados, si va a ser aplastado, eso significa que Él planea derramarlo y siempre reserva el mejor vino para el final. Escondido...
El aislamiento espléndido: La bodega de Dios
1 Pedro 3:4 dice: “Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios”. Estar escondido es solitario, humillante, atemorizante y esencial. Quizá sea de los 7000 que Dios le dijo a Elías que estaban escondidos en su mano o José escondido en el calabozo de la prisión. Quizá sea David, quien fue tomado desde las solitarias colinas de Judá, donde su única compañía eran las ovejas, para esconderlo de un rey loco y luego pasar a vivir en una cueva llamada Adulam hasta que estuvo listo para ser proclamado rey.
Desafortunadamente, mucha gente abandona en esta fase final del proceso. Como sucede con un buen vino, esto es parte del proceso que produce el carácter, el reposo y un buen bouquet (aroma). Humíllese ante los ojos del Señor y Él lo exaltará. Pero recuerde…lo opuesto también es cierto.
Amados, un vino sin carácter no vale nada; lo mismo sucede con la unción sin el carácter adecuado. Manténgase oculto hasta que venga por usted. No llegará ni un sólo minuto tarde. Dios está a punto de recoger su vendimia, la gente de Romanos 8, el remanente. Espera que usted lleve “mucho fruto”. Además guardó el mejor vino para el final, para que el mundo pueda decir: “Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian” (Salmo 34:8). El mundo está lleno de uvas amargas, ofrezcámosle la alternativa dulce.
Escrituras para meditar:
Isaías 65:8; Juan 15:1-4; Génesis 3:17b-19; Isaías 53:10-12; Isaías 5:1-4; Mateo 27:33, 34; 1 Pedro 3:4 y Romanos 8.
Michael Tyrrell

2 comentarios:

jhon dijo...

esta buena esa palabra, es necesario entender que debemos siempre rendirnos al señor, y que nacimos para llevar dar buen fruto. pero ¿el señor JESUS nunca bebio vino? pregunto como el transformo el agua en vino.

jhon dijo...

asi lo expreso el autor en el tema...